11 de junio de 2024

Hay que ordenar la casa

 


Tienes la casa bien dispuesta, a tu gusto. Has decorado, amueblado, ornado y dispuesto los muebles, los objetos queridos, los lugares que necesitan más luz, aquellos dedicados a dormir, cocinar, comer. No estás insatisfecho, y aun así... A veces traes a casa entes nuevos. Encajan bien pero tal vez la armonía no es total. Puede además que algún mueble necesite un retoque; que haya que cambiar cortinas, incluso que... Mira, una disposición distinta de los muebles, un movimiento completo, un desplazamiento aparente para que cada elemento nuevo se asiente mejor y... Ves el resultado, piensas, te preguntas, ¿por qué no lo habré hecho antes?

Desde que leí Imitación y experiencia, el primer volumen de la Tetralogía de la ejemplaridad, tengo la sensación de ‘conocer la casa’ de Javier Gomá. He leído los cuatro libros de la tetralogía (los he comentado aquí, pero también en artículos que fueron publicados en Claves de Razón Práctica y la Revista de Occidente), la trilogía teatral (Un hombre de cincuenta años), infinidad de artículos y hasta he visto muchos vídeos de su canal de YouTube. Así que los elementos de la casa de Universal concreto no podían sorprenderme, sabiendo como anunciaba la información del libro que este era un compendio de su pensamiento, y nada hacía sospechar en escritos o intervenciones recientes del autor que fuera a contradecir su filosofía anterior. Pero la disposición es otra cosa. La casa tiene ahora una armonía nueva, un acoger más preciso, diría incluso que más gozoso.

Universal concreto tiene un subtítulo de relevancia: Método, ontología, pragmática y poética de la ejemplaridad. Aun tratándose de 250 páginas en vez de las 1.500 de la tetralogía, es clara la ambición filosófica del autor, usando un cuarteto de términos que en su listar recuerdan a varios autores clásicos que también describieron el mundo de acuerdo a su pensamiento. Esta es la principal diferencia de disposición de la casa que se observa, al menos en comparación con la tetralogía: la estructura literaria que Gomá. Mientras la tetralogía es un relato de inspiración narrativa que hace uso de la historia del pensamiento occidental para, aplicándolo a la imitación, acabar desarrollando la teoría de la ejemplaridad de los prototipos personales (concretos) de validez general (universales), esta historia es sustituida en Universal concreto por otra estrategia más descriptiva: las conclusiones de la tetralogía son aquí la hipótesis de partida, y el libro analiza minuciosamente todos los elementos que la componen (esa anunciada descripción del mundo), armonizando en ese trabajo todo el pensamiento anterior expresado por Gomá en sus anteriores libros, artículos y conferencias, reduciendo sus páginas a una esencialidad radical e incluyendo equilibradamente lo que parecían elementos colaterales o incluso sueltos de su literatura en el libro. La tarea ha debido ser inmensa.

Pero... ¡cómo ha quedado la casa!

Intentaré describirla con brevedad: para la ejemplaridad, el ser es 'ejemplo', y lo que debe hacer el ser en el mundo es ser ejemplar, o, más precisamente, buscar la ejemplaridad. Además, existe todo un mundo estético donde exponer y extraer representaciones del ‘ejemplo’ (y, por añadidura, entretenerse). Hay un devenir de la filosofía que impidió a la ejemplaridad desarrollar su entramado filosófico debido a la capacidad de abstracción del lenguaje, para el que lo 'concreto' (que es esencial en la ejemplaridad) no revestía importancia. Este criterio se impuso durante dos milenios.  En su réplica, que es su obra, Gomá reivindica viajar de lo abstracto a lo concreto con una filosofía mundana (se escribe desde el mundo, sobre el mundo, y para el mundo) y sistemática; de ahí que deriven de ella una ontología, una pragmática y una poética, que desarrollan cada una de las partes de la filosofía que he intentado resumir en las dos frases simples al inicio de este párrafo.

Ontología

Que el ser sea ejemplo (o no sea) es probablemente una idea difícil de entender. El 'universal concreto del ejemplo', por precisar. Figuraba como conclusión en la tetralogía, denominando prototipo al ejemplo, pero aquí adquiere gran prevalencia. Para Gomá, la imitación de un ideal de ejemplaridad (en el fondo una ética práctica sobre cómo comportarse) es la 'única puerta de acceso a la verdad', y la verdad es aquello que busca la ontología: acceder al conocimiento del ser. Ontología y pragmática son pues inseparables: 'el actuar moral se hace con vistas a un ser, y el ser señala un hacer, en el cual haya un cumplimiento'.  Este 'del logos al ethos’ reformula el habitual 'somos lo que hacemos', y sucede casi milagrosamente en la página 78 del libro, porque en treinta páginas anteriores Gomá ha recogido las ideas desarrolladas en Imitación y experiencia (600 páginas) con una precisión implacable, distinguiendo los momentos 'universal abstracto' (del lenguaje) y 'universal concreto’ (del ejemplo) en el devenir del pensamiento occidental, y proponiendo los giros subjetivo del yo y lingüístico de la cultura de los siglos XVIII y XX como factores explicativos de la deriva de la visión del universo desde un cosmos ideal a la subjetividad romántica y finalmente el yo individual diverso. El reconocimiento explícito de esta diferenciación en la posmodernidad está más marcado que en la tetralogía: Gomá lo atribuye a la implosión que ha supuesto en el individuo el reconocimiento del lenguaje natural como herramienta propia de empoderamiento, y aquí entreveo un reconocimiento de la capacidad de los ‘neolenguajes’ de la diversidad que emplea toda una generación con Paul B. Preciado a la cabeza.

También es novedoso el subrayado de la penetración del estado estético de la vida en el ético, que no era tan profundo en Aquiles en el gineceo, donde más bien se reflejaba como un mal de los tiempos. Recordemos que Gomá utiliza los dos primeros estadios del camino de vital de Kierkegaard para hacer recorrer el tiempo de la vida al ser, esto es: el estadio estético (adolescente, artístico, de ideales inquebrantables), y el estadio ético (maduro, con responsabilidades cotidianas en que llevar adelante una casa y un oficio, que es larguísimo y lleno de negatividades).  En la tetralogía el abandono del estadio estético era en la práctica una necesidad (Aquiles abandonaba el gineceo y asumía sus obligaciones) para poder buscar el ideal de ejemplaridad. Probablemente esta idea implicaba demasiada resignación, y en Universal concreto hay una conclusión para mí más gozosa: la admisión diáfana y sin reproche de lo estético como 'concreto', como unas brasas remanentes que hacen que el individuo 'siga queriéndolo todo a su manera', a pesar de habitar y cumplir con las obligaciones del estadio ético. La conciliación de ambos momentos en el conjunto de la experiencia de la vida hacia el individuo experimentado, le somete a tensión creadora entre el ‘universal’ ético y el ‘concreto’ estético. Permite por ejemplo que las musas arrebaten al escritor, y que el éste cumpla con su oficio. No solo me parece gozoso, sino más ajustado a la realidad de la vida diversa (liberada, se diría en lenguaje natural actual), y, además, desactiva una crítica potencial al hecho de que Gomá obvie en su metodología la analítica de la deconstrucción que la figura problemática de Aquiles (como ejemplo total) supone en su dimensión completa.

Los estadios son el mecanismo por el que Gomá ha 'movido' en el tiempo a su 'ejemplo', el ser personal. Pero en la experiencia humana el tiempo es finito, y esta finitud, ante la que Gomá se revelaba en Necesario pero imposible, y que siempre vio como injusta, da lugar a la idea de esperanza, de ‘ser' después del ente, de transferir a un objeto exterior no corrompible su esencia y así combatir el despojo del cadáver que espera a cada ser. Confieso que siendo para mí (persona de ciencias, a fin de cuentas) la parte menos apuntalada de la tetralogía, también me resultaba la más vívida. En Universal concreto creo que se trata de uno de los capítulos que añaden más argumentación y construcción, incluyendo aquí más resumidamente las ideas de Necesario pero imposible, y añadiendo las de ensayos como La imagen de tu vida y Dignidad (que reconozco no haber leído, pero sí he escuchado en charlas el núcleo de sus conceptos), además del monólogo Inconsolable. Todo ello subraya la importancia del capítulo para el autor. Así, la acientífica mortalidad prorrogada, protagonista casi única de la esperanza en Necesario pero imposible, que se basaba además en los indicios del 'superejemplo ' Jesús de Nazaret, se acompaña esta vez del concepto de ‘dignidad’ como paradigma de vida del ser moderno frente a una felicidad inasumible a causa de su efímera duración. Sucede así una vez que el fin del cosmos helénico y la muerte de Dios abocan a un único destino indigno y corruptor como la muerte. La dignidad ayuda al ser que muere a apuntalar la imagen de una vida completa, haciendo que la muerte del ser sea completamente injusta. La dignidad apuntala la esperanza, por su universalidad, que el autor recoge, pues existe dignidad (e imagen ejemplar de la vida propia) incluso entre quienes afrontan la vida sin recursos, son débiles, están desamparados, o son personas dependientes que anticipan prematuramente los estragos de la muerte. Mientras, entre los argumentos en favor de la mortalidad prorrogada, Gomá subraya que el individualismo de la segunda modernidad sustenta conceptualmente la idea de esperanza. Sigue sin haber, y se asume con cierta ingenuidad, 'prueba', pero si, por un lado, no estamos en literatura científica demostrable, y si, por otro, la secularización individualista implica por deducción ontológica la esperanza individual, el postulado desde la filosofía resulta explicado y cerrado.

 

Pragmática

Para adentrarse en la segunda parte fundamental de casi toda filosofía (¿qué hay que hacer?), Gomá propone que esto sea 'buscar la ejemplaridad', e imitarla. La ejemplaridad es un ideal, personal y relativo, encarnado en una persona (el ejemplo, el antiguo prototipo de la tetralogía) que personifica la excelencia de su tiempo, y que causa en el imitador la necesidad/apetito/calor de imitarlo de manera completa, en un viaje necesariamente imperfecto que traduce lo ideal a la realidad. No todo ejemplo es universalizable, pero sí que todo ejemplo es ejemplo para alguien, ya que cada acción del ejemplo es una invitación a ser imitado, y encierra en sí un inicio de costumbre: el ejemplo, al repetirse, se generaliza. Para Gomá, moralmente, no existe la vida privada (sí legalmente, como es lógico).

Si en la Ontología se encajaban piezas fundamentales de tres libros de la tetralogía, el baile en la pragmática fundamentalmente le corresponde a Ejemplaridad pública. El mal ejemplo, su posibilidad, y la conflictividad de la ejemplaridad (un buen ejemplo puede traducirse en una actitud que el potencial imitador vea rechazable, o que incluso actúe contra él) se integran mejor en el discurso, y para ello parte de una de sus obras teatrales, El peligro de las buenas compañías, donde Gomá representaba un ejemplo tan inalcanzable que causaba una reacción contraria en el protagonista, y donde llegó con el teatro a una materialización de este concepto ahora desarrollado como tal.

Procedente de Ejemplaridad pública es también el concepto de vulgaridad cultural. Pero, consciente de la dificultad del término, y aceptando el reto de apuntalar la precisión del mismo, Gomá refuerza su argumentación más lejos que en la tetralogía: a la explicación de que la vulgaridad es resultado de la consecución de la libertad y la igualdad, Gomá añade la dignidad como característica y renunciable y universal (pues no es una dignidad de aristócratas, sino de los débiles y hasta de los inmorales) de nuestro tiempo. Sostiene que el reconocimiento de esta dignidad de cada individuo es la base del equilibrio de la democracia liberal, ya que asegura que la voluntad mayoritaria no está legitimada a hacer algo que pueda atacar dicha dignidad (que, como principio mayoritario, permite la obediencia de las decisiones democráticas de una mayoría de 'dignidades', mientras que como principio contramayoritario se rebela contra los abusos de la mayoría, de producirse). Sin embargo, a esta fortaleza en lo político, Gomá postula que en lo privado/cultural, la vulgaridad no ha pasado de una fase romántica puramente subjetiva, iniciada en la primera modernidad, estirada posteriormente por las vanguardias -que Gomá entiende que fueron necesarias frente al elitismo cultural tradicional- y que tras la contracultura de la segunda mitad del siglo XX se ha desbordado hasta ser el paradigma cultural dominante. Lo siguiente es pasar de la vulgaridad a la ejemplaridad mediante la imitación del ejemplo/prototipo, (1) definiendo las respuestas a la vulgaridad -reaccionar queriendo volver al elitismo anterior, resignarse al considerar la vulgaridad el precio a pagar por el estado de libertad e igualdad, o abrazarla con el fin de reformarla- y (2) ofreciendo experiencias comunes que ofrezcan a todas las 'dignidades' individuales la posibilidad de identificación ante el ejemplo: ‘el universal vivir y envejecer' es la experiencia que todo humano comparte y reconoce.

Sin duda hay cierta ingenuidad en la propuesta, especialmente porque la vulgaridad es fácilmente asociable al estado estético de la vida, sin duda más común en adolescencia y primera juventud, allí donde envejecer es una visión aún lejana e incomprendida. Tal vez por eso, del mismo modo que el estadio estético se imbrica con el ético en la construcción del ejemplo, creo que es posible postular que vulgaridad y ejemplaridad requieren cierta convivencia incluso fructífera. Primero porque es realista: el ideal de ejemplaridad como ideal que es resulta inalcanzable para la plasmación física del mismo -e incluso un pestiño en la vida real como el propio Gomá indica en El peligro de las buenas compañías. Y segundo porque cierta experiencia histórica de lo social y cultural también muestra que lo hoy reconocible como ejemplar fue para el gusto y las costumbres de su tiempo una vulgaridad. Un ejemplo de la modernidad romántica es la negativa recepción de las últimas obras de Beethoven, un tanto salidas de la norma. Otro de la posmodernidades la liberación sexual de los setenta, que derivó en formas sociales ejemplares a pesar de la vulgaridad de la que fueron acusados.

La vulgaridad es un tema medular en la filosofía de Gomá. Pasar de la vulgaridad a la ejemplaridad se relaciona también con la creación o adopción de costumbres adecuadas con las que construir estado y democracia, que necesitan de 'buenas costumbres' en la sociedad para que las leyes (que deben respetar la dignidad de todos) puedan arraigar. Es labor de la ejemplaridad también el que se origine y asiente una 'visión culta' propia de una 'mayoría selecta' -oxímoron buscado- que sepa entender que las costumbres también varían, aunque sea lentamente y que el relativismo es una realidad necesaria, que además apuntala la democracia liberal. La combinación culta de lo privado (lleno de anhelos absolutos) y lo público (regido por la realidad del relativismo y la imperfección), así como comprender que la voluntad más que el entendimiento condiciona el mundo y las costumbres -y por tanto las leyes-, forman esta visión culta. No está mal considerado que procedemos del intento de desarrollo conceptual de un ideal.

La Pragmática de Universal concreto termina con una visión de la historia que incluye elementos de matices novedosos en la obra previa. Una razonada visión de la sociedad democrática actual como la mejor de la historia (para muchos esto es una declaración también plena de ingenuidad, pero para un contraste con la opinión de Leví-Strauss sobre el etnocentrismo sí que da) centrada de nuevo en la mayor dignidad histórica de los débiles como argumento sin subrayar que sean valores específicamente occidentales los artífices. Una lúcida cadena de razones del descontento actual, con detalles interesantes:  la condición moderna del Yo subjetivo (que asiste a la decadencia de sus capacidades sin agarre alguno a un Cosmos perfecto o a un Dios omnipotente), la conciencia de la dignidad igualitaria (es decir, la sociedad es vigilante y denunciadora en las injusticias, y estas, en cierto modo, están cada vez más acorraladas, pero, a la vez, son más públicas), el concepto moderno de Cultura crítica (donde apela a los filósofos de la sospecha cuya influencia en la cultura actual es aún relevante: Marx -que negó el poder-, Nietzsche -que negó a Dios-, y Freud -que negó el ego-), y, finalmente, la caída del telón de acero como acontecimiento que eliminó al enemigo al que culpar de todos los males. Argumentar con un acontecimiento histórico reciente no es común en Gomá, si bien estamos en un apartado sobre historia y el libro necesita entrar en lo más contemporáneo. A este hecho histórico podría mejor sumarse las crisis económicas continuadas (por diversas razones) desde 2008, porque han retorcido principios de dignidad en las democracias liberales pienso que con más influencia en el conjunto histórico. No es que no pueda relacionarse: la caída del comunismo envalentona a un neoliberalismo que cree que la historia le ha dado la razón sin aceptar el peso del reformismo en la dicotomía entre capitalismo ultraliberal y socialismo real como sistemas económicos extremos. Ciertamente, no existe ya comunismo global al que culpar, ni otros enemigos de esa dimensión (el terrorismo internacional de raíz islamista, por ejemplo) son fácilmente señalables en esta argumentación, pero es relevante que esta causa sea originada en el sistema democrático liberal por haber oscilado en exceso hacia uno de sus extremos.

Aunque Gomá cree que la historia de la humanidad es un viaje de progreso, no es determinista; con buen tino recuerda que ‘la Historia no está sujeta a legislación’, pero afirma que puede observarse una dirección, y esa dirección, en plazos medios o largos de manera casi asegurada, es el lugar donde puede desarrollarse el ideal de la ejemplaridad. Me gustan mucho los nuevos elementos introducidos respecto a Ejemplaridad pública en este punto. Por ejemplo, la mención al cambio de la visión de la victoria militar como fuente de legitimación política frente a los principios democrático y liberal. La introducción en este punto de la lucha contra la desigualdad como exigencia al Estado (lo cual lleva a la redistribución de la riqueza), o la profusión de estrategias de mediación en la vida social (conciliaciones, arbitrajes, etc) para sustituir a la jurisdicción en un plano concreto y no actuar en el abstracto de la ley en que trabajan los jueces. Que el relato virtuoso dominante haya dejado de ser el masculino/bélico es un triunfo, pues es un hecho que la literalidad de la Historia se ha escrito a golpe de conflictos y mucho menos a golpe de acuerdos, negociaciones, y tratos que evitaron confrontaciones.

 

Poética

Mi impresión es que la Poética de Universal concreto responde también a la necesidad que siente el autor de apuntalar mejor la visión del arte que se reflejaba en la tetralogía, donde era un campo menor. Adquiriendo entidad propia, la Poética ahora tiene su propia historia -paralela con lógica a la de la cultura-, se explican sus funciones (como alivio de la negatividad de la vida adulta, como representación del ‘ejemplo’), se contemplan sus variaciones según el contexto. El ejercicio de concreción es de nuevo fabuloso: del (1) clasicismo que aúna inteligibilidad, ética y estética (para glosar el cosmos perfecto mediante imitación épica, lírica o trágica) en un formato de naturaleza oral -que supone responsabilidad directa del autor ante su audiencia, pero también necesidad de mundanidad para captar atención-, al (2) campo moderno de valores de la subjetividad (expresión del yo, uso de la franqueza y la sinceridad incluso hasta representar lo deforme y lo horrendo) que suponen la literaturalización de la cultura, que ha modificado la antigua oralidad pública y colectiva de la cultura pasando ésta a actos individuales como la escritura y la lectura, creando la novela moderna como forma suprema de una cultura ahora alfabetizada. Es, por cierto, muy interesante el breve análisis que Gomá dedica a la nueva oralidad, que él llama 'segunda’ oralidad, como forma cultural que retorna gracias a Internet y sus medios y posibilidades auditivas.

Relacionado de nuevo con la vulgaridad, Gomá opina que el Yo absoluto de la subjetividad aún permea el arte actual, incapaz de asumir en gran parte la 'normalidad' ejemplarizante del 'vivir y envejecer’ universales (Iris Murdoch expresa esta idea de manera muy sugerente en La soberanía del bien: la razón ‘obliga’ a mirar al yo, y este es un elemento muy poderoso y cegador que impide que el buen arte practique la necesaria atención al exterior que le define; pero también podemos escoger el laconismo de Fernando Pessoa en el Libro del desasosiego: ‘la ruina de los ideales clásicos hizo de todos artistas en potencia, y por lo tanto malos artistas’). La contundencia cerrada del capítulo es relevante, aunque me inclino a pensar que aquí de nuevo aplican los 'continuos’ que mencionaba el autor al hablar de las inserciones de lo estético en lo ético y lo vulgar en lo ejemplar. El buen arte al que apela Gomá, aquel que consigue emocionar en la cotidianidad concreta universal, tal vez no pueda componerse sin que la creatividad atrevida, desatada, a veces solo pretendidamente rupturista, y me atrevería a decir que dionisíaca, exista, y se desarrolle desde una potencial vulgaridad. Una conclusión de esto es que la ejemplaridad, el estado ético, el buen arte, y la democracia liberal, sólo son posibles como resultado de haber transitado desde lo que anteriormente fueron sus némesis, de haberlas reformado adquirida la experiencia y obtenido el conocimiento de las negatividades.

Me quedan dos cosas principales por decir del contenido de esta casa inmensa e inabarcable:

-no es casual haber dejado caer de vez en cuando en este texto la palabra 'ingenuidad' y no haber hablado del 'método' del título, que es precisamente la ingenuidad. Gomá, por sistema, es un pensador positivo, constructivo, optimista. Para todo eso, y abrumado como todos ante una realidad convulsa cuya concreción en nuestro tiempo histórico amenaza con infinitos ahogos, atreverse a pensar en positivo es imposible sin apoyarse en una ingenuidad a prueba de todo tipo de corrupciones. Es un atreverse no ya a pensar, sino a pensar en el límite de lo que el canon actual admite: no ser catastrofista, conspiranoico, determinista, y, tal vez, en una palabra: absoluto.

-sospecho que Gomá no es nada wittgensteniano, pero termina su libro tal y como Ludwig Wittgenstein terminó su Tractatus logico-philosophicus: con una especie de paradoja que, en términos absolutos, las 250 páginas anteriores niegan: que la filosofía es insuficiente. Que necesita de otras artes para hacer realidad y dar matiz cercano y ejemplarizante a los conceptos desarrollados. Lógicamente no es una intención de epatar (aunque al lector desprevenido se le escapa una interjección o al menos un levantamiento de ceja), puesto que se apoya en la Poética recién desarrollada y en su propia trayectoria teatral como matizados ejemplos de que es lo concreto lo que materializa y hace cercano el ideal de lo universal. Aunque que bajo el Tractatus se encierra también un texto por momentos más poético y revelador que uno racional matemático…

No es el único final del libro de Gomá: su emotivo' acuérdate de ser' final, un imperativo de inspiración kantiana, es una declaración moral que alcanza toda su potencia con todo el libro recién en mente. Imposible no pensar en que es ya una obra completa, que sería escandalosamente injusto que no existiera. Universal concreto es la descripción firme y decidida de un sistema filosófico coherente y cerrado, consciente probablemente de sus ahora mínimos flecos (la propia existencia del libro revela que el autor piensa su obra y vuelve sobre ella para cerrarla), pero desarrollado con una convicción apabullante, en un lenguaje rico y elegante, de prosa intensa y ágil, y como es su deseo, profundamente literaria. El libro no tiene bibliografía ni notas al pie, aunque contiene citas, que, en consonancia con la idea de Gomá de no hacer filosofía de lectura de libros y exposición de pensamiento de otros, no son excesivas. Como decía más arriba, su opción no es la puramente narrativa o dramática más clara en la tetralogía y cada uno de sus volúmenes. Pero la descripción del sistema contiene varias aproximaciones históricas, con apasionadas definiciones de época (primer y segundo clasicismo, primera y segunda modernidad) y con sus evoluciones en cada caso de la concepción del universal o del yo, o de la organización política, o de la cultura y el arte, que en sí apelan al lector 'genéticamente' preparado para el progreso de un relato. Cabe preguntarse hasta qué punto Universal concreto es más disfrutable por quien ha leído sobre todo la tetralogía. Yo creo que sí, pero no gozo de la experiencia contraria. Y una pregunta aún mayor que sólo el autor puede responder: ¿Universal concreto habría existido sin el proceso de creación, publicación exposición, discusión y crecimiento que ha tenido la tetralogía? Yo diría que no. Que la casa está mejor preparada cuando ya has tenido otra antes.

Porque ahora que la casa está terminada, es momento de enseñarla.

Javier Gomá, en foto de Wikipedia


 

19 de mayo de 2024

Los bloques naranjas

 


Los bloques naranjas es un “prosario” de Luis Díaz (1994), dividido en tres partes llamadas Las ciudades, El deseo y El futuro, en el que cada “poema” está constituido por un párrafo en prosa escrito sin ningún signo de puntuación ni ninguna mayúscula. Nunca muy largos, suelen explicar con brevedad una acción juvenil (o adolescente) que transcurre en un verano en un barrio de ciudad, y sus protagonistas (que son un estado de ánimo reunido más que un individuo o personas en concreto) transitan por un afecto incipiente pero atropellado, una diversión inmediata de alcohol y drogas siempre escasos -pues no tienen dinero-, viajes en coche o moto que obligan a la carnalidad retraída, cierto spleen de asfalto, sin llegar al polígono, pero tendiendo.

Este protagonista colectivo siempre masculino y siempre adolescente intenta descubrirse y localizarse, sin demasiado éxito. Está pleno de emociones poéticas con su cuerpo, con su pene no fascinante pero sí céntrico, y aprecia interiormente sin saber expresarse hacia fuera. No acaba de entender el mundo, pero el futuro se le antoja más bien inhóspito. Su lenguaje es con frecuencia simple, de presentación directa, tierno en su conciencia masculina. El erotismo homosocial experimentador sobrevuela su deseo, entre la incomunicación y el anhelo, sin disfrute salvo en la conciencia de amar, que existe aunque no se articule así.

El libro me parece muy inspirado en el retrato de un ánima vital, trabajado en la traslación de una voz que ya debe ser lejana (el autor lo publica a los 29 años y confiesa en la dedicatoria que a sus amigos aún ‘no les he dicho te quiero’), y con un hálito psicológico más que un hilo descriptivo, no digamos ya narrativo. El aburrimiento, casi hastío, incluso el angst adolescente, todos son emociones relevantes, y, aunque existen flores y luces por el camino, la sensación final es cierta desesperanza.



10 de mayo de 2024

Simpatía por el diablo

 


La intensidad de la narración de El maestro y Margarita ha sido inesperada. No tanto su carácter irónico y parabólico, pues la fama precede a esta joya icónica de la literatura rusa. Obra maestra del a veces exitoso, pero casi siempre perseguido Mijaíl Bulgákov, se publicó 27 años después de su muerte, aunque en la Unión Soviética aún tuvo que esperar.

El diablo, bajo el nombre de Voland, aparece en Moscú acompañado de un séquito peculiar que incluye un gato gigante bípedo y parlanchín. Desde la primera escena siembra el caos en la ciudad: ataca a los escritores y críticos, se las ingenia para hipnotizar a todo un teatro ante cuyo público actúa en un espectáculo de magia negra, se instala en casa de un escritor donde hace perrerías a todo aquel que se acerca en general con intereses espurios... Hay decapitaciones, ordenadas y ejecutadas como si fueran las de la Reina de Corazones de la Alicia de Lewis Carroll, y posteriores recapitaciones; dinero verdadero que se convierte en papel mojado y al revés; aparentes bilocaciones… y una buena cantidad de personas derivadas al manicomio del doctor Stravinsky. Pero el tono es juguetón. El diablo hace estas cosas parece que más por entretenimiento que por maldad intrínseca. O, si se atiende a la cita fáustica de Goethe con que Bulgákov en cabeza el libro, 'es aquella fuerza que siempre quiere el mal y que siempre práctica el bien'. Porque, invariablemente, ante Voland se presentan ventajistas, a veces provocados por él, pero trufados de miserias mundanas. No hay mención al régimen político en que está la ciudad, el Moscú de 1930. Pero sí hay presencia de unas milicias que aparentemente lo pueden todo (pero no) y un pensar continuado en lo burocrático.

En la compleja estructura de la obra se cuelan, en su primar parte, dos capítulos dedicados a Poncio Pilatos y su experiencia de juzgar, encarcelar y no indultar a Jesucristo. La excusa es extraña, simplemente aparecen cuando uno de los escritores de la primera aparición de Voland pretende convencerle de que Jesucristo no existe. Pero Voland reclama que él conoció a Pilatos... En la segunda mitad del libro entendemos que esos capítulos están escritos por "el Maestro" del título, cuya novela sobre dicho tema será incomprendida y que, por ese motivo, quema el manuscrito. El maestro está en el manicomio (no sabemos por qué, pero intuimos que es víctima de la burocracia reinante antes de la llegada de Voland), pero su novia, Margarita, es de la pocas personas que en lugar de ser atacadas por el diablo, resultan favorecidas por él, en una inversión de la suerte del maestro, que recupera así manuscrito y felicidad, no sin antes actuar Margarita como reina de un baile satánico organizado por Voland. El manuscrito recuperado permite que completemos la lectura de Pilatos, además de conocer el impacto que deja una visita del diablo, de cuatro días de duración a la ciudad, cuántos hechos fueron encantamientos y cuántos no

Veamos varios de los significados múltiples de la novela:

1- los escritores y críticos de tres al cuarto se dan la gran vida mientras los artistas comprometidos viven en el ostracismo. Reformar esta situación es justo.

2- el juguetón diablo, obvio trasunto primario de Stalin, gusta de confundir a sus víctimas con cambios de humor y opinión impredecibles. Así le pasó a Bulgákov, a quien el mismísimo Stalin llamó en persona para restituirle en el teatro en que ya no podía trabajar.

3- la literatura tiene un poder infinito: "los manuscritos no arden", dice Voland cuando el maestro confiesa que quemó su novela. La literatura perdura con tanto ahínco que, aunque no hubiera publicado un libro que tardó doce años en escribir, esto sucedió casi tres décadas después.

4- el poder no tiene conciencia; pero si, por un instante, tuviera la tentación de tenerla, se encaminaría a la desolación. Así, Pilatos vaga por la eternidad atormentado por su lavado de manos, con una capa manchada de sangre del Crucificado, al que quiso salvar y con el que quiso conversar más, pero no pudo. A Voland no le pasa esto.

5- en realidad no existe alma sin defecto. El diablo entra en todas ellas y lo sabe, pero siempre llega el momento en que cada una de esas almas, cuando reclama aquello que no le corresponde, ya lo sabe por sí mismo. ¿El diablo está dentro? ¿Puede soportarse la idea de un Stalin dentro de cada uno?

Ni qué decir tiene que El maestro y Margarita es de una originalidad muy relevante. No solo por las capas de significado, sino por su indecoroso desparpajo tonal, su ausencia de clichés, su ritmo endiablado, trufado de acontecimientos absurdos que mezclados con la cotidianeidad de las rutinas diarias hace avanzar al libro como una historia llena de los prodigios de una sala de espejos deformantes. La herencia de Goethe ya ha sido mencionada, pero el libérrimo destrozo que ejecuta modifica la realidad burocrática de este Moscú en forma de una libertad literaria precursora del realismo mágico que entronca muy bien con la tradición satírica de la literatura rusa, a la que le estalinismo sin duda dio grandes posibilidades (un ejemplo divertidísimo: Vida e insólitas aventuras del soldado Iván Chonkin, de Vladímir Voinóvich). Con diferentes matices, el personaje diabólico que crea el caos porque en su locura/libertad /poder tiene capacidad para ello, está presente en Camus (Calígula). Lo kafkiano, desprovisto de su dramatismo trágico, también se entrevé, por no hablar de las metáforas del nazismo tipo El tambor de hojalata. No me cabe duda que, en nuestro entorno, inspiró el caótico Burgos del purgatorio de la maravillosa La ciudad del Gran Rey, de Óscar Esquivias. Y sí, inspiró la canción de los Rolling Stones que tantos años estuvieron sin tocar tras la tragedia de Altamont.

Entre influencia -de la que todo lo dicho es probablemente una muestra pequeña- y diagnóstico, diversión pero inmersión, ligereza de humor negro y sátira social y política, no es extraño que esté entre las novelas más reconocidas del siglo XX.

Mijáil Bulgákov, según su foto en Wikipedia



2 de mayo de 2024

La especulación inmobiliaria



Buscando información sobre Italo Calvino, resulta sorprendente comprobar que las obras más conocidas que publicó, las de la llamada trilogía heráldica, se venden en colecciones de literatura juvenil. Lo cual está muy bien, porque recuerdo que las dos que he leído, El vizconde demediado y, sobre todo, El barón rampante, usan la fábula y el anhelo de pureza vital de la adolescente para construir sus historias de reflejo absurdo de las costumbres.

La especulación inmobiliaria, no obstante, no incorpora elementos de parábola fantástica, sino que su realismo es completo. Un antiguo militante de un partido de izquierdas, el PCI italiano, decide vender parte del jardín de la casa de su madre, para lo cual llega a un acuerdo con un constructor local, según el que podrá incluso alquilar algunos de los apartamentos a construir. El protagonista ha variado en sus intereses políticos y, frente a lo que había pensado en sus años de militancia, el empresario al que se asocia le parece un ejemplo de resistencia liberal.

Como era de esperar, la obra se enfanga, con conflictos continuados sobre todo lo imaginable, aunque siempre de una intensidad baja: falta de materiales, problemas laborales con los trabajadores, conflictos entre la madre -que vive junto a la obra- y el constructor, permisos del Ayuntamiento, etc... Las pretensiones de pasar por hombre curtido en negocios y de inteligencia de mundo por parte del protagonista se tornan en impotencia resignada y un estado de frustración algo infantil.

El tono, la brevedad, y su extraño final (resumible en un estado futuro de pesadilla prolongada) están magníficamente conseguidos. Calvino no dramatiza las corruptelas del constructor, que es más bien un arquetipo de tragedia teatral, un pequeño corrupto y negociante sin más futuro. Aunque es obvio que su inmaduro protagonista no le agrada en su ridícula autocomplacencia ignorante, nunca sucede un conflicto severo, una situación definitivamente inaceptable en lo moral, sino que existe una asunción de fluidez de los asuntos mundanos, de conversaciones aparentemente simples, y de orgullos un tanto miserables enfrentados entre sí.

Y así, suavemente, pareciera que Calvino llega a mostrar el fenómeno de la especulación y sus primas la corrupción y la estafa de un modo mucho más creíble, ajustado a la vulgar cotidianeidad que cualquiera puede experimentar, y sin necesidad de la grandilocuencia megalomaníaca que con frecuencia se usa para describir el fenómeno. Esto no significa que esa especulación desatada no exista, por supuesto. Pero la apuesta a pie de calle, en estilo y tono, de Calvino es por ello tal vez más clarividente sobre la inserción psicológica de la corrupción en la sociedad.


Italo Calvino, vía


23 de abril de 2024

Gato en pandemia

 


Rodrigo García Marina, poeta autor de Los prodigiosos gatos monteses, es médico, filósofo y performer, además de escritor. A pesar de su juventud (1996) ha publicado varios poemarios, e imagino que leído y he estudiado mucho en vida. Este es el primero que leo, un libro de carácter poético en aliento, ritmos y connotaciones, pero también dado a la prosa si es necesario.

Los gatos monteses que sirven de título refieren parcialmente al mundo salvaje que tomó los espacios durante la pandemia, que sobrevuela de continuo todos los pasajes del libro. Pero también al gato del Lemi, el amante del protagonista trasunto del autor. El texto es polisémico, tanto como polifacético el autor, lleno de asociaciones de ideas visuales y lingüísticas, un conjunto de rápidos inteligentes juegos de palabras visualizables con los cuerpos que las habitan. Este gato doméstico espejo de supuestos gatos monteses/callejeros en Madrid sirve de ejemplo de comparación en varias capas de significado.

En realidad, es un libro difícilmente comentable. Cualquier obra, por ficción desplazada de la realidad que sea, describe de alguna manera el ser y estar del autor, y el espíritu con que vive su tiempo en el mundo. Tal vez la poesía, o el lenguaje decididamente poético, especialmente dedicado a la introspección, es más dado a este juicio. En este sentido, Los prodigiosos gatos monteses es una obra apegada a los veinticinco años de un hombre enamorado que vive inesperadamente una pandemia insólita. Una obra llena de la desmedida inteligencia relacional de la juventud iluminada, y, a su vez, arrastrada por un deseo total de varias patas, del de la experiencia al del placer, del del conocimiento al de la alegría. Sus pasajes a veces atemorizan, por su impúdica libertad de expresión en equilibrio con el desparpajo sintáctico y estructural. El lector no sabe si los párrafos sin signos de puntuación habilitan mencionar el sexo pasivo o la persecución alegre de las noches de drogas, pero sí recibe una carga de realidad generacional en las formas de un desconcierto tan vital como asombrado del autor.

Tal vez el Zeitgeist sea que la vida tiene demasiados estímulos. Un signo de ellos es un cerebro privilegiado con esa cantidad de estudios y profesiones encerrados en cuerpo y mente limitados aunque sólo sea por humanos. El traslado de esos estímulos al lector, que resumo en el hallazgo de ese “toque de keta” fabuloso y definitivo, es probablemente la sensación que prefiero en esta lectura asociativa y voladora, a la que quiero comparar con el misterio que son los gatos en su vivir y convivir, algo elegante aunque se estén chupando el culo, un mirar misterioso aunque sólo sea el impulso primario de recibir comida o caricias, o un mover seductor de caderas aunque se trate de pasar por la vida enseñando el rabo. Los prodigiosos gatos monteses es, en cualquier caso, un fogonazo rimbaudiano del libro.

Rodrigo García Marina (foto de 20minutos)

13 de abril de 2024

Huir del yo y practicar la atención

 

Este pensamiento a lo Gracián que encabeza esta reseña pretende resumir en forma de aforismo moral las conclusiones del libro de la sorprendente filósofa que es Iris Murdoch. Bueno, sorprendente para un lector que la conocía exclusivamente por novelista y que apenas había leído su reconocida The Sea, The Sea, hasta llegar a saber que había sido discípula de Wittgenstein. The Sea, The Sea es una novela magnífica. Intentar su filosofía parecía buena idea.

La soberanía del bien, este volumen de Iris Murdoch editado con esmero por Taurus, es una recopilación de tres conferencias que Murdoch pronunció en los años sesenta, y que ella misma reunió en un libro publicado en 1970. Su pensamiento es deudor, lógicamente, de su tiempo, igual de manera muy esperable. A Murdoch le pesan (sin mencionarlas) la guerra y la posguerra, se inscribe en un existencialismo de cierta oscuridad, en el que está ausente toda posibilidad inicial de divinidad, pero busca a ello una salida moral objetivo, al que dedica su pensamiento probablemente desde el mismo título.

Para Murdoch es necesario reemplazar la idea de Dios con algo que ocupe un centro moral. No cree que la razón kantiana o la historia hegeliana sean el sustituto correcto, sino que ella apuesta por una idea de Bien conseguida por una acción que evite mirar al yo (según Murdoch, el yo es una luz demasiado brillante que nos ciega e impide ver nada a nuestro alrededor) y practique la atención a los demás, con el objetivo de conseguir el bien en nuestras acciones y asegurar el fin de la filosofía moral.

Pero Murdoch es una pensadora con dudas. Además de concluir con cierta desesperación si esta sustitución del centro moral que considera imprescindible no será un trampantojo bien intencionado, se preocupa por la forma en que se toman las decisiones y el valor de la construcción de las mismas; se basa para ello en los filósofos que la rodeaban y ya publicaban en Cambridge, que opinaban (Stuart Hampshire especialmente) que no existe en realidad un mundo mental en que las decisiones se mediten y se tomen, sino que lo bueno es necesariamente exterior, dinámico, orientado a la acción. Se intuye de fondo la propuesta definitoria del a existencialismo original, aquel para el que la existencia prevalece sobre la esencia, con sus consecuencias materialistas: una ontología que no puede basarse en ideas o almas de carácter divino. Y se explicita la confusión de ideas entre lo bello y lo bueno: lo bello es estático, no dinámico, y sin este carácter definitorio de lo bueno per se, no es deducible que lo bello defina a lo bueno.

No por ello renuncia Murdoch al arte, ya que lo considera una fuente de ejemplo en sí mismo, en el sentido de que un arte malo es aquel que está preñado del yo, en el que la evidencia del yo del autor malogra la obra y la convierte en mal arte. Murdoch, en los sesenta, podría desde luego intuir el inicio de lo que Gomá llama " vulgaridad respetable " en las formas artísticas que habían iniciado un despliegue global. No era la única, desde luego.

Aunque no lo explicita, Murdoch acaba en desacuerdo con estas ideas sobre un espacio mental interior inoperante. Desarrolla ejemplos intensos de decisión moral interior incluso aunque sucedan con inacción exterior. Reconoce por ello una evolución interna, y un poder emocional en la atención, una acción interna y continuada, dirigida a los demás, un método que no identifica con la oración o la meditación, sino como un camino hacia el ejemplo. Es una ejemplaridad posible, incluso materialista por su descomunal rebaja de su potencial idealismo, donde se combina la dimensión privada con la pública a la que dicha atención obligará en algún momento. El pesimismo es latente, pero la atención es una puerta vital a cierta esperanza, a ese potencial bien como centro moral. Más cerca de Camus que de Heidegger. Probablemente esta pulsión pudo ayudar a convertirle en novelista, como al francés. Tal vez porque el Bien y el Mal, el poder interior de las decisiones, o la actuación en libertad, son temas también novelísticos, o fácilmente encarnables en personajes que los ejecuten.

De hecho, como libro de 1970 (escrito en la década anterior), con sus menciones continuadas al existencialismo y al conductismo, Murdoch parece fuera de las corrientes principales del melón filosófico que se estaba abriendo, sin eso ser necesariamente malo. Por un lado, no parece interesarle el feminismo que empezaba a reestructurar a Beauvoir antes de la eclosión de los estudios de género de los años siguientes, y su preocupación por las posiciones morales positivas en un tiempo en que las consideraba discutidas no tiene enfoque de género (citar en una importante ocasión a Simone Weil, pero no a John Rawls indica que lo político no es su interés, pero nada más). Por otro, es obvio que está lejos de la Escuela de Frankfurt y de los posestructuralistas franceses, a los que no menciona, siendo su bibliografía básica la de los filósofos ingleses de la época, con menciones también continuadas a su propio maestro Ludwig Wittgenstein.

La soberanía del bien es un libro que exuda dolor, pero resume tres conferencias, es decir, no se trata de un sistema filosófico general, estructurado y elaborado. Se lee con gusto, pero requiere de fuerte atención e introspección, porque su lenguaje es profundo en filosofía, con una cierta visceralidad. El impacto por lo revelador de su expresión, no obstante, es perdurable.



1 de abril de 2024

Gángsters maricas


Esto no es un libro de crítica cinematográfica, esto no es un texto ilustrado sobre películas de gángsters, esto no es un fanzine sobre el subtexto del cine negro. Pero es todo eso, sí... Dividido en tres volúmenes distintos con formato de periódico, dedicados respectivamente al cine británico, al cine clásico norteamericano, y al cine contemporáneo, Gángstes maricas. Extravagancia y furia en el cine negro ofrece exactamente lo que su título promete: un relato descriptivo de una buena cantidad de películas (y alguna serie) del cine negro donde una mirada insumisa (Alberto Mira dixit) y algo burlona extrae subtexto de una serie de tópicos representativos de los gángsters cinematográficos; todo esto servido en un formato tabloide, con ilustraciones impactantes por tamaño e intención caricaturesca de los personajes descritos, y titulares con fuentes descomunales imitando los representados en pantalla en las películas clásicas del género.


Compartiendo el tipo de mirada del autor, no me ha sido nada extraño comprobar que las películas de cine negro albergaban más de un malhechor invertido. Primero, por ser películas mayoritariamente pobladas por hombres (y lo siguen siendo pasado el periodo clásico: Reservoir Dogs, Lock & Stock, Los Soprano); segundo, por contener tópicos mariquitas a tutiplén de toda la vida (abandonar a la mujer, o despreciarla, frente a la vida con los compañeros; las parejas de hombres que hacen maldades juntos y se defienden uno a otro por encima de todo), pero me han sorprendido otros por la cantidad, como los gángsters devotos de sus madres. Por supuesto, nunca debe olvidarse que el canon no va a perder la oportunidad de “disfrutar” añadiendo la homosexualidad a la violencia, la psicopatía, y cualquier tipo de barbaridad en el diseño de personajes especialmente execrables, sugiriendo con sutileza que igual, qué sé yo, nunca se sabe, imagínate, la orientación sexual es origen de la violencia que sufre el orden heteropatriarcal establecido. Hay que añadir a esto, por supuesto, que Gángsters maricas incluye una buena cantidad de films reconocidos, pero también un montón de películas a descubrir, que es probablemente el objetivo principal de sus autores.

Autores que, es necesario confesar, han ejecutado una audacia bella y fascinante con esta publicación. Se trata de Juan Dos Ramos (@doctorinsermini) a los textos y Alex Tarazón en las ilustraciones; los créditos incluyen a Alba Monleón en el diseño (supongo que incluye la maquetación). El trabajo en los tres campos, bien engarzado, ayuda a una buena experiencia estética, coherente a la par que irónica con el género que estudia, el de "grandes hombres con una debilidad. Sólo una". Este tipo de humor combinado con un buen conocimiento tanto de los clichés artísticos y críticos de la cinematografía en general como del género en particular, rinde un texto equilibradamente subversivo (permítaseme la contradicción y el concepto hoy ya trasnochado), especialmente bien llevado para poder alcanzar algo más que al público doblemente especializado en cine noir y "caribeñismo", que diría Agador Espartacus. Ojalá fuera así, pues el talento mostrado lo merece. Por lo menos, una cosa tan interesante como un ciclo con las películas ya se ha realizado en la Cineteca Madrid del Matadero.

De venta aquí, por cierto.


26 de marzo de 2024

Aquiles el rojo

 


La cólera, cómic de Santiago García y Javier Olivares, continúa la interesantísima línea exploradora del lenguaje de la novela gráfica que practican estos dos autores, y que ya les diera un resultado excelente en Las Meninas, con el que en el fondo no encuentro paralelismos fáciles salvo la voluntad de riesgo formal.

La cólera del título es la de Aquiles, la que Homero narra en la Ilíada, la provocada a partir del rapto por parte de Agamenón de la esclava de Aquiles, Briseida, mientras el héroe estaba en batalla en el asedio de Troya. La decisión de Aquiles de abandonar la lucha en un momento en que esta parece interminable, de hacerlo bajo una afrenta inasumible, y de no querer volver a ella a pesar de los ruegos de sus compañeros, resulta trágica para los aqueos. Hasta que un episodio le devuelve a la batalla más encolerizado que nunca… Esta historia ocupa la centralidad de La cólera, bajo unos formatos visuales excelentes.

La cólera es un cómic que apuesta por una narración visual omnipresente. La apuesta se escenifica desde las páginas iniciales, sin diálogos ni textos, representaciones de la batalla con perfiles de los soldados, un fondo gris y rojo, y la arenisca, y unos cuerpos estilizados a la griega, bajo un formato más deudor de cráteras decoradas que de escultura clásica. Entre todos los soldados y generales, Aquiles se destaca por el color de la cólera: el rojo. En ocasiones solo su pelo, a veces la cara, a veces el cuerpo, y, si puede, el de los guerreros que entran en lucha junto a él. Pero este recurso simple de color es solo precursor del conjunto de ideas visuales que adornan al mito, y que se atreven a su cuestionamiento sexual.

Además de su comportamiento bisexual, una breve escena nos retrotrae a su adolescencia feliz en el gineceo de Esciro, dónde, vestido de mujer, explicita su bienestar por serlo. Y en el episodio más inesperado del cómic, el viaje al futuro de la Europa que será engendrada por Aquiles si alcanza su inmortalidad conquistando Troya, las inversiones ya son múltiples. El viaje en el tiempo lleva consigo la inversión del sexo del héroe, que pasa a ser dibujado como mujer, mientras el mismo libro dibuja esas páginas al modo japonés, y es necesario darle la vuelta y leerlo de derecha a izquierda y pasando las páginas en sentido opuesto a nuestra costumbre. No es algo imposible, ni siquiera inaudito para el lector de cómic que haya leído historieta japonesa. En esas páginas, en las que predomina el azul, la representación del futuro que Tetis, madre de Aquiles y que actúa de augur o sacerdotisa, presenta al hijo es una sociedad urbana distópica reconocible para el lector, con una protagonista en un trabajo alienante y un jefe violador, y sometida a un poder autoritario que cuando menos persigue a los refugiados de una guerra y no soporta que se defiendan derechos básicos.

Aquiles, pues, desafía el tiempo, el género, y la narrativa de un cómic, actúa como Orlando en el libro de Virginia Woolf, al límite de las posibilidades del mito. La cólera muy obviamente se esfuerza por asimilar qué paradojas del tiempo de los héroes y cuáles de la individualidad moderna -fundamentalmente sus violencias- se explican y retroalimentan mutuamente, pero probablemente la odisea moderna de Aquiles como mujer llamada Pirra, aunque se lee boquiabierto dada su extensión y osadía, es narrativamente menos palpitante, una especie de Hijos de los hombres algo déjà vu y apenas echado a andar. Dudo que haya lector que no quiera volver a saber de Ulises, Patroclo o Ajax, abandonados en los pedregales de Ilión, al final de esta visión futurista intermedia, de la que, en cierto modo, el mayor interés es que el mundo moderno le parezca insoportable a un hombre colérico y cruel con sus enemigos, a muchos de los cuáles mató con violencia, engendrando así la deshumanidad que observa en el futuro.

Así como al inicio del libro, Olivares y García se toman sus páginas sin diálogo y en gran formato con planos generales, acercamientos a detalle, y momentos de batalla continuados para introducir al lector en la guerra y el estado de ánimo que ello deja en los luchadores, tras regresar Aquiles a la batalla escogen una enorme y efectiva economía para narrar los episodios finales de la guerra: la muerte de Héctor, el talón de Aquiles (magnífica viñeta de doble página sin subrayar), el caballo de Troya, y, dado que forma parte también de la historia, los episodios del regreso de Ulises a Ítaca recogidos en la Odisea hasta el reencuentro con Aquiles en el Hades, donde el dibujo llega al tenebrismo y el horror puros que hasta entonces ha rozado en algún momento.

Que los mitos sigan teniendo lecturas apasionantes con los siglos es signo de su validez. Nuestra mirada moderna puede reflejarse en ellos y tratar de entenderse. Aquiles le sirvió a Javier Gomá para hablar de las responsabilidades a asumir en la vida y el conflicto entre la adolescencia estética y la madurez ética en su Tetralogía de la Ejemplaridad. En Olivares y García se explican sus capacidades de representación del individuo moderno en sus decisiones morales y su anhelo de cumplir sus instintos encontrados, además de reflejar un determinado modo de sociedad occidental surgido de la Antigüedad. ¿Toda? Estética y atmosféricamente el resultado es apabullante y arrollador. Narrativamente el manejo del tiempo y las elipsis, y el juego de reconocimiento con los episodios de los clásicos de Homero está muy bien conseguido. Pero no puedo evitar pensar que el episodio futurista necesitaba otra intensidad menos mecánica, y que, entre las enseñanzas y visión del héroe de Homero no está solo la visión del mundo como el horror existencialista que se desprende de La cólera.

Santiago García y Javier Olivares (foto publicada en El Correo)

19 de marzo de 2024

Sin partido de fútbol


Ya tiene cinco años la aún última novela de Cristina Morales, de quien hace poco me gustó tanto Últimas tardes con Teresa de Jesús. Lectura fácil es un libro premiado (Herralde, Nacional), brillante, directo, empoderado(r), combativo, pero también sutil, inteligente, ágil, y muy divertido. Por supuesto, metafórico (sinecdóquico tal vez) desde el título. La lectura fácil, como una de las protagonistas explica en la novela, es la adaptación de un texto (y de su maquetación) para permitir una lectura y comprensión más sencilla del mismo, eliminando barreras de acceso al contenido, y favoreciendo así accesibilidad y participación de los colectivos que puedan verse favorecidos por su uso.

En la novela, las protagonistas son cuatro mujeres con discapacidad intelectual en diferente grado, todas ellas emparentadas como medio hermanas y medio primas: Angelita, Patri, Marga y Nati. Aunque son de origen rural, en inicio de la novela están viviendo juntas en un piso tutelado por la Generalitat en la Barceloneta. Aún no lo sabemos en lo que parece una presentación inicial algo satírica con un cierto costumbrismo, pero para ellas ese piso es una oportunidad de libertad en grados que no han experimentado desde sus diagnósticos. Nati puede, así, acudir a clases de danza para discapacitados; Angelita escribe una novela en lectura fácil para un grupo de WhatsApp. Y Marga puede vivir libremente su sexualidad, aunque también ponerse en contacto con grupos de okupas que puedan ayudarle a escaparse con ayuda de una célula protoanarquista y antisistema... La Generalitat la busca y después la interpone una demanda de… bueno, algo que atenta contra su integridad, digamos.

El logro de Lectura fácil es usar el punto de vista de cada una de las mujeres a lo largo de la novela, combinado en cuatro formatos literarios que se van alternando sin seguir un patrón aparente, haciendo así también avanzar la acción, explicar el pasado y realizar la denuncia del sistema que implica el libro. Denuncia peculiar cuyo objetivo es lógicamente la gestión actual de la discapacidad, a la que se llega con la construcción literaria de una cotidianeidad en los márgenes sociales, pero que en realidad cuestiona todo el sistema social. Estos cuatro formatos son:

-el monólogo interior de Nati, una brillante estudiante de doctorado que al caer enferma del 'síndrome de las compuertas' mantiene una inmensa logorrea de contenido siempre anarquista, feminista y combativo. Nati es sin duda el personaje estrella de la novela, pues su valentía y lucidez son enormes, pero su discurso, en el que siempre se mueve en círculos, impide de continuo que avance en las circunstancias en que se encuentra, dando lugar a escenas alargadas e hilarantes, en las clases de danza o en su visita a la celda de ocupación. En Nati, Morales arriesga mucho, por su obvia impersonación en el personaje, presentado en primera persona, aparente figura central, y en la que el lenguaje político y filosófico son tan relevantes que es fácilmente sospechable que Morales la utiliza para un discurso propio de denuncia continua. Pero también es cierto que este diseño de personaje en sí es polémico: aparentemente dotada de una inteligencia libre y sublime, remite a la valentía de los locos o los bufones que siempre dicen lo que piensan, y muestran la realidad desde la desfachatez de su discriminación y/o (dis)capacidad. La mujer con mayor discapacidad intelectual es, por tanto, la de mejor uso del lenguaje (anarcorrevolucionario) y la traductora a lo político de los males de la sociedad; es también la que recoge o inventa términos a lo Bolaño como 'bastardista' o 'bovarista', y cuyo devenir es el central al ser el personaje más activo.

 -La novela en lectura fácil que escribe Angelita en su móvil, siguiendo rigurosamente las reglas de estilo de esta modalidad de escritura, y funcionando en cierto modo como reflejo de Nati. Allí donde ésta impide avanzar la acción por un lenguaje enrevesado que nadie entiende, Angelita tampoco lo consigue, pero por lo contrario: su necesidad de explicar con sencillez todos los términos, y de aclarar todas las digresiones en que pueda caer. Allí donde Nati no cumple regla alguna, Angelita es terriblemente disciplinada. También es la mayor de las mujeres y la de menor discapacidad. Su actitud es exclusivamente estática -siempre en su sofá- frente a la danza de Nati, pero, por otro lado, resulta ser la más pragmática en su sencillez, especialmente en la resolución de la trama. De nuevo Morales arriesga en el diseño del personaje: la novelista de aspiraciones formalistas y ambicioso retrato sociopolítico ‘rebaja’ su semántica para adaptarse al potencial lenguaje de una discapacitada usando también el humor de modo arrasador, en ocasiones por acumulación y exageración.

-Marga desea escapar del piso y tener casa propia, y para ello contacta con una célula de okupación y asiste a sus reuniones en Sants, una de ellas con Nati. El diálogo y futuras actas de estas reuniones es otro de los formatos relevantes de continuidad de la acción del libro, dado que cubre indirectamente la desaparición y persecución de Marga. Los participantes en la reunión usan seudónimos: capitales de provincias no catalanas ni vascas (el nexo entre lo charnego, lo okupa, y las rentas bajas es sutil pero visible). Sus conversaciones por supuesto también se alargan indebidamente, o no consiguen iniciarse sin fijar las condiciones en que deben desarrollarse para ser democráticas e igualitarias, y quedan siempre interrumpidas por excederse y no quedar tiempo para coger el último metro. Aquí el método del discurso político antisistema es el que resulta objeto de la ironía de la autora, que apunta a la eterna división de las izquierdas en sus discusiones bizantinas, pero que, no obstante, diseña espacios de libertad tanto expresiva como sexual con cierta calidez. Marga comparte con Nati una indisciplina mayor, una discapacidad mayor, un movimiento mayor, una dignidad también mayor, necesaria en su caso por la acusación de activa sexual que pende oficialmente sobre ella.

-Finalmente, Patri cubre el cuarto formato mediante las declaraciones efectuadas ante la jueza que debe decidir sobre la esterilización de Marga. La transcripción de esas declaraciones muestra lo que finalmente sabemos que ocurre cuando la trama ha llegado a su fin. Patri en realidad forma ‘pareja’ con Angelita, también estática y disciplinada, educada en sus respuestas y siempre dispuesta. Sus sesiones con la jueza, sin embargo, encierran el mayor horror de la inflexibilidad del sistema hacia las protagonistas, asomando su cabeza entre la capa de humor que Morales otorga a estas declaraciones continuadas y circulares.

En general, Lectura fácil está embebido -y creo que es el motivo de su éxito como obra- de la dignidad de sus protagonistas más que por un retrato crudo de la situación de opresión que viven. Hay visión estética en que no haya caída alguna en la conmiseración ni el victimismo, todo ello superado por la continua capa de humor e ironía apabullantes y arrolladores, en la que el riesgo asumido y superado por la autora de mostrar el humor de las peripecias de las protagonistas en lugar de mostrar la acción directa del sistema (ojo: sistema cultural entero, sistema lingüístico de expresión, sistema de reuniones de humanos bien para danza inclusiva, bien para okupar casas, etc...) es valiente y audaz. Sé que la comparación puede parecer extraña, pero la estructura me ha recordado al mejor Vargas Llosa. Pero es que si pienso en el asunto de la libertad, el libre albedrío, su defensa y método de defensa desde el poder, la relación del individualismo y la independencia personal con la organización estatal, los derechos colectivos, y la coerción a quien define como discapacitados… Este libro es profundo,  polisémico, renovador, y demoledor; contiene además un fanzine a modo de tractatus anarquista, retrata en pinceladas los pasos del ‘procés’ en la sociedad catalana, y terminó de crear polémica con una adaptación televisiva que Morales rechazó por cambiar el punto de vista de la historia al de una de las trabajadoras sociales), y con una adaptación al teatro.



 

14 de marzo de 2024

Contra el imperio de los bulos

 


Durante años el historiador Jagoba Álvarez ha estado (y aún sigue) combatiendo diferentes bulos que circulan en las redes sociales alrededor de la aprobación del sufragio femenino en la Segunda República Española. Tras años de respuestas infatigables a cualquier cuenta identificable o anónima que soltara una mentira sobre aquel proceso y sus dos días fundamentales (el 1 de octubre y el 1 de diciembre de 1931), decidió aunar todos los argumentos y contestar cada uno mediante este libro, El PSOE y el sufragio femenino, financiado mediante micromecenazgo. Es un volumen breve y ágil, por momentos trepidante, que responde uno por uno a esos bulos. A saber:

-que el PSOE votó en contra del sufragio femenino

-que Indalecio Prieto era contrario al sufragio femenino

-que Victoria Kent era socialista

-que Margarita Nelken votó en contra del sufragio femenino

-que el PSOE amenazó de muerte a Clara Campoamor

El método es directo: la recuperación de los documentos de la época (los aprobados por el PSOE en sus congresos, la presencia de agrupaciones feministas de Juventudes Socialistas, las actas de sesiones y votaciones del Congreso de los Diputados, los escritos de los y las protagonistas) y su narración contextualizada, que se centra fundamentalmente en la sesión del 1 de octubre junto con sus vísperas, en la que se aprueba el sufragio femenino, sin olvidar la del 1 de diciembre, en la que la llamada enmienda Peñalba proponía el retraso de la aplicación del sufragio femenino hasta que pasaran un par de procesos electorales y la 'mujer ya estuviera madura' para el voto. La enmienda Peñalba fue rechazada y ocho días después se aprobó la Constitución de la República.


Clara Campoamor

La excusa fundamental para que estos bulos hayan permanecido es que la principal defensora del voto femenino durante estas sesiones fue Clara Campoamor, que militaba en el Partido Republicano Radical presidido por Alejandro Lerroux, y que era un partido republicano, anticlerical y liberal. La necesidad de referentes históricos de los liberales del siglo XXI (el hoy prácticamente desaparecido Ciudadanos) para su discurso llevó a su reivindicación sin matices, dentro de la polarización política contra el PSOE, y eso resulta problemático, ya que Campoamor fue la única parlamentaria del PRR que votó a favor del sufragio femenino, en contra del criterio de todos los liberales de su partido, que lo hicieron en contra.

Lo cierto es que el debate parlamentario se recoge con brillo, usando breves extractos, y dando voz a todos los participantes. Es vibrante el famoso intercambio entre Campoamor y Victoria Kent, que defendía como argumento principal -que luego el bulo achaca al PSOE- que las mujeres votarían en contra de la República por influencia de la Iglesia. Pero todos los parlamentarios socialistas hablaron en contra de esta idea. Kent no era socialista del PSOE, pertenecía al PRRS, Partido Republicano Radical Socialista. Pero bueno, ¿para qué tener matices si una historia no encaja en tu discurso?

Este libro es un ejemplo de herramienta poderosa, accesible y practicable contra la desinformación política. Realizado sin el sentido del espectáculo de los fact-checks televisivos ni la agresividad del diálogo a veces enfermizo de las redes, basado en los datos y documentos, y respondiendo con serenidad. Literariamente tiene un valor añadido: el ritmo de la discusión política enhebrada, al que en este caso se suma la emotividad trascendente del objeto de la rotación, y que hace que el libro se devore...

Jagoba Álvarez (imagen de su cuenta de Twitter)