18 de febrero de 2016

1860. Capítulo 2


Pierre Savorgnan de Brazza, uno de los exploradores europeos del siglo XIX, es el protagonista del segundo volumen de la aventura literaria de Patrick Deville, que empezamos (Pura vida) en Centroamérica con un eje hacia los EE.UU. y continuamos ahora en África con un eje hacia Europa, sin desdeñar los laterales hacia Cuba. Brazza es coetáneo de Stanley, y ambos en cierto modo compitieron en parte y sin saberlo por la colonización de los terrenos alrededor del río Congo. Uno era italiano y lo hizo para el gobierno francés. El otro era galés y lo hizo para el gobierno belga,

Los valores de Pura Vida mejoran en Ecuatoria (que es una provincial del actual Sudán del Sur) especialmente porque el personaje es más simpático, y sin duda le cae mejor a Deville. Brazza, como Walker, es un personaje algo olvidado, pero no tiene ambición de poder ni actuó de manera militar. El hilo que recorre la novela (ramificada en mil historias, todas ellas verdaderas, al estilo de Deville) es el traslado de los restos de Brazza, que murió en 1905 en Dakar, fue enterrado en Argel (donde vivía su familia), y trasladado en 2006 a un polémico mausoleo en Brazzaville, capital del Congo que él mismo fundó en 1880. Deville viaja durante este proceso a Argel y a varios países del África Central (Gabón, Santo Tomé, la República Democrática del Congo, el Congo, Tanganika + Zanzíbar, Angola…). No sólo persigue a Brazza y Stanley (que le permiten una primera mención en la serie a Plutarco), sino a los alemanes Emin Pachá y Albert Schweitzer, a los revolucionarios angoleños enfrentados Jonas Savimbi y Agostinho Neto, al también revolucionario y necesariamente paciente Laurent Desirée Kabila, al comerciante árabe de esclavos Tippu Tip, sin olvidar a Joseph Conrad o al Che Guevara… Todos ellos viajaron por la región, algunos de manera incansable, en rutas que definieron el continente desde mediados del siglo XIX hasta mediados de los setenta, cuando los últimos países centroafricanos se independizan por fin, y mientras se desarrolla la Guerra Fría que tuvo uno de sus principales escenarios –quién lo diría- en la región, con los soviéticos financiando y armando a los grupos que desalojaban a los colonizadores o a sus herederos.

Pierre Savorgnan de Brazza era un hombre guapo (vía)

Brazza obviamente genera polémica. Aún mantiene su nombre en la capital del principal país que exploró, y que luego quedó colonizado y aplastado de manera brutal. Pero mientras él estuvo allí incluso en su gobierno no cometió desmanes y fue reconocido por los lugareños. Murió precisamente por investigar sobre el terreno las denuncias de brutalidad que llegaban a la colonia, al enfermar de disentería. Estos héroes olvidados, que no alcanzan la gloria, cuyos objetivos tienen consecuencias cuando menos dudosas, son los que interesan a Deville en su fresco histórico de los últimos 200 años. Su estrategia es la misma que en el libro anterior: el azaroso pero tan bien estructurado entrecruzamiento de los personajes de la Historia, tanto en el espacio como en el tiempo, salpicado de la propia experiencia de Deville en el terreno, donde el autor prefiere sin duda subrayar la sabiduría popular de sus contactos y descubrir en ellos que el rastro del tiempo histórico que domina y refleja es a la vez pesado pero banal.

Para el lector, pienso en este segundo libro, le queda además la lección académica contada con frescura y un método que seguramente los historiadores no verán adecuado, pero que es emotivo y objetivo, sin que esto resulte contradictorio, gracias a la mirada directa –novelesca-a la psicología de los protagonistas. Recordar ahora las luchas entre la UNITA y el MPLA puede resultarme más sencillo. Pensar en los refugiados zaireños que llegaron a Bilbao cuando Kabila, tras treinta años oculto en la selva, destituyó a Mobutu. Los inesperados esclavistas que la historia y los viajes ponen encima de la mesa. Etc…
En fin, el tercer volumen, Kampuchea, aún no está editado en castellano. ¿Esperaremos o pasaremos al cuarto, Peste y cólera, que sí lo está? Creo que Deville  nos dará permiso…

Patrick Deville (vía)


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