21 de mayo de 2022

+ Portugal

 

Según comenta el prólogo de este libro académico editado en el cambio de siglo, los autores Hipólito de la Torre y Josep Sánchez, españoles de origen, vienen a intentar cubrir con este volumen la falta de estudios históricos de origen español sobre la Historia de Portugal, algo que supongo que desde 2000 ya se habrá corregido, pero que en 2000 en sí ya dice mucho del escaso ojo que desde este lado de la raya ponemos en el principal país compañero de viaje ibérico en la Historia que tenemos.

Castillo y fortaleza en el Alentejo, con el Guadiana al fondo. Una de las muchas que jalonan el recorrido de la frontera entre Portugal y España

Esta fue la primera sorpresa. La segunda es que, en realidad, este tocho de 600 páginas, Portugal en la Edad Contemporánea (1807-2000). Historia y documentos, en realidad sólo tiene 200 páginas de autoría verdaderamente ejecutiva en lo literario. El resto, además de unas 20 páginas de notas, lo constituyen precisamente los documentos originales a que los autores hacen referencia en su trabajo de historiadores. No se trata además de facsímiles, sino de textos transcritos que mantienen el portugués original como idioma y que se prologan con breves explicaciones en castellano, pero que obviamente son una compilación de fuentes que, sin ser especialista, quiero pensar que tienen un valor relevante en lo histórico, pero sobre todo en lo metodológico y pedagógico. Dejar los documentos en portugués también es en sí una declaración de intenciones.

Playas del Atlántico

La siguiente sorpresa lo es menos: la convulsísima Historia de Portugal en los siglos XIX y XX es tremendamente parecida a la española del mismo tiempo, y a la par tiene una serie de puntos significativamente distintos que resultan imprescindibles para comprender las diferencias, también actuales, entre ambos países. Los autores, pienso que adecuadamente, no subrayan diferencias ni paralelismos, pero dada la importancia de España en decisiones que tomaba o podía tomar Portugal, para el lector español al que va dirigido el libro le resultan inevitables. Entre los paralelismos están la guerra civil (del siglo XIX) entre miembros de la familia real por el trono y cómo la incertidumbre del liberalismo les supuso a ambos perder parte importante de sus imperios. Las revoluciones constantes durante el XIX, y la instalación final de regímenes de alternancia/restauración resultan familiares. Entre las diferencias relevantes, el peso de Brasil -que se convirtió en imperio y refugio de parte de la familia real, pero tal vez sea mayor la alianza de Inglaterra con Portugal, que aún persiste legalmente, y que en ciertos momentos parece convertir a Portugal en un estado satélite, pero por otro le permite entrar en el reparto colonial de finales del XIX. En el siglo XX, en ambos casos la alternancia de poder termina traumáticamente con una dictadura, pero la de Salazar en realidad se parece más a la de Primo de Rivera prolongada que a la de Franco. La diferencia esencial del siglo XX -más allá de la participación nefasta de Portugal en la Primera Guerra Mundial- es la Guerra Civil española, lo cual conforma una dictadura distinta en Portugal, que incluso llega a ser estado fundador de la OTAN. Su represión no es tan brutal, pero por otro lado se empecina en mantener unas colonias con una terquedad inútil bajo el argumento de que sin las colonias Portugal perdería su esencia y sería invadida por España. Muy curiosamente, organiza elecciones periódicas siempre amañadas en las que a la oposición se le ocurre participar con ingenua buena voluntad, para acabar luego invariablemente perseguida por el régimen.

El esfuerzo militar fue también muy distinto en ambas dictaduras: el ejército portugués se desangró en guerras coloniales, la influencia de los demás ejércitos de la OTAN ayudó a cierta liberalización de sus ideas, y, finalmente, propició un golpe en realidad llevado adelante por cuadros intermedios en 1974, la Revolución de los Claveles. La figura del militar de ideología izquierdista, cuando no revolucionario, es impensable en España. En Portugal un militar, Ramalho Eanes, fue presidente electo de la República hasta 1986.


La Segunda República Española, dormida, saludada desde Grândola

La ágil lectura del libro, llena de acontecimientos, es intensísima. El poder de los autores para resumir manteniendo tensión y explicando con claridad elementos políticos, sociales y económicos es encomiable. También los detalles, que mencionan si tienen relevancia para detenerse en ellos y llena de detalles reveladores (esa industria pujante portuguesa a finales del XVIII, luego desaparecida, por ejemplo). El resultado es un fresco muy interesante de pulsiones históricas reflejo de los dos siglos retratados, que se lee con premura y mucho gusto, y en que la moderación y la sensatez en el juicio transmiten aplaudibles objetividad y ecuanimidad.

Hipólito de la Torre (vía) y Josep Sánchez (vía)



10 de mayo de 2022

De color rosa

 



Las novelas cortas que publica niños gratis* en su Colección Asterisco parecen tener rasgos comunes: un foco en personajes queer en sentido amplio, una narración basada en sus conflictos personales y sociales, y cierta audacia y ambición literaria por parte de los autores, que en general publican por primera vez un texto de estas dimensiones en la colección.


Power Ranger rosa y con falda

El Power Ranger rosa, escrita por Christo Casas, cumple varias de estas características, atreviéndose a contar en escasas 120 páginas de un formato además bastante pequeño la historia en primera persona de un chico gay que emigra a Berlín y narra tanto su vida allí como la de su abuela, que décadas antes también tuvo que trabajar en Alemania. A la narración de la estancia de ambos, cada uno en su tiempo, en aquel país, se suma la infancia del chico en un pueblo español, y una visita del ya hombre al pueblo para hablar y recoger el testimonio de su abuela, cuya historia ha decidido escribir. Pues bien, todas estas situaciones se van narrando en paralelo y entremezcladas, con precisión que evita la confusión, y con un ritmo de gran agilidad que dibuja literariamente los paralelismos entre diferentes ejes (intergeneracional, urbano-rural, de clase, y de orientación sexual), que abuela y nieto comparten en diferentes grados. Aunque vivamos tiempos en que la narración dramática parece huir de toda linealidad como si fuera veneno, lo cierto es que El Power Ranger rosa alcanza un importante virtuosismo en este reto, que además resuelve con frecuencia con paradojas humorísticas. Entre los diferentes ejes de la historia es obvio que el autor decide añadir una respetuosa emoción en la figura de la abuela, pero un matiz muy relevante está en la franca naturalidad con que presenta la empoderada vida sexual del protagonista, donde lo que serían apuntes transgresores o dramáticos modernos (las apps, las drogas, el sexo con hombres trans) se resuelve con una combinación de frescura y madurez francamente atractivas. Funcionan menos las consideraciones de clase, algo más tópicas, o la narración de la propia aventura de escribir el libro, que habría necesitado más espacio, cuando para esta duración de novela ya hay muchos elementos fuerza incorporados.

Pero a Christo Casas se le vislumbra un talento enorme sobre todo en la primera mitad del libro, un volumen que además es agilísimo y de un calor y ternura que es importante subrayar en tiempos de letras distópicas y nihilistas por doquier. No, esto no significa que sea un libro decididamente optimista o positivo, pero sí dotado de un humanismo próximo tal que dan ganas de dar achuchones tanto a los niños mariquitas insultados en los colegios durante sus infancias queer como a las señoras que emigran sin idiomas ni cultura para un progreso que un mundo cruel les niega.


 


 

 

 

27 de abril de 2022

Hacia una ejemplaridad pública (y IV)

 


Produce una cierta alegría terminar satisfactoriamente experiencias literarias de largo recorrido, como es el caso de la Tetralogía de la Ejemplaridad de Javier Gomá, que acaba con este volumen titulado Necesario pero imposible. Han sido tres años de cierto impacto e incluso tensión, dado que la obra tiene construcción de clímax narrativos, tanto dentro de cada volumen como en su generalidad. Pero, the deed is done, queda completar el comentario de una aventura que empezó con esta firma:

Una dedicatoria

 Al terminar la lectura de Ejemplaridad pública parecía lógico preguntarse por una metodología para pasar del molde de la ejemplaridad individual al de la ejemplaridad colectiva, con los riesgos y las restricciones que han explicado el repaso a la historia del pensamiento (Imitación y experiencia) y el estudio de las relaciones entre vida privada y vida pública en sus diferentes estadios que suponen Aquiles en el gineceo y Ejemplaridad pública. Nada indicaba cómo iba el autor a responder a esta demanda; Necesario pero imposible responde a ello, pero el título advierte (¡imposible!) que la respuesta puede ser frustrante, algo que en realidad el lector atento podía haber supuesto. Pero, ay amá, el viaje es apasionante.

 

Musas de Sicilia, elevemos un poco nuestro canto.
No a todos agradan las arboledas y los humildes tamarindos.
Si cantamos las selvas, sean las selvas dignas de un cónsul 
(Virgilio)

No sólo es el título; en las primeras páginas ya advierte el autor de que es el momento, tras mil páginas ya, de hablar de palabras mayores y hollar terrenos inseguros: la posteridad, a quien ya escribió la dedicatoria de uno de los volúmenes, es el objeto, pero no sólo con el sentido habitual. Se trata de superar la injusticia definitiva de la vida: la corrupción del ser, que sucede al final de la vida adulta, lo que ha venido mencionando como la definitiva victoria de la negatividad del larguísimo estado ético de la vida adulta. Esta negatividad vence incluso en aquellos casos en que el hombre ha tenido una vida bella y digna, que no siempre sucede pues no es raro que la vida sea dolor y sacrificio continuos sin que pueda uno luchar contra ello.

El libro comienza con las páginas más duras de filosofía de Gomá hasta el momento en la tetralogía. Un capítulo de severa ontología que se inicia con una frase que recuerda a Heidegger, y que se esfuerza en distinguir el ser de las cosas (los ejemplos impersonales, objeto de la ontología clásica) y el de las personas (ejemplos personales, objeto de la ética clásica). El análisis es necesario para llegar a la conclusión de que los ejemplos impersonales son categorizables, algo que es esencial para la Ciencia, ya que así las puede cuantificar, uniformizar, abstraer y predecir. Esto permite conquistar el mundo, y disfrutar de tecnología y bienestar físico. Sin embargo, los humanos no son categorizables porque su individualidad es única, y la Ciencia fracasa con frecuencia en su intento de predecirlos. Gomá dedica páginas hermosas al ejemplo de Sócrates como individuo de excepción para demostrarlo.

 

‘Muchos cambios y azares de todo género ocurren a lo largo de toda la vida, y es posible que el más pr óspero sufra grandes calamidades en su vejez, como se cuenta de Príamo en los poemas troyanos, y nadie considera feliz a quien ha sido víctima de tales percances y ha acabado miserablemente’
(Aristóteles)

Pero esta individualidad de cada persona no fue siempre tan evidente como lo es hoy. Es muy bonito (y en este caso nada severo) cómo Gomá describe las diferencias entre el antiguo Cosmos griego, cuando los dioses vivían entre nosotros, y las ideas cristianas que separan Cielo y Tierra (al César lo que es del César, a Dios lo que es de Dios), reflejando cómo el cristianismo encierra desde su inicio la idea de una secularización (y lo afirma Leonardo Boff en la fuente que usa Gomá), que de una manera u otra se va afirmando durante siglos con disputas enormes (la separación de poderes entre Iglesia y Estado es un reflejo, por ejemplo) hasta que llega el siglo XIX, cuando la individualidad romántica lleva a la negación aceptable de la existencia de Dios alguno. La persona se basta, la experiencia de vida es suficiente para que la vida sea completa, no hay cosmos ni cielo ni lugar donde una divinidad nos espere o nos convierta o nos subsuma. Claro que, si alguien piensa en la posteridad, tal y como es el planteamiento del libro, es lícito preguntarse si hay alguna esperanza de superación de la corrupción del final de la vida, y, sobre todo y como gran preocupación de Gomá, sobre cómo debe ser esa esperanza.

Gomá, que a pesar del tema que abraza en este volumen es un firme defensor de la contingencia, niega que nadie quiera que en realidad sea su alma la que se salve y viva eternamente. Postula que los hombres quieren y desean seguir viviendo en un cuerpo (decente a ser posible), y que los defensores de un alma inmortal y una eternidad se engañan, en parte por no saber qué piden, en parte por dejarse llevar. Confronta así con el Unamuno, con el que dialoga una buena cantidad de páginas, que exhibía un conflicto de aire similar entre la fe y la razón en su Del sentimiento trágico de la vida, pero que deseaba una inmortalidad mediante el alma. Gomá sin embargo habla de una mortalidad prorrogada, y, en el marco del estudio de la ejemplaridad, el concepto encuentra su encarnación no tan obvia en Jesús de Nazaret.

¿Pero cómo puede Gomá, un autor que ha sido puro raciocinio en las mil páginas anteriores, llegar hasta esta conclusión, se preguntará el lector, con lo que supone de contrario al pensamiento racional dominante y al materialismo actuales? Pues… A ver, con un enorme bagaje filosófico y teológico. Gomá (de nuevo recordemos el título) es consciente de que defiende un imposible, pero su defensa de la historia del cristianismo y de la figura de Jesús parte de un importante volumen de lecturas teológicas, cuyo destilado es apasionante y chocante para el mundo actual, probablemente porque es minoritario o porque ya no forma parte de las corrientes de pensamiento más implantadas. El pensamiento rompedor de Jesús para su era axial es esperable, también el conflicto del Dios compasivo pero pasivo, pero lo es menos la presentación de la ejemplaridad conflictiva del cristianismo por los teólogos de la liberación, o cómo Jesús es el primer paso para la propia eliminación de Dios (él dio el primer paso enviando a Dios a la esfera celeste y eliminó el animismo del pensamiento occidental) o el recordar la decepción de la parusía prometida que nunca llegó. Tampoco obvia a los pensadores anticristianos como Nietzsche (el cristianismo murió en la cruz) y, es demoledoramente defensor del ámbito privado de la esperanza con su distinción del Dios de la religión y del Dios de la esperanza, que es el encarnado en Jesús, que le interesa definir, que a fin de cuentas también considera un ser (que analiza, claro) y, por tanto, un ejemplo, en su caso un super-ejemplo…

‘Suponiendo , pues, que un hombre, conmovido, en parte, por lo débiles que son los tan ponderados argumentos especulativos [sobre la existencia de Dios], en parte también por alguna irregularidad que percibe en la naturaleza y en el mundo de los sentidos, se convenza de esta proposición: no hay Dios, sería, sin embargo, a sus propios ojos un hombre indigno, si por eso viniera a tener las leyes del deber por meras ilusiones sin valor que no le obligan y decidiera arrollarlas sin temor’ 
(Kant)

 No comparto -igual es más justo decir que no consigo convencerme- varios de los argumentos de Gomá en la definición del super-ejemplo de Jesús de Nazaret, pero es profundamente conmovedor su lenguaje en este punto, y alcanza un mayor sentimiento que el propio Unamuno al definir las características de su necesidad. Es consciente del imposible exigido, y diría que su descripción asume -diría que con algo de gozo- un carácter a veces defensivo, a veces ingenuo. Si todos los indicios marcan que Jesús de Nazaret era una personalidad no ordinaria, que inició un movimiento que resultó imparable para el mundo occidental a pesar de sus recursos ínfimos, y que los testimonios de la época le divinizan a pesar de todos los inconvenientes -y decepciones- que esto suponía, ¿por qué no serían posibles esos días de mortalidad prorrogada, por qué no creer -con la ingenuidad deseable pues no está a nuestro alcance salvo una intervención exterior-, con el objetivo de que sirva de ejemplo para recompensar la negatividad de la vida, aunque ninguna experiencia lo corrobore?

En las páginas más hermosas de Necesario pero imposible, Gomá recuerda a Dietrich Bonhoeffer, sacerdote ajusticiado por el nazismo apenas unos días antes del fin de la guerra, quien defendía el cristianismo arreligioso y la necesidad de seguir a Dios sin que Dios exista. El autor es en describir que una de las causas de que el individualismo romántico se haya desecho de Dios es que la religión, la forma oficial en que apela al individuo, nunca se adaptó a nuestra época (o lo intentó ya muy tarde), como sí hicieron otras disciplinas e instituciones. Comparar este argumento con el ejemplo que pide Bonhoeffer (que en su salto a la nada es auténtica angustia coherente y postromántica) hace pensar en que Dios pudo ser la escala de valores que llevara a, o apadrinara al menos, la Declaración de Derechos Humanos, una vez que el libro sagrado era ya el de la ciencia.


‘Nuestro acceso a la mayoría de edad nos lleva a un veraz reconocimiento de nuestra situación ante Dios. Dios nos hace saber que hemos de vivir como hombres que logran vivir sin Dios. El Dios que nos hace vivir en el mundo sin la hipótesis de trabajo Dios es el Dios ante el cual nos hallamos constantemente. Ante Dios y con Dios vivimos sin Dios. Dios, clavado en la cruz, permite que le echen del mundo. Dios es impotente y débil en el mundo, y precisamente sólo así está con nosotros y nos ayuda. Cristo no nos ayuda por su omnipotencia, sino por su debilidad y por sus sufrimientos’ 
(Dietrich Bonhoeffer)

La aproximación de Gomá al fenómeno inexplicable y super-deseado tiene este eje sentimental pero no olvida ni mucho menos la razón: se desliga de las religiones oficiales, fácilmente utilizables y manipuladoras para el control de los pueblos. No da el salto a interesarse en una espiritualidad laica (sospechablemente Comte no está entre sus filósofos preferidos), pero en ocasiones parece rondarla. El peso que tiene en su obra definir un ser (que es un ente, que es un ejemplo) lo impide, pero no se completa, creo, al dejar sin terminar la descripción del super-ejemplo una vez prorrogada su existencia: ¿cuándo termina su recorrido? ¿la mortalidad prorrogada se sometería a las leyes de la Ciencia, la biología y la fisiología, como sí hace el ser mientras su mortalidad es segura? Son preguntas materialistas, de una especulación ingrata, sí, probablemente innecesarias, que además carnalizan, hacen mundana, la posibilidad de la esperanza. Es obvio que Gomá está desilusionado filosóficamente con la Ciencia, aunque aplauda pragmáticamente sus resultados, pero la actitud escéptica del método científico confronta demasiado con la fuerza de la convicción ingenua o la voluntad de creer de algunos de los autores que menciona (Ernst Troeltsch o William James -sí, el hermano de Henry-) y que ya en el siglo XIX teorizaban contra el absolutismo científico. Esto es un oxímoron, porque un científico no se comporta como tal si actúa con ese tipo de arrogancia: al contrario, la Ciencia y su método son por definición humildes y su duda escéptica tampoco está alejada del interés puro (ingenuo) del conocer. 

‘Toda sociedad humana es en última instancia una congregación de hombres frente a la muerte. El poder de la religión depende, entonces, de la credibilidad de las consignas que ofrece a los hombres cuando están frente a la muerte, o, mejor dicho, cuando caminan, inevitablemente, hacia ella’ 

Así, Gomá estudia formas de inmortalidad que le ofrecen la tradición religiosa y filosófica (menciona expresamente la reviviscencia, la reencarnación o la transmigración de las almas como decepcionantes mortalidades renovadas, pero la discusión sobre la eternidad del alma y la resurrección cristiana están presentes) pero no es el objeto de su estudio especular sobre los avances de la Ciencia actual o reciente en el tema: la clonación, la creación de órganos, el revertimiento del envejecimiento celular, el posthumanismo cyborg, la robótica y la inteligencia artificial… Es comprensible que el método filosófico necesite más tiempo ante estas opciones, cuyo descarte en ocasiones en unos pocos años desconciertan al pensador que invierta en su análisis, pero resultaría apasionante ver a los estadios de vida de Kierkegaard estirar su razonamiento ante estos éxitos de una Ciencia que a veces parece inimaginable. Y no es sólo cómo afectaría esto a la dialéctica descriptiva de la vida que encierra la obra de Gomá, sino también a la definición del ser: pienso por ejemplo en la divulgación sobre microbiología que recoge Ed Yong en su obra, donde afirma que en nuestro ADN tenemos mucho genoma captado a virus y bacterias con los que hemos intercambiado material genético durante miles de años. Hoy que se usa con tanta alegría la metáfora del ADN para remarcar la identidad personal o empresarial, resulta irónico que con ello nos afirmemos en que también somos otras especies que lógicamente no tienen nuestras angustias y razonamientos, pero sin cuya participación no hay vida.

Para este lector Necesario pero imposible ha supuesto una conmoción, pues recupera lenguajes y argumentaciones que desde mi propia crisis personal juvenil no había pisado salvo excepcionalmente, como por ejemplo con Karen Armstrong, o con los poetas místicos, o la conversación entre Habermas y Ratzinger, los artículos aislados de Hans Küng (aquí mencionado entre varios teólogos de argumentación cuando menos interesante) y me ha hecho reflexionar en profundidad, ahora que con cierta edad compruebo a mi alrededor que la vuelta a las creencias religiosas no es extraña entre mis coetáneos -cosa que en el fondo es el tema de este libro-. Con Necesario pero Imposible se cierra además la Tetralogía sobre la Ejemplaridad con un recorrido que tiene todo el sentido: un libro inicial de marco conceptual y definición de la teoría, y tres libros que en realidad trazan una línea temporal por los tres estadios de la vida, el estético de Aquiles adolescente, el ético de la vida de los adultos frente a los problemas de la vida, y la imposible esperanza que no alcanzaremos, pero cuya belleza ilumina el camino para completar una vida digna. Su estupenda pirueta final es, de nuevo, obra de un narrador de primera: todo el tiempo hemos asistido a un viaje desde el animismo a la ciencia, pero al final echamos de menos el imposible, e intentamos que el raciocinio llegue a él. Evoca, en parte exige, que el viaje del mito al logos termine invocando a las musas, esas de Virgilio arriba mencionadas. La Tetralogía es una obra monumental, un libro de pensamiento maravillosamente descriptivo de la vida y que aspira a un mundo positivo y ético, pero además destila un interés narrativo y un profundo hálito poético, no sólo por sus múltiples referencias, sino por la belleza casi épica que encierra su lenguaje preciso, su intensidad razonadora, su convicción asentada en que este viaje desde la juventud a la madurez y a la preparación a la muerte requiere un determinado sentido del deber y la dignidad como sentimientos bellos y útiles para lo privado, y para lo público.

 

‘Si crees saber lo que es Dios, es que no es Dios. Nada de lo finito es infinito, ni divino, ni digno de adoración. Cuando la adoración a las realidades invisibles se proyecta sobre las visibles -personas o cosas- se incurre en idolatría. La secularización nos ha enseñado lo que no es ni puede ser Dios pretendiendo serlo y, previniéndonos así contra los ídolos, confina a Dios a su verdadero lugar, que es el de la conversión del corazón’

 

15 de abril de 2022

Salvador

 


Es sorprendente que Jubiabá, esta novela de excelente ejecución de Jorge Amado, fuera escrita por su autor con sólo 23 años, y que ni siquiera fuera su primera novela. Cuenta la vida de Antonio Balduino, un muchacho negro de las favelas de Salvador de Bahía que, huérfano, crece con su tía y se va ganando la vida como ladrón infantil, luego como pícaro profesional, pero también como boxeador, luchador de circo, y hasta trabajador de la industria del tabaco, para terminar como inesperado revolucionario comunista.

El Jubiabá del título es un hechicero de la barriada que cuida en la lejanía de Antonio (y de buena parte del vecindario) practicando el sincretismo, mediante rituales y reuniones con encarnaciones de los dioses, pero también visitando enfermos y haciendo favores a los pobres. Jubiabá, cuyo prestigio llega a poner nombre a la región (Bahía de Todos Os Santos y del Pai-do-Santo Jubiabá) ya es viejo cuando Antonio es chico, y lo sigue siendo cuando la novela termina dos décadas más tarde. Sorprende un tanto que dé título al volumen, dado su papel secundario. La importancia que le da el autor emanaría del respeto no sólo por la figura, sino por el propio candomblé, la religión del Pai-do-Santo, que, según Wikipedia, parece que el propio Amado practicaba. Pero es sospechable que se trata más bien de proyectar la fuerza de la historia en la imagen que Antonio acaba haciéndose del poder real del hechicero y su religión: pasar de la favela de infancia, donde todos los habitantes son negros, analfabetos, desempleados cuando no semiesclavizados, y donde la enseñanza de Jubiabá es ley, a las asambleas de trabajadores convocantes de huelgas, a los piquetes y a las negociaciones, donde sindicatos y abogados encauzan la rabia popular por las penosas condiciones de trabajo, es un viaje en una vida desde el animismo al materialismo, en el que incluso Antonio se da cuenta de que el viejo Jubiabá ya es incapaz de predecir ni conocer el mundo. Estamos en teoría en 1935, además, una década cruzada de ideologías.

Jorge Amado es el escritor brasileño más conocido del boom literario latinoamericano, probablemente. Pero cuesta reconocer la novela en esta corriente, aunque tenga lógicamente cercanías; su mundo místico queda separado del realismo, que más que mágico es histórico. Frente a la aceptación de una realidad estilizada en lo inabarcable e incomprensible del mundo latinoamericano, el Amado comunista presenta, primero bajo la aceptación y luego en la lucha, la pobreza y la desolación de los negros oprimidos del Brasil. No lo hace, de todos modos, en un tono miserabilista ni dialéctico, sino dibujando un fresco de emociones sobre la capacidad humana de alegría en las tradiciones de los orishas y demás dioses, el compañerismo, y el baile y el amor, interpretados eso sí por un pícaro de la vida, en general sentimental pero también orgulloso y celoso, que escucha a quien parece saber más o a quien le trata bien, y que a la par vive en un mundo de decisiones diarias lastradas de ignorancia y terquedad. Amado consigue transmitir esta sensación con el ritmo, de frases y escenas cortas, diálogos ágiles y directos, y una musicalidad sensual continua. Las reseñas sitúan el estilo en el modernismo, y es fácil intuirlo en la creación de atmósfera desde el pensamiento de Antonio y su devenir azaroso y literariamente juguetón, pero son relevantes tanto un aire social y reivindicativo planteado algo festivamente, como un lenguaje cercano, alejado de barroquismo de parte del boom y del cultismo del modernismo europeo (no digamos ya de Rubén Darío, desde luego). Hay, no obstante, sombras y aires de John Dos Passos, salvando las distancias de las diferentes sociedades, claro.

Pero Amado, del que Gabriela, clavo y canela está en las estanterías aún impoluto, era apenas un muchacho con aspecto de dandy al publicar Jubiabá, y evidentemente un talentazo, que merece regresar a él, sin duda.



6 de abril de 2022

Al populismo lo que es del populismo



Populismos latinoamericanos ha resultado una lectura interesante, por temática y el conocimiento intenso de su autor (el catedrático de Historia de América Carlos Malamud) a la par que irritante, por el escaso cuidado del trabajo de edición y por el propio tono indulgente, y por momentos arrogante, del mismo autor.

El libro estudia el fenómeno del populismo latinoamericano especialmente en la primera década del siglo XXI. Los países principales son Venezuela, Bolivia y Argentina, con algo de atención también a Ecuador y Nicaragua, Más superficialmente a Cuba (que es un caso diferente a todos), Paraguay, Colombia y Perú. Brasil y México se libran de la categoría de populistas -en aquel periodo-, pero son actores especialmente relevantes que en ocasiones tiene que estudiar; con menor relevancia aparecen Chile y Uruguay. No hay casi mención al resto. Pero todos estos países, repúblicas presidencialistas como son, disponen siempre de una figura fuerte del régimen, que, dependiendo de sus convicciones verdaderamente democráticas o su personalismo, pueden practicar políticas populistas desde el poder. El análisis de las causas y las características de estos gobiernos es la parte más interesante del libre, y donde es notorio el conocimiento del autor. Entre varios ejemplos:


Evo Morales (vía): ‘En Latinoamérica, donde hay una base militar de Estados Unidos, hay golpes militares’, 2009

Malamud considera que los populismos latinoamericanos de inicio del siglo son en parte una combinación de regímenes históricamente muy presidencialistas, sin contrapesos establecidos con firmeza constitucional al poder del presidente, donde los partidos tradicionales se han desmoronado, y donde en la mitad del siglo XX se produjo una falta de resolución del fascismo político, que redundó en una afortunada paz en años en que el resto del mundo vivía una guerra sangrienta, pero que fraguó muy especialmente en el liderazgo increíblemente mediático de un líder de un país cuya perseverancia dejó impronta en una manera de ejercicio del poder: Juan Domingo Perón. Malamud profundiza en las características del régimen peronista, y muestra con amplitud cómo líderes actuales le citan y admiran, a pesar de que el peronismo parezca alejado del populismo latinoamericano actual, que está escorado a la izquierda. Pero Perón ya encarna varias de las particularidades de los líderes recientes y que definen el populismo para el autor: la búsqueda permanente de enemigos exteriores y de conspiraciones, el nacionalismo exacerbado, el uso interesado de la historia y la religión, y los esperables antiimperialismo y anticolonialismo sacados de contexto. Se admiten matices (Evo Morales por ejemplo apela al animismo y no al cristianismo), y las décadas han traído variaciones de interés como el socialismo del siglo XXI, el uso dudoso de un indigenismo monolítico, y la demonización de la globalización a pesar del aprovechamiento de muchos de sus beneficios por gobiernos y economías.

Hugo Chávez (vía): ‘El verdadero autor de esta liberación, líder auténtico de esta rebelión, es el general Simón Bolívar. Él, con su verbo incendiario, nos ha alumbrado la ruta’, 1992

Malamud describe un punto de especial interés y diferenciación de estos líderes: predican la revolución desde el poder, pero éste no se basa en una legitimidad revolucionaria, sino democrática; en realidad, todos (excepto Castro) acceden al poder mediante la victoria en unas elecciones y, para perpetuarse en el mismo, necesitan repetirlas, en ocasiones reformando y retorciendo la constitución del país para permitir reelecciones no consideradas, presionando o alterando los poderes legislativo o judicial a su antojo, o subrayando de continuo los valores de la democracia exclusivamente directa que establece el líder con el pueblo sin pasar por organismos intermedios, usando para ello una política torticera de medios de comunicación con hasta, en ocasiones, un programa propio de televisión. Añade también el autor las principales mentiras que practica este populismo de principios de siglo: achacar los males a la CIA (cuando es notorio el desinterés de las administraciones Bush y Obama por Latinoamérica), la negación de la discriminación entre indígenas en aquellos países donde gobierna un líder indígena, la manipulación de la historia para convertir a Bolívar (por ejemplo) en un pionero socialista, y la falta de una vocación de organizar instituciones internacionales prácticas y operativas en la región, aunque retóricamente proclamen de continuo lo contrario.

Cristina Fernández (vía): ‘hay un vicepresidente que hace cualquier cosa para ser presidente. No quiere esperar al 2011 y creo que quiere ser presidente antes del 2011. Esto nunca se vio en la historia del país ni en ninguna parte’, 2010

Todo este caudal de conceptos parece indudablemente el resultado de muchos años de estudio y conocimiento de la zona, y viene acompañado (aunque sin bibliografía detallada) de centenares de discursos y apariciones públicas de los líderes principales de los países implicados y de datos económicos y sociales del continente que con frecuencia desmontan las palabras de los mandatarios.

Pero, ¿por qué es un libro irritante?

Malamud escribe este libro enfadado, gustoso de responder personalmente a los desmanes antidemocráticos de estos líderes, haciéndolo con frecuencia con juicios morales directos e indirectos, utilizando una literatura confrontativa en lugar de científica, como corresponde, entiendo, al historiador de carrera. Este reproche continuo tiene un culmen irónico al llegar al capítulo en que analiza las falsedades ideológicas cometidas con la manipulación de la Historia, a la que dice entonces preservar de modos y métodos indignos, como si no tuviera mejor forma de hacerlo que proclamar con vanidad unos valores que su redacción no practica. Por otro lado, el libro adolece de edición: son numerosas las veces en que se repiten hechos y declaraciones de los políticos protagonistas, y en los que el juicio de Malamud también se repite, dando la sensación de que no se ha realizado un repaso sistemático del conjunto del volumen ni cuando se escribía ni una vez terminado, y de que el libro está interesado en repetir conceptos y discursos de manera obsesiva.

Lo peculiar del caso de estos dos primeros puntos es lo bien que encaja con la propia sistemática política que denuncia: se trata más de una respuesta emocional que de un tratado o estudio, y, al final, es irónicamente víctima, como dice el subtítulo del libro, de ‘Los tópicos de ayer, de hoy y de siempre’: la retórica, el paternalismo, determinadas explicaciones simples, el uso gratuito de epítetos… ¡Qué necesidad!

Al escribir de temas políticos es más difícil para un autor librarse de sus ideas propias, y no es fácil repetir la ecuanimidad de Salvador Giner o la moderación de Daniel Innerarity. ¿Malamud habría escrito este libro enfrentado a populismos con discursos asociados al conservadurismo tradicional? Hoy, diez años más tarde de la publicación del libro, habría sido imposible obviarlos: Jair Bolsonaro en Brasil o el paso de Jeanine Áñez en Bolivia, incluso Donald Trump en EE.UU., lo impediría. Inteligente o interesadamente, Malamud en la práctica esquiva hablar de Álvaro Uribe reformando su Constitución para su propia reelección y obvia las dictaduras en su estudio (no son el objeto ni el momento de investigación, aunque la presencia de Cuba es relevante por su relación con los líderes populistas sí estudiados de Venezuela, Bolivia o Argentina). ¿Es lícito dudar de que hubiera escrito ahora este libro sin modificar el foco? La crítica parece fluir de manera natural con una ideología determinada, un flujo que en un tema tan amplio en lo geográfico y lo temporal, apenas encuentra alivio muy moderado y no tan subrayado en el peronismo primordial, en el primer kirschnerismo, o en un Lula que sí está asentado en un partido político de carácter tradicional reconocible.

Artículo en El Correo del 4 de febrero de 2022


Es una pena, pero, no obstante… Malamud sigue publicando artículos y siendo un agente analista activo sobre Latinoamérica. En
uno reciente (del 4 de febrero) publicado en El Correo a raíz de las recientes exigencias de diferentes matices a España por el pasado colonial por parte de México y Venezuela, incluye una mención sobre el discurso del Rey en Puerto Rico por el quinto centenario de la fundación de la capital, que, leída justo tras terminar el libro comentado, no dejó de sorprenderme con su apelación o reconocimiento del ‘rostro poliédrico de la conquista’, en un medio en el que el lenguaje político suele ser más fuerte que en un libro académico, y mostrando cierta variación cuando menos en el tono, ¿tal vez en el análisis?

Carlos Malamud (vía)


 

 

 

 

23 de marzo de 2022

Escoja usted felicidad

 


Zoriontsuak izatea aukeratu genuen (Escogimos ser felices) es un libro de relatos breves de Mikel Ayllon que versan acerca de cómo la incomunicación humana y la incapacidad para entenderse nos lleva a decisiones equivocadas. Ayllon, joven escritor vasco con varios premios a sus espaldas, no parte de personajes desesperados, hundidos o sin solución aparente, sino, al contrario, activos y hasta ilusionados, que quieren cambiar su situación, que en general les produce hastío o desafección, y atreverse con una esperanza de cambio, apostando en general con cierto riesgo que no suelen calibrar bien; o, mejor dicho, el autor gusta de mostrar más lo potenciales peligros hechos realidad que los beneficios esperados, esto es, la potencial y anhelada felicidad. Los relatos no tienen relación entre sí, pero los títulos sí lo hacen, con el último cerrando el título del primero y asentando ‘escogimos ser felices y no normales’ para una última línea de emoción queer y una lectura más profunda sobre lo asentado y burgués de las elecciones vitales.

Ayllon tiene un aliento formalista: los relatos están invariablemente protagonizados por jóvenes, hay una presencia continuada que no parece baladí de perros en la vida de varios de ellos -la mayor parábola en esto es el relato ambientado en una familia que regenta un refugio-, y está especialmente conseguido, siendo arriesgado, el uso de historias paralelas tanto entre relatos como en varios de ellos. Pero sin embargo es evasivo en el planteamiento de los conflictos de cada relato, en los que el esclarecimiento de la realidad se demora poco a poco entre diálogos austeros cuando no secos, y situaciones que acentúan la imposición de la soledad. Apenas hay salida a la falta de entendimiento y conocimiento vital que muestran los personajes en sus relaciones o en su devenir vital, pero, a pesar de ser un conjunto un tanto taciturno, parece que el autor al menos se fascina algo ante un ser humano que persevera tanto, tal vez al modo de un Sísifo, en intenciones y en errores.


Mikel Ayllon, fotografía de Izaskun Angulo


13 de marzo de 2022

Un poco de XIX es mucho

 


Mi historiador preferido me regaló este libro de Daniel Aquillué, Armas y votos, subtitulado Politización y conflictividad política en España, 1833-1843, para que echara un ojo más detallado al siglo XIX español tras lecturas recientes como el generalista El siglo de las revoluciones en España, y el específico en el análisis Tres maneras de entender el federalismo.

Isabel II se convierte en reina con tres años de edad, al morir su padre en 1833

 Aquillué es un joven historiador apasionado del siglo XIX y un divulgador entusiasta (en ocasiones muy divertido) del mismo en sus libros y en su cuenta de Twitter. Este volumen es una publicación de su tesis doctoral. Su pasión inicia el libro con una reivindicación de un siglo tantas veces ninguneado frente al reciente, convulso e hipernarrado siglo XX, cuyos acontecimientos nacionales y globales paralizan el recuerdo de un siglo en el que no sólo se forjaban las ideologías y tendencias sociales que (evolucionadas) aún imperan hoy en el gobierno de la sociedad, sino que durante el mismo la historia entendida como conflicto fue un continuo: el siglo XIX europeo parece un carrusel de acontecimientos ineludibles que inunda calendarios y callejeros.

María Cristina de Borbón, madre de Isabel II, ejerce la regencia del reino hasta 1840

Aquillué tiene el buen gusto de fijar su mirada en un foco algo desplazado: la construcción de esa historia política mediante la participación de las clases más populares, estudiando cómo las revoluciones, guerras y tendencias políticas no solo afectaban, sino que crecían y se desarrollaban en lo local y en la periferia. Aunque hay detalles de cotidianeidad como por ejemplo las cuestiones de vestimenta y su precio, no se trata de un retrato de la vida popular durante aquellos años convulsos de 1833 a 1843 (una guerra civil, el final de un reinado y de dos regencias, una revolución y constantes conflictos locales), sino de mostrar las motivaciones políticas y las razones para los conflictos que se producían. Aquillué prefiere explicar más los detalles de los hechos sucedidos en las juntas locales y en las elecciones municipales de pueblos levantiscos, que los de la corte y sus políticas; éstas están apuntadas, claro, pero no como desencadenante único, sino que en ocasiones dichas políticas también son consecuencia y/o se combinan con la pulsión del vulgo.

Ramón Cabrera, el Tigre del Maestrazgo, líder de las tropas carlistas en Aragón

Uno de los objetos principales de estudio del libro es la lucha dentro del bando liberal entre moderados y progresistas, y cómo esta se dio no sólo por esta disputa política concreta sino como reflejo añadido a otros conflictos en el país, hasta el punto de incluir el libro un anexo fascinante sobre el tipo de conflictos que estallaron entre 1834 y 1843 en los pueblos de (sólo) la provincia de Zaragoza, que incluye fraudes en elecciones, conflictos con eclesiásticos, con carlistas, con otro pueblo, entre ganaderos y agricultores, motines de la milicia, y entre contrarios y partidarios de Espartero. Dos ciudades, Zaragoza y Málaga, son los principales lugares de actividad y disputa permanentes, con Valencia, Barcelona y Madrid también presentes. El conflicto es siempre violentísimo verbalmente (los ejemplos contra los carlistas son vehementes cuando menos) y físicamente, como era de esperar. El autor lo analiza en términos también psicológicos: la descuartización literal del líder enemigo apuntando a la deslegitimización del poder establecido mediante una desaparición física literal. También entra en analizar el carácter anticlerical del liberalismo progresista, que asocia a una selección de conventos y monasterios específicos a destruir según las simpatías absolutistas de sus residentes, más que a una violencia generalista sin filtro. Y la apuesta digamos que política por explicar los conflictos locales incluso en pequeños pueblos, da protagonismo a caciques y revolucionarios locales olvidados por la Historia pero recogidos en los documentos, muestra con eficacia la expansión de la violencia y el peligro de la permisividad de las autoridades hacia la misma cuando ésta les convenía a corto plazo. Reconozco que son páginas que acaban pesando en mi lectura, pero también que me salta lagrimilla cuando se llega a la batalla de Luchana y al prestigio de Espartero por su triunfo en la liberación de Bilbao, y de repente se entiende el valor de que a uno le mienten el terruño como protagonista histórico fuera de las archidichosas Madrid y Barcelona.

Baldomero Espartero

El volumen termina con un capítulo dedicado a Baldomero Espartero, nuestra figura -dicen- más parecida a un Napoléon, el hombre que pudo reinar pero que al menos fue regente, que pagaba con las rentas de su acaudalada mujer los salarios de sus soldados, que pasó de héroe liberador del carlismo a traidor represor y bombardeador de Barcelona, y que perdió su calle en Bilbao mientras Zumalacarregi conserva la suya. Aquillué presenta un retrato desmitificador, incluyendo también sus logros políticos y organizativos, que fueron mayores de lo habitualmente aceptados en el imaginario, y con él prácticamente cierra el libro, con una cierta contradicción al espíritu general del mismo, al presentar a una figura histórica de primer orden, aunque sin duda fue el gran protagonista nacional de la década.

Armas y votos es un texto documentadísimo, y su lectura es ágil. Contiene mapas y figuras originales bien trabajadas, y un anecdotario rico y peculiar, que revela gusto y pericia narrativa. ¿Es un texto que nos mira e interpela? Creo que sí, por supuesto, que hace 200 años éramos un país en llamas, pero que esos fuegos duraron mucho y que aún dan algunos humos, que a Aquillué no le hace falta subrayar, porque el valor de la Historia estudiada en el volumen habla por sí solo.

 

Daniel Aquillué en una foto de su cuenta de Twitter.


27 de febrero de 2022

Narrativa cuántica


Conociendo la figura de Claudio Magris pero no habiendo leído nada de él, tras empezar por Tiempo curvo en Krems, su última y aparentemente testamentaria publicación, me aventuro a decir que he estado obviando a un literato fantástico. Tiempo curvo en Krems, título hipnótico y evocador que recuerda -no sólo ahí- a Bioy Casares, son cinco relatos cortos que juntos apenas llegan a cien páginas, y que narran cinco experiencias de hombres muy mayores que miran o se ven obligados a mirar a su pasado, en el que cosecharon éxitos determinados, cuyo recuerdo se entrelaza con su propia mirada actual, con la fragilidad de la memoria atrofiada, y la añoranza no ya de una juventud, sino de un entendimiento distinto. Lo impactante es la conjunción de miradas con las dobles (o más) referencias temporales, y la indeterminación de la realidad a la que llega, que alcanza su extremo en su episodio central, al que da título el libro, usando lo que me atrevería a llamar narrativa cuántica. Todo ello con densidad emocional e intelectual entrelazadas en un juego de comprensión cósmica de la condición del humano ante la pérdida de las referencias, que sin embargo deviene en una clarividencia que genera un impacto abrumador en el lector.

No es que cada experiencia de cada relato sea especialmente innovadora: el hombre que se emplea como portero en la empresa que antes le pertenecía, el que asiste a un rodaje en que un joven actor interpreta al hombre que fue hace décadas, el que visita a un antiguo alumno de violín que le admira, son todas tramas de cierto carácter tópico que en un desarrollo más académico pueden caer fácilmente en lo excesivamente sensible. Pero Magris mantiene a sus personajes al borde de ese precipicio mediante un particular tejido de miradas a, e intereses de, una y otra época de la vida. Y curiosamente alcanza así una emoción que diría racional, sorprendente y contradictoria, e hija de una inteligencia brillante que sabe usar todos los mecanismos literarios posibles al servicio de la contención. Magris ha publicado este libro a los ochenta años de edad, lógicamente es imposible leerlo sin que el lector proyecte que mira o reinventa sus vidas pasadas con la libertad de quien sabe que todas las cartas ya han sido repartidas.

En fin, este libro es una joya inesperada y su gloriosa y afilada brevedad exige que una pluma vulgar no se extienda más.

Claudio Magris (vía)

17 de febrero de 2022

Claveles siempre

 


Fernando Rosas y Francisco Louça son los autores de las diferentes partes de este pequeño volumen, La (pen)última revolución de Europa, subtitulado luego De la Revolución de los Claveles a la contrarrevolución liberal, centrado obviamente en la revolución portuguesa de 1974 y sus años posteriores. Louça y Rosas son dirigentes (Louça figura entre los fundadores) del Bloco de Esquerda, una formación política de izquierda a la que con cierta alegría se le suele explicar como el Podemos portugués, pero que goza de una historia más larga (desde 1999) y que además se diferencia claramente del Partido Comunista Portugués (PCP), formación comunista superviviente de mayor arraigo en toda Europa.

Tenemos mitificada mundialmente, y España no es una excepción, la Revolución de los Claveles. Ejecutada por los estamentos militares de grado medio, que además no tomaron el poder como en un golpe de estado al uso, y pacífica en gran parte, la devoción por la Revolución empieza en el mismo Portugal, como explican los autores, como momento fundacional del estado democrático actual en que todos los actores sociopolíticos pueden mirarse, incluidos los que actuaron como principales protagonistas en su momento.


Para el lego en política portuguesa, algo desgraciadamente tan frecuente en nuestro país, el libro desvela el vacío de poder creado por el 25 de abril y los diversos movimientos de militares, políticos y sociales que pugnaron durante varios meses por revisar o imponer un nuevo sistema, que para los revolucionarios de pro alcanza un gran éxito con la nacionalización de la banca y la revolución agraria, que existieron. Pero en las dinámicas del momento, y por resumir un período  revolucionario que como tal y casi por definición se caracteriza por una profusión de acontecimientos y fechas, la convocatoria de elecciones libres tras los intentos de contrarrevolución acabó suponiendo la domesticación del momento revolucionario, que no encontró confianza en el pueblo, que se la otorgó mayoritariamente al Partido Socialista (PS) en lugar de al PCP. Para los autores, el PS no era sino un instrumento del sistema que llevaría a Portugal a la CEE y de retorno al neoliberalismo económico europeo e imperante. El libro, escrito en 2016, encuentra su demostración definitiva de ello en la crisis financiera de 2008, hasta la que se extiende en su análisis histórico, realizado además con visión marxista canónica: las luchas de estamentos y económicas de clase son el principal, casi único, argumento, y con esta dialéctica histórica incluida. La contraposición entre la legitimidad revolucionaria conseguida en 1974, y la legitimidad democrática que dan las elecciones de 1976 es uno de esos momentos en que el análisis marxista puro revela sus contradicciones ‘en favor del pueblo’, aparentemente engañado por la socialdemocracia para caer en un neoliberalismo que desbarata el estado y a la vez lo convierte en autoritario. Al leerlo, pareciera que equiparían al PS con Donald Trump.

La (pen)última revolución de Europa me ha parecido un libro combativo y a la vez agotador en su insistencia analítica, un poco por incapacidad de abrir el campo de estudio a los factores que rodean y pueden superar lo económico; es también una explicación sucinta de por qué la izquierda portuguesa justifica una cierta dejadez en perseguir los objetivos de un movimiento que conseguía hitos más por inacción del rival que por ejercer una política incisiva. La visión sobre la complejidad de la acción del momento por parte del PCP es íntima y reveladora, de mucha clarividencia para los actores políticos de izquierda. Ahí, en esa exposición, veo el mayor valor de un libro, en que además inevitablemente un lector español encuentra continuos paralelismos y diferencias con la transición española. Tan iguales y diferentes ambos procesos como los dos países ibéricos en sí, en realidad.