11 de septiembre de 2019

Raciocinio


Difícil resistirse a un título tan contradictorio como El banquero anarquista, el primer relato de esta colección de Fernando Pessoa, tótem de la poesía portuguesa, personaje extravagante, de genial inspiración, probablemente esquizofrénico, adicto a la absenta y homosexual reprimido, genio absoluto sin parangón. Pero, por chocante y atractivo que sea el título del relato primero y principal, el resto del título del volumen es el esencial: Cuentos de raciocinio, ya que es el ejercicio de esta capacidad humana el que se exhibe en todos los relatos. No obstante, sólo dos de ellos son realmente apreciables, precisamente El banquero anarquista, y Una cena muy original. El resto son relatos inacabados, reflexiones sobre el crimen y sus motivaciones psicológicas, y juegos brillantes para poder definir el carácter humano ante el crimen; pero su carácter y aspecto de borrador lastran el placer lector y quedan un tanto desdibujados, aunque se aprecie en Pessoa un trasfondo interesado en el crimen y su relato que yo desconocía.

Fernando Pessoa, según el retrato de Almada Negreiros

Los dos relatos que he destacado son, empero, espléndidos; completos y fascinantes ejercicios de raciocinio dotados de ironía soterrada y demoledora. En El banquero anarquista un banquero concatena sofisma tras sofisma para justificar que su ambición encarna la mayor libertad individual al conseguir con su dinero no estar sometido a designio alguno del estado pero tampoco a los de ningún grupo social, como precisamente los colectivos anarquistas. El relato tiene forma de convincente diálogo serio, en el que nunca se pierde la compostura, incluso la rigidez, de los protagonistas, y en el que todas las dudas del interlocutor son minuciosamente aclaradas o refutadas. La impresión final de semejante impostura filoanarcocapitalista no acaba de aclarar si el autor se la cree o no. De ahí la profundidad clarividente de su ironía: la razón puede con todo, lo racional supera a lo razonable, no importa nada más. Y Pessoa, autor cuya aparente simpleza intelectual es tan pétrea como críptica, maneja el punto de vista neutral de manera férrea.

Una cena muy original tiene una resolución más esperable, aunque probablemente no tanto en el momento en que se escribió. Se articula en torno a una cena competitiva en que el anfitrión reta a sus invitados (todos ellos miembros de una reconocida sociedad gastronómica) a descubrir por qué se trata de la cena más original de la historia. El infructuoso trabajo de los comensales adquiere tono de género que se resuelve con una explosiva sorpresa final de ironía y coherencia encombiables.

Hace ya mucho que leí una antología poética de Fernando Pessoa, que contenía poemas de cuatro de sus heterónimos: Alberto Caeiro, Ricardo Reis, Álvaro de Campos, y el mismo Pessoa. Su fascinante genialidad le permitía escribir en estilos y con intereses aparentemente diferentes de poesía, y que las obras de cada heterónimo resultaran coherentes y significativamente alejadas de las de los demás. Y tuvo más heterónimos, de los cuales son destacables Bernardo Soares, o Alexander Search (que utilizaba para sus obras escritas originalmente en inglés: por ejemplo, el relato Una cena muy original, de esta colección). Su peso en la cultura portuguesa es inmenso, y desde el desconocimiento de la cultura y la lengua portuguesas que tengo, sé que el homenaje a Pessoa se extiende por todas partes. Ejemplos que conozco: José Saramago y su El año de la muerte de Ricardo Reis. Salvador Sobral y su banda de música Alexander Search, en la que también participa Júlio Resende. El cuadro magnífico de Almada Negreiros… A pesar de este magisterio poético sin parangón, Pessoa es conocido por su menor capacidad para terminar obra en prosa, especialmente si pasaba en longitud del artículo o del relato, ¿tal vez porque la inspiración poética no necesite una voz o constancia en cada obra única que tenga que durar meses o años? ¿Tal vez porque cambiara demasiado de tono impulsado o arrastrado por sus heterónimos poéticos, resultando en incapacidad literal para la novela? No lo sé. Estos dos relatos, al menos, abren el apetito para un día atacar El libro del desasosiego, que hace tiempo que mira, fiscal del tiempo, desde la estantería.

Retratos de Pessoa


29 de agosto de 2019

Lo que te (nos) pertenece



Dentro de la abundante literatura LGTBI es difícil discernir, y lo cierto es que no sigo foros ni editoriales especializados al respecto, porque no los conozco ni tengo un criterio claro para distinguirlos. Sé, sin embargo, que la etiqueta como subgénero ha crecido e incluso proliferado. Así que me muevo por mis viejos criterios de siempre, la crítica especializada en publicaciones sobre literatura de suplementos culturales, la editorial de cierto o supuesto prestigio, la lectura de clásicos y el boca-oreja, actualmente practicado por redes sociales sobre todo. No me quejo: la veo fuerte y actualizada, y las últimas selecciones (William S. Burroughs, Weldon Penderton, Sebastian Barry, Quique Palomo) han calado bien. Lo que te pertenece se suma a este juicio, sobre todo por un trabajo profundo del drama psicológico, y su descripción de un deseo perturbador y complejo.

Parte de este deseo, al menos de las formas en que toma forma, se produce en un universo que ya parece algo antiguo: unos diez años, aproximadamente, antes de la implantación de las aplicaciones de contactos de los móviles inteligentes como forma mayoritaria, y de manera casi masiva, de encontrar pareja sexual, estable o no. Un periodo en que ya existen redes sociales, servicios de mensajería instantánea o canales de conversación, aunque todo en ordenador. Cuando esta época sea objeto de nostalgia porque sus protagonistas hoy jóvenes quieran consumir su pasado, como hace toda generación reciente, la cronología que lleva de los canales de ligoteo gay a la eclosión de Grindr mostrará una evolución vertiginosa. Pero no es que Lo que te pertenece sea antigua, ni mucho menos rancia, pero sí parece que su escritura ha sido lenta: su traducción al castellano llega en septiembre de 2018, su publicación original sucede en 2016, y la primera parte de la novela en realidad fue un relato largo titulado Mitko, que ganó un premio en 2010.

Hoy Chueca.com es un portal de contenidos, pero el chat sigue existiendo

Lo que te pertenece narra la vida de un joven profesor norteamericano en Bulgaria. Profesor de inglés, presunto trasunto del autor (que ejerció de profesor en Sofia), es aficionado al cruising y en una de sus correrías conoce a Mitko, joven prostituto a cuya belleza arrebatadora no consigue sustraerse a pesar de los infinitos problemas que le provocan su intento de tener algo parecido a una relación con él, y de su propia capacidad reflexiva al respecto de la deriva personal que le supone. Las reseñas hablan de referentes como Lolita o Muerte en Venecia, fáciles por el amor obsesivo, prohibido y poco recomendable por una persona joven, por la narración desde el punto de vista del personaje mayor de edad, pero creo que están lastradas por la falta de suficientes referentes de representación homosexual en la literatura aceptada canónicamente. Muerte en Venecia funciona en un estricto juego de amor platónico y virginidad estéticos aquí imposibles por el contenido necesariamente sórdido de la historia (siempre he creído que Thomas Mann conceptualiza –maravillosamente, eso sí- desde la represión y el armario, y que sin ellas sería otro autor muy distinto). Y en Lolita, pues… en Lolita hay mujeres y la posibilidad engañosa de una aceptación social, hay una representación familiar con su propia lucha interna, hay un triángulo, y hay pederastia directa y conocida. Mitko es adulto, Mitko es homosexual, Mitko folla con clientes, Mitko no representa ideales estéticos para la moral del protagonista, y su amor nihilista y explícito también es construido estéticamente, pero demasiado cercano a tierra para (los tiempos de) Nabokov y Mann. Las decisiones de Mitko, 23 años, son aparentemente inconscientes, pero proceden de un adulto necesitado; reconocemos una psicología infantil (su afán consumista por los móviles, su gusto por pavonearse ante otros amantes) pero también un instinto de supervivencia. Mitko en última instancia es pobre y un adicto.

Muerte en Venecia, de Luchino Visconti, basada en la novela de Thomas Mann

Pero en la comparación sí me parece relevante un detalle: el protagonismo y el punto de vista corresponden al personaje mayor, también en Lo que te pertenece. Esto adquiere un rango sobresaliente en la segunda parte de la novela, cuando el profesor recibe la noticia de la enfermedad e inminente muerte de su padre y evoca sus relaciones de infancia y pubertad con él, su inquietante deseo incontrolado hacia la figura paterna –en una delicada y epatante inversión freudiana- y ausculta sus deseos y costumbres actuales en la memoria de su imposible educación sexual. La novela, en cierto modo, pasa de la metafísica al psicoanálisis sin resentirse. En la tercera parte del libro la narración deriva a la aparición de la enfermedad y su gestión. Es un momento en mi opinión menos original y conseguido aunque coherente con el ambiente narrado. Sirve obviamente para resolver la figura de Mitko, y la novela adquiere un tinte más social por las diferencias sanitarias entre países, y la situación en Bulgaria al respecto.

Mladost, en Sofía, foto de TripAdvisor.

Greenwell domina muy bien el uso del entorno y los paisajes. Los paisajes y sus descripciones refuerzan con mucha potencia, y en general cierta grisura dramática, los estados físicos y mentales de los hombres protagonistas. Desde los barrios poco acogedores de Sofia a las playas y resorts vacíos de Varna, desde los paseos por los infinitos descampados a los viajes a los centros sanitarios, el acompasamiento entre pensamiento y entorno es casi adictivo. Paisaje y psicología se influyen y retroalimentan, aunque el retrato de país no es el más amable. Bulgaria, por Unión Europea que sea, no es un país rico ni igualitario, y el libro no devuelve la imagen de una sociedad abierta, ni en la atención sanitaria, ni en la represión homosexual tanto social como familiar… No calificaría a la novela de activista, pero su naturalismo subyugante, a veces cerca de un miserabilismo controlado, funciona bien, y los problemas de aceptación están presentes como preocupación. No obstante, aunque el autor comprenda y trate con ternura a Mitko, sólo consigue adoptar el punto de vista del personaje rico dañado por la vida, y esto lleva a aristas morales en el juicio de la novela, pues, dados a retratar una represión familiar y social, una tragedia íntima, y una descomposición tanto física como moral, Mitko –los diferentes Mitkos del mundo- exigen –en 2019, pero también en 2010, por vertiginosos que sean los tiempos- trascender, opinar, una mirada propia. Creo que eso aún falta.

Garth Greenwell, por Jarma Wright (vía)

18 de agosto de 2019

Pero yo soy manantial



Pero yo soy manantial, y necesito expresarme, responde Federico García Lorca en una viñeta de Vida y muerte de Federico García Lorca a un amigo que le pregunta por qué está escribiendo, ya que él apuntaba para músico. Lorca se queja de que sus padres no apoyan su carrera musical. Pero él necesita expresarse, claro.
 
Vida y muerte de Federico García Lorca es un cómic de Quique Palomo que utiliza la biografía de García Lorca escrita por Ian Gibson hace 20 años como base. Ian Gibson, de hecho, figura como autor principal, en letras más grandes. El libro plantea una estructura lineal con capítulos divididos por los lugares en que vivió Lorca, subrayando así el valor del entorno, el poder psicológico que cada lugar y sus habitantes causaban en él, y usando los viajes como desarrollo de una vida. Soy manantial es una frase pronunciada mientras aún vive en Granada pero tiene la oportunidad de viajar por Castilla y Galicia con un profesor ejemplo de la fortuna que Lorca tuvo al cruzarse en su vida con una importante cantidad de reformadores cultos y comprometidos con la educación. No puedo destacar, para quien haya estado interesado en la figura de Lorca, demasiadas novedades de interés en el libro, salvo quizás el naturalismo con que se muestra la vida sexual de Lorca, novedosa en el tratamiento ficcionado de la vida del mayor mártir homosexual de la historia española, que hasta ahora se nos había más o menos negado.

 
La biografía de Ian Gibson

Lorca es un mártir de la causa homosexual asimilable o comparable, con las diferencias de época y lugar, a Oscar Wilde, y en este caso me interesa la necesidad de expresarse de ambos, como símbolo también de la desarmarización artística, y de la reinvención del deseo por parte del homosexual en tiempos oscuros. Para Wilde, la vida también era deseo de expresión (así lo dice en La decadencia de la mentira, su ensayo sobre el sentido del arte), para él la naturaleza imitaba al arte y el arte naturalista, reflejo de la realidad y sin aparente artificio no sólo era más aburrido, sino incluso menos verdadero. En la obra de Lorca sin embargo veo el reflejo de prejuicios sociales y familiares, realistas y profundos, cuyo peso personal en la vida íntima me parecen difícilmente evitables; pero, a la vez, pudo vivir la máxima modernidad que al menos España podía ofrecer en aquel tiempo, y ya existen registros que indican amantes y experiencias suficientes, hoy en día narrables (y hace veinte años, por ejemplo, aún no). Aún así, la naturalidad con que se acerca a los hombres, la naturalidad y desinhibición especialmente de los momentos con Salvador Dalí, me resulta, posiblemente por mi propio prejuicio cultural, difícil de asimilar. Mi educación heteropatriarcal y judeocristiana está seguramente demasiado enraizada y le imagina e incluso prefiere reprimido y doliente, como también se reconoce alguna vez en el libro. La peculiar contradicción psicológica me abrumaría como autor de la biografía, la verdad. Tampoco tiene que ver necesariamente con la época: podría creerlo en Cernuda sin problemas, por ejemplo.

 
Lorca y Dalí en la playa

Lo explícito en lo sexual puede ser lo único que resta de ver al dibujar la figura del divino Lorca. Tal vez más que la ausencia de su cadáver, hecho que pesa irremediablemente sobre cualquier análisis de su figura. Este cómic es empático y naturalista, un excelente resumen narrativo de una vida compleja, con una elección estética adecuada en mi opinión (un entintado negro simple sobre fondo blanco y azul muy bien usados y un buen pulso emotivo en encuadres, paisajes y primeros planos), devoto de la evidente alegría lorquiana, pero es también víctima de esta inevitabilidad impuesta por el desgarro franquista. Creo que la mayoría de gente, incluso lo suficientemente leída, conoce más a Lorca por unas fascinantes aunque terribles vida y muerte que por su lectura directa, o incluso sus influencias futuras. Hoy Lorca sería una figura gozosamente pop en muchas culturas cercanas, como Wilde, como Proust, como obviamente Warhol y Bowie. Su muerte, el carácter político que añade su vida cultural y su homosexualidad, parece impedirlo, y un sesgo de grave severidad le domina y probablemente le niega (el cómic en cierto modo lo sabe, pero escoge para su portada un momento terrible, de rodillas delante de su fosa). Creo que él mismo estaría más cerca de la visión irónica del tótem en que su memoria se ha convertido en Granada (que tan bien describe Weldon Penderton en Salvemos la Jarapa), que de este recuerdo dramático, inapelable en su hecho, pero sólo manidamente tratable en su desgracia permanente.

 
Quique Palomo (vía Tebeosfera)


8 de agosto de 2019

Optimismo, volumen 2


 


Factfulness arrastra una leyenda moderna: haber sido regalado por Bll Gates nada menos que a todos los universitarios estadounidenses graduados en 2017. No sé (no quiero saber) cómo accedería Gates a semejante cantidad de datos, pero aplaudo el gesto. También Barack Obama, convertido ya en famosos que recomienda listas, puso a Factfulness en un pedestal. Bueno, pues sí, el libro lo merece mucho, muchísimo incluso.

Los subtítulos de Factfulness (un título intraducible por sí mismo: ¿factualidad? ¿factualización?) presenta en su portada son reveladores: Cómo los prejuicios y un mal uso de los datos condicionan la visión de los problemas del mundo, y Diez razones por las que estamos equivocados sobre el mundo y por qué las cosas están mejor de lo que piensas. Normalmente titulares con este aire de autoayuda me hacen huir de un libro, pero se produce una inversión curiosa: los autores (uno principal, el ya fallecido Hans Rosling, su hijo Ola Rosling y su nuera Anna Rosling Rönnlund, quienes ejecutaron gran parte del análisis gráfico esencial en la presentación de datos e hicieron la revisión final del libro debido a la enfermedad de Hans Rosling) usan presentación, lenguaje y escritura cercanos a la literatura de autoayuda para presentar resultados obtenidos mediante una aproximación científica a datos económicos y sociales de la humanidad. En realidad el libro no es interesante por sus valores literarios (algunos pasajes me han parecido infantilmente redactados), pero los autores no tienen interés obvio en el ensayo como arte. Creo que estamos ante un libro de texto, de contenido y presentación sencillos y amenos, con alto valor pedagógico, para un consumo generalizado, que asume su posición con una agradecible modestia expositiva, y que sabe apelar primariamente a nuestra inteligencia. No es, sin embargo, un trabajo simple, encierra en sí mismo un resumen de la vida y obra de Hans Rosling, incluye ejemplos depurados devenidos en demostraciones sencillas, y no presenta teorías arrogantes. Y, por supuesto, su metodología gráfica da algunos resultados brillantes.

 
Esperanza de vida frente al ingreso anual por países y continentes, en 2018. Este gráfico está sacado de la web de GapMinder, fundación creada por la familia Rosling, que trabaja en estudios de datos, y que contiene diferentes herramientas para obtener los gráficos incluidos en Factfulness. Se puede trabajar con estas herramientas fuera de la web, y todos los datos están disponibles.

El método de Factfulness parte de una encuesta con una serie de preguntas sencillas sobre el estado de algunas cuestiones globales, que, en general e independientemente de la formación, situación económica y estatus social, tendemos a responder mucho más negativamente que lo que corresponde a la realidad (con una excepción, la pregunta sobre el cambio climático). Rosling analiza después cada pregunta en un capítulo específico, que relaciona con un instinto humano primario, en varias ocasiones adscribible a una psicología elemental de supervivencia, que el autor considera que produce una contradicción elemental entre nuestra sensibilidad subjetiva individual y nuestros logros sociales como colectivo. El análisis antropológico (por ejemplo: ya no somos animales de caza pero mantenemos aún emociones similares) resulta un tanto simplón, así como el ejemplo personal que Rosling describe en cada capítulo, pero está exento de paternalismo y lleno de humildad ante el aprendizaje. Incluye además instintos peculiares que hacen perder criterio a personas que en otros ámbitos puedan ser racionales en su observación y deducciones: los militantes de cualquier causa, incapaces de juzgar objetivamente los resultados de su lucha por el hecho de convertir esa lucha en un objetivo más que en un medio, podría ser el mejor ejemplo. Veo un mayor logro en la simplicidad de la segmentación económica que Rosling aplica a toda la humanidad, con una separación por rangos de ingresos, que determinan necesariamente el estilo de vida, y que dividen claramente la forma de ver el mundo. Es esclarecedor porque además Rosling lo compara en el tiempo y en el espacio, elimina con clarividencia cualquier tópico nacional o racial en la consideración del progreso humano, y articula un cambio lógico, comprensible y alejado de las generalizaciones en el punto de vista sobre la situación económica de cada país.

Los métodos y resultados de Factfulness me han recordado mucho a los de un libro que leí hace cinco años, The Rational Optimist, que reseñé con cierto entusiasmo contenido. El autor, Matt Ridley, tenía un tono más triunfalista (algo que Rosling evita explícitamente) ante los problemas individuales y teorizaba sobre las bondades del libre comercio y la innovación, con confianza plena en ambos, para sustentar el progreso y superar el cambio climático, lo que en cierto modo también parecía una excusa política (Ridley es un Lord del Partido Conservador, además de científico y excelente divulgador, al menos por los dos libros que he leído de ñel, el mencionado y el estupendo Genoma), que en Rosling claramente no existe. Pero también incluye su mención política y económica sobre el papel del estado frente al de la iniciativa individual, y la necesidad de equilibrio entre los valores positivos de ambos.

Pero no es este subtexto político el destacable en Factfulness, claro. El libro tiene un punto de clarividencia asombrada y de honestidad expositiva que es atractivo y aplaudible. Dan ganas de llevárselo a las reuniones de cuñados, de explicárselo a los analistas inmediatos de webs y noticias, a los agoreros del apocalipsis, porque bajo su modestia late un encomiable trabajo y un humanismo moral que desarman cualquier tertulianismo estúpido.

 
Hans Rosling, por David Shankbone (vía)



26 de julio de 2019

Don Miguel

 


Habría sido probablemente más adecuado leer más libros de Unamuno antes de afrontar este volumen que me llevaba tiempo esperando entre las lecturas pendientes. No se trata en cualquier caso de una biografía, sino de una serie de ensayos escritos por María Zambrano desde el exilio a principios de los años 40 sobre uno de sus principales maestros filosóficos (el otro, profusamente nombrado en el texto, es José Ortega y Gasset). Algo repetitivos y deslavazados, estos ensayos no tuvieron continuidad y no fueron publicados; algunos llegaron a ser conferencias, pero el hecho es que la autora no los revisó críticamente para preparar una edición adecuada, y, finalmente, la Fundación María Zambrano los reunió, dotó de cierto orden, e imagino que con el prurito preservador que se le supone a las fundaciones, no sometió a edición crítica el texto. Un texto que, no obstante, brinda elementos de análisis de alto interés sobre la personalidad intelectual de Unamuno y su desarrollo en su obra y expresión vital y literaria general, que parte obviamente de alguien que le conoció y estudió, y con quien compartía intereses filosóficos.

 
Miguel de Unamuno en los años 30 (vía)

La personalidad fundamentalmente disidente y contradictoria de Unamuno es aún recordada. Su afán por la controversia, sus cambios de opinión debidos a avatares de su vida y su profesión, y su capacidad de expresión para apuntalar sus opiniones, con un dominio de la palabra que le hacía genio en el arte de la réplica, forman parte de una convulsión hoy paradójica que Zambrano achaca a una personalidad alineada con el romanticismo y el idealismo alemanes, que hicieron del yo la realidad radical, trascendental por excelencia. La convicción de Unamuno era además que ser escritor consistía también en ser original, lo cual, junto a dicha permisibilidad de su tiempo para hablar desde el extremo personal, le dieron forma. Según Zambrano no es por tanto de extrañar que a personalidad tan arrolladora el ansia de vivir y la posibilidad de inmortalidad le amargaran la vida, y, dado el tiempo que le tocó vivir, le llevaran al debate religioso como caso único de su tiempo, al ser según la autora el único pensador de su tiempo que no practica la inhibición religiosa. En un tiempo en que las ideologías se afanaban en sustituir el espacio hueco que Dios había dejado, Unamuno aún discutía del combate entre la fe y la razón, resumido como ensayo en el sentido, emotivo, poético, Del sentimiento trágico de la vida.

Muy peculiarmente, tanto el debate religioso como la exacerbación del yo encajan con una visión particular de la filosofía como especialidad que Zambrano observa al contrastar su práctica en España como una filosofía alejada del abstraccionismo germánico, y modulada por el poder de lo metafórico y lo poético en el pensamiento, con un apego incluso amoroso a las cosas. Zambrano no puede sino escribir desde su exilio de 1940 con la lágrima aún viva por la España perdida, y todavía impregnada de una necesidad no ya filosófica sino esencial, ontológica, por definir el carácter de lo español como categoría. Una época en que ni los enemigos vencidos por el ultranacionalismo franquista podían despejarse de otorgar un carácter trascendente, sin duda también romántico en origen, a la tradición nacional, a la definición del comportamiento según circunstancias identitarias. Esta retórica se hace a veces cuesta arriba en el libro, porque se acompaña de cierto carácter discursivo en la redacción. Es una lástima, porque en ocasiones Zambrano enfoca el problema con habilidad certera en el detalle y en la definición histórica, como en el capítulo sobre la envidia española y su raíz religiosa.

Unamuno es un bilbaíno inabarcable, paradójico y ciclotímico, al que si he leído más de lo habitual en escritores de su tiempo es sin duda por su origen. No siempre me ha parecido un escritor tan brillante como Zambrano afirma, pero algunos de sus libros son lúcidos especialmente en el desgarro de caracteres sesgados por la irracionalidad religiosa. El libro de Zambrano, si se pondera la prosopopeya de la época, es un viaje estupendo a varias de las caras de Don Miguel.

 
María Zambrano (vía)

16 de julio de 2019

¡Marica!



Wiliam S. Burroughs, legendario escritor de la generación beat, drogadicto, homosexual y homicida, autor del que hace muchos años y en realidad por influencia de David Cronenberg, leí El almuerzo desnudo (1959), apenas tiene libros verdaderamente conocidos, y diría que un título tan explícito como Marica no lo es. Marica es una novela publicada tardíamente, bajo el título en inglés Queer, en 1985, apenas doce años antes de la muerte de Burroughs y cuando ya era una figura casi legendaria. Marica tiene el mismo tono extrañado y alucinado de Burroughs que ya se ve en El almuerzo desnudo, el ritmo premioso de la cotidianeidad, y el retrato de una marginalidad situada entre la contracultura provocadora y un individualismo furibundo. Qué duda cabe que las connotaciones de Queer pueden ser mucho más adecuadas para el título.

David Cronenberg dirigió El almuerzo desnudo en 1991

Pero Marica, sobre todo, recupera a Lee, el protagonista de Yonqui, el otro clásico conocido de Burroughs, novela autobiográfica en la práctica, firmada con el nombre ficticio de Bill Lee, y de título una vez más explícito. En Marica, Lee vive en México en la extraña busca del amor físico en cuerpos jóvenes. No extraña obviamente por la homosexualidad, sino por la distancia del individualismo conceptualizado desde la armarización que supone que el comportamiento de los homosexuales deba ser contracultural o provocador, acompañado aquí de las varias adicciones de Lee y sus amigos. Marica me resulta a la vez testimonio poético y vindicación sociopolítica de unas maneras de relacionarse ya superadas en Occidente (si la Historia no lo revierte). El libro corresponde a una generación dolida y orgullosa, y, en cierto modo, es sorprendente que se publique en 1985, cuando la supervivencia de la contracultura gay tenía matices muy distintos. No es que su lenguaje suene rancio 35 años después, sin duda tiene el mismo aliento irónico beatnik de los cincuenta, cuando Burroughs lo escribió en realidad. Pero los tiempos y los lectores cambiamos: la naturalidad del sexo, por ejemplo, sugiere una liberación taciturna incluso más que un propósito burlesco.

Burroughs maneja muy hábilmente dos elementos literarios que me agradan: la figura del observador lúcido instalado en el solipsismo narcisista (negado para ver el avance del mundo, teórico estricto instalado en el convencimiento de una visión superior, pero necesitado de la carne y la realidad), y la fuga poética en este caso altamente lisérgica. Lee se desenvuelve por América Latina en compañía de otros norteamericanos cual diáspora sexual que en territorios exóticos para el Occidente rico es (era) comportamiento liberal de sociedad adinerada. Lee vive de una pensión sin nombre, y viaja en busca de una ayahuasca mítica, lo que hace al relato aparente díptico/dupla/secuela con/de Yonqui, y así no puedo juzgar bien nuevos logros o posibles continuidades entre los textos. Burroughs posee sin duda eso que llaman universo propio, y su escritura es reconocible, su personalidad rastreable en los textos. El desapego de sus protagonistas por la vida, las descripciones premiosas, la frialdad a veces cruel de sus impresiones, el escaso humanismo o solidaridad… hacen de él un autor poco cálido y alejado de un éxito que a él ciertamente puede no importarle, pero también es cierto que pierde capacidad empática sin ninguna perspectiva emocional, o sin ternura alguna por sus criaturas.

William S. Burroughs (vía)




27 de junio de 2019

El franquismo y la apropiación del pasado








Desde la presentación, este libro recopilatorio de una serie de trabajos sobre historiografía, arqueología y estudio del arte durante el franquismo, quiere responder y explicar si el régimen se apropió del pasado histórico para apuntalarse y justificarse. La respuesta es tan esperada como conocida, claro. Lo fabuloso de entrar al detalle, casi 45 años después de la muerte del dictador, es el delirio que alcanzó el franquismo en su invención del pasado y en la necesidad de equiparación de su líder con los nombres que le interesaban del pasado histórico español: la necesidad moral de que la cruzada fuera justa, leída así en su conjunto, deja un poso de tremendo complejo de inferioridad por parte del franquismo, que no sólo se sabía usurpador del poder y el destino del país, sino que se también se sentía así.

Yo nací en el tardofranquismo, y recibí obviamente su educación durante mi infancia. No son lo mismo desde luego los años cuarenta o cincuenta que los setenta, el régimen también mutó en sus formas, y combinó su necesidad de adoctrinamiento con la imagen exterior precisa para el desarrollismo que impregnó a las clases medias alrededor de los 25 años de paz. Pero tengo el recuerdo, anclado en el implacable País Vasco de los setenta, de una percepción continuada de la falacia en las historias de la Historia que el régimen utilizaba y había utilizado durante décadas, a la que contribuía también el acceso torrencial y liberador a informaciones que lo contradecían de continuo. La equiparación de Franco y su régimen a los Reyes Católicos o a Felipe II y sus imperios. La Reconquista y sus batallas, de Pelayo a Boabdil. La colonización y el papel de España en defensa de la religión verdadera en el mundo. Todo sonaba tan enmohecido, todo era tan moralmente inaceptable, tan emocionalmente ineficaz, que redundaba en un rechazo directo, incredulidad ante las supuestas glorias del pasado, y una desconfianza profunda ante la encarnación de las esencias de lo español. En aquel entonces, yo me lo tomaba en un aspecto general también inadecuado, porque mezclaba lo español con lo franquista; luego me vi obligado a diferenciar los matices, claro.

El franquismo y la apropiación del pasado, subtitulado El uso de la historia, de la arqueología y de la historia del arte para la legitimación de la dictadura, sigue un orden cronológico, el correspondiente a las diferentes épocas históricas en la península ibérica, que, en varios casos, corre peculiarmente en paralelo con el cambiante interés de los diferentes períodos cronológicos del franquismo. El libro no subraya, salvo algún caso particular, la psicología de la cobardía vergonzosa que supone que el régimen no pudiera afrontar la verdad histórica que negaba de continuo su legitimidad. Pero el listado de delirios es, no obstante, memorable, y creo útil recuperarlo. No hace tanto tiempo que se decían cosas tan absurdas como éstas:

1.- Los gestos de salutación de varios exvotos ibéricos de bronce (…) eran considerados como los antecedentes del saludo fascista nacional, y no sólo eso, sino que además lo consideraban como una cesión del pueblo español al Imperio Romano:

 
Exvoto ibérico de Collado de los Jardines, Jaén (vía)


Se saludaba así a los romanos para anunciarlos que, después de las luchas enconadas con que Iberia había desafiado a las legiones de Ro ma se sometía y se casaba con su cultura superior; y, además, para indicar en ademán de paz, tendida al aire, la palma abierta de la mano su saludo a las legiones cesáreas que se acercaban. El gesto noble y caro ganó espacio. Repetido por las legiones romanas llegó a Roma y encontró pronto resonancia y extensión mundial (ABC, 25/04/1942)
 (mencionado por Juan Pedro Bellón Ruiz, en su capítulo Los otros exiliados del franquismo: los íberos)

2.- Trajano y Adriano fueron figuras presentadas en la educación y propaganda franquistas como esenciales en la regeneración política y moral del imperio (…) sobre todo por un concepto providencialista del español (…) que habría servido para preparar la difusión del cristianismo

Adriano (sin Antinoo) (vía)


La primacía natural de los españoles hace que en el siglo segundo después de Cristo sean desplazados los emperadores de origen romano por la serie hispanizante de los Antoninos (…) Todo está ya dispuesto para que arraigue la predicación cristiana en el Imperio. Así es como los españoles cumplen la alta misión de preparar la siembra del cristianismo al transformar el poder de Roma y al hacer sentir a todos los hombres de su imperio la intensa sed de un Dios al que pudieran llamar padre. (Antonio Almagro, Constantes de lo español en la historia y en el arte, en Francisco Pina Polo, El estudio de la Historia Antigua en España bajo el Franquismo, Anales de Historia Antigua, Medieval y Moderna, 41, 2009)

(mencionado por Irene Mañas Romero en su capítulo La historia de Roma y la España romana como elementos de la identidad española durante el período franquista)

3.- La forja de la cultura ibérica tendría en los visigodos, por su carácter germánico, un importante punto de apoyo (…) La desintegración del gran Imperio romano había generado una falta de coherencia espiritual, debido principalmente a la heterogeneidad religiosa, racial y cultural que únicamente pudo resolverse con la creación de una unidad nacional lograda (…) por la labor de Leovigildo, de sangre germánica pero de nacimiento español, que le hizo unificador nacional


(mencionado por Carlos Tejerizo García en su capítulo Nazis, visigodos y Franco: la arqueología visigoda durante el primer franquismo, basándose en textos de Julio Martínez Santa-Olalla, Esquema paletnológico de la Península Ibérica, 1946, y Wilhelm Reinhart, El Rey Leovigildo, unificador nacional, 1945).


4.- Para mostrar la profunda españolidad de Al-Andalus, el más frecuente de los expedientes consiste en mostrar la plena compatibilidad de ciertas realidades de la España musulmana con la de otros períodos de la historia nacional, mediante el establecimiento de paralelismos:

Abderramán III, fundador del Califato de Córdoba (vía)


Esta característica fundamental del Estado omeya casa perfectamente con las de casi todos los períodos de la accidentada historia hispánica. El mismo fervor que los españoles del Siglo de Oro habían de poner en la defensa de la doctrina católica frente a las herejías luteranas, lo ponían estos musulmanes ibéricos en opugnar, aferrados a la tradición y a los argumentos de autoridad, las innovaciones heréticas y las audacias intelectuales que fermentaban en la Mesopotamia de los abbasíes (Emilio García Gómez, La trayectoria Omeya y la civilización de Córdoba, volumen IV Historia de España Ramón Menéndez Pidal, 1950)

(mencionado por Alejandro García Sanjuán en su capítulo Al-Andalus en el nacionalcatolicismo español: la historiografía de época franquista (1939-1960))

 
Los Reyes Católicos de la Wikipedia

5.- El imaginario medieval vinculado a los Reyes Católicos, hábilmente manipulado por el Régimen, fue manifestándose en múltiples facetas de la vida cotidiana, ya fuera de manera evidente o subliminal. A modo de ejemplo, en 1951, una pareja podía ir al cine a ver Alba de América, no sin antes participar de las loas propagandísticas del NODO, salir y fumarse unos cigarrillos de la marca “Tres Carabelas” o beber una copa de vino “Reyes Católicos”.


(mencionado por Daniel Ortiz Pradas en su capítulo Tanto monta. Apropiación de los símbolos e imagen de los Reyes Católicos durante el franquismo)

Los protagonistas de El Jabato (vía)

Y no termina aquí: la Dama de Elche representando el casto y generoso carácter español, los musulmanes de Bagdad presentados como heréticos frente al ortodoxo y justo Islam de Córdoba (¡!), Franco representado como el Cid, o construyéndose su propio Escorial (del que ya se había apropiado como ejemplo glorioso) en el Valle de los Caídos, el ejemplo estupendo de los tebeos, con incongruencias como presentar a protagonistas íberos del siglo I a.C. pero ya cristianos, como Jabato; o, por añadir uno especialmente doloroso al ser resultado de la volubilidad del régimen durante la postguerra, el sorprendente movimiento entre la preferencia por íberos o celtas como antecesores del pueblo y carácter españoles según les fuera a los nazis en la IIGM, ya que éstos se veían más justificados por el carácter ario de las culturas celtas que por las culturas procedentes del sur del continente.

En fin, El franquismo y la apropiación del pasado va más allá de ser un catálogo de locuras sinsorgas y su tono es científico y racional, sin olvidar el apunte político general continuado que resulta bastante inevitable ante al abrumador aporte de pruebas. El análisis del discurso apropiador , sus metodologías y sus en general claras conclusiones son resultados del análisis historiográfico que se detiene también en las figuras personales de interés (Santa-Olalla, Sánchez Albornoz, Menéndez Pelayo), entronca con la apropiación nacionalista ya procedente del siglo XIX (y de carácter también europeo), que en el caso español se quiebra con el derrotismo noventayochista, detalla con mimo la dirección política de la arqueología nacional, y, en cierto modo, otorga un perfil al franquismo cercano al ridículo. Que era la sensación que anteriormente comentaba como propia al recibir su educación.

Algunos capítulos merecen ser especialmente destacados por serme más novedosos, probablemente por no ser ya los ejes dominantes de la apropiación franquista cuando estudié, y por ello su lectura me ha supuesto más aprendizaje. Desde luego, está la preferencia nacionalsocialista por el carácter celta de los españoles para que Franco pudiera aportar algo a la mítica germánica en los primeros años de la IIGM. También está la sorprendente inversión del discurso oficial sobre la Reconquista que el escaso cuerpo de historiadores arabistas construyó, que se inicia con el intento de reconocimiento de la contribución a la españolidad de la presencia árabe en la Península para acabar mutándolo dando por imposible que los árabes, escaso en número, pudieran conquistar a toda la población cristiana existente, que en realidad los moldeó y adaptó a su carácter, de modo que su resistencia al califato de Bagdad o los reinos de Taifas no fueran sino muestra de carácter español. También ha sido instructivo repasar la presencia visigoda como primera unidad política española tan discutible como independiente, porque en mi educación los mitos godos ya estaban más diluidos frente a la Reconquista, los Reyes Católicos y los primeros Austrias. Y, por supuesto, el Escorial y su historiografía, en un capítulo que muestra cómo los hermeneutas del monumento caían en el odio profundo de cualquier debilidad antiespañola, con querencia especial hacia las reinas extranjeras que se asentaban en el país fruto de la política de alianzas matrimoniales.

En general, todo el libro se lee estupendamente, sin grandes variaciones de tono a pesar de los múltiples autores, un mérito importante del editor, Francisco J. Moreno Martín, de la Universidad Complutense de Madrid, que incluye también un capítulo dedicado al Estado Novo de Salazar. El libro es tan divertido y adictivo como absurdo, pero dispone de una bibliografía seria de interés. Echo de menos, eso sí, un índice de personajes y temas, y, tal vez, mayor extensión a la cultura popular (en este caso basada en la Historia, claro) creada durante aquellos años imposibles.