Mostrando entradas con la etiqueta Yuval Noah Harari. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Yuval Noah Harari. Mostrar todas las entradas

7 de diciembre de 2022

Homo Deus

 


Este best seller de Yuval Noah Harari publicado en 2017, tras su anterior exitazo Sapiens, se inicia declarando que el tiempo de las guerras, las pestes y el hambre ha sido superado por la humanidad. Esta declaración es excelente a la luz de los acontecimientos posteriores de 2020 a 2022, ya que el momento actual apela de manera directa a la argumentación que el autor pueda emplear y ver si resiste semejante envite. Para Harari estos fenómenos siguen existiendo (recordemos que vive en Israel), pero entran en una categoría de retos manejables. Su desaparición de la preocupación diaria de la mayor parte de la humanidad genera un vacío, que es necesario llenar, para Harari mediante tres estrategias principales: superar la muerte, el derecho a la felicidad, y conseguir una nueva divinidad inorgánica. Para Harari no es posible echar el freno a estas tendencias, a pesar de las asimetrías sociales que supondrán que sólo sean accesibles para privilegiados, y para ello se basa en su aplicación del conocimiento de las tendencias históricas (especialidad real del autor) de la humanidad. La diferencia de este momento, para Harari, es que en esta ocasión los avances de una élite no van a conducir a una democratización con los años de los avances tecnológicos (lo que ha ido sucediendo en otros momentos de la Historia, aunque de modo a veces traumático), sino a una superación del humanismo como ideología.

El director general de la OMS declara la pandemia del Covid-19 el 11 de marzo de 2020


Las ideas recogidas hasta ahora completan la brillante introducción de
Homo Deus, un libro que el autor califica de prognosis en lugar de diagnosis, pero para cuya especulación ha utilizado una importante cantidad de lecturas científicas sobre tecnología, biología y neurociencias. A partir de la introducción, la lectura empieza a tener algunos de los problemas de Sapiens, incluso potenciados precisamente por su mayor carga de especulación: la simplificación histórica, la falta de matices y detalles profundos de situaciones complejas, o el desarrollo de discurso en favor de algunas ideas personales. Un ejemplo: según Harari, si las nuevas élites alcanzan una amortalidad inorgánica, o si la inteligencia artificial (IA) desarrolla conciencia/mente y es hábil para dominar al hombre, este quedará reducido a un organismo biológico esclavizado para cuya representación Harari emplea la comparación con el trato actual a los animales. Harari es vegetariano y animalista, lo que está muy bien, pero parece que en vez de este ejemplo (que también dispone de páginas en Sapiens) ya existen suficientes casos de esclavitud propiamente humana en la Historia en que poder fijarse. Otro ejemplo probablemente peor, dado que hablamos de un historiador, es la simplificación entre liberalismo y comunismo como sistemas políticos y filosóficos que han dominado el mundo desde la Segunda Guerra Mundial, un esquema exclusivamente confrontacional que obvia todos los reformismos progresistas ya presentes en el siglo XIX (recordemos el socialismo utópico, el programa de Gotha, que Marx criticara, o a Gramsci distinguiendo que lo adecuado para Europa occidental era una “guerra de posiciones”, ganando poco a poco terreno en la sociedad civil y hasta en la política, mientras que en la oriental, como en Rusia con los bolcheviques, era la “guerra de movimiento”, es decir, el asalto frontal a las instituciones opresoras). Harari no exige en su análisis esta premisa de reformismo. Y no quiere considerar, y es explícito en ello, a los sistemas dictatoriales o teocráticos como participantes activos de la ciencia y la tecnología que definirán el mundo; pero esto parece cuando menos matizable y sólo muy simplonamente resumible en esa dicotomía filosófica. Pero lo cierto es que esto parece parte del estilo de Harari: una aproximación divulgativa simplificada que entrevé conocimiento y visión, pero se refugia en un juego de visión conjunta que deja tal vez demasiado lastre atrás.

Inteligencia Artificial, de Steven Spielberg

Su frase resumen de los avances tecnológicos que definirán la especia humana es los organismos son algoritmos, deudora de la tecnología hoy dominante (el autor recuerda que en otros tiempos los organismos se definieron de acuerdo a otras tecnologías, y se veían como máquinas o como coches), pero el salto a lo inorgánico supondrá un cambio esencial al desgajarnos definitivamente de lo orgánico/biológico. El materialismo de Harari es extremo; ya en Sapiens afirmaba que todo lo no biológico o físico formaba parte de una ficción cuyo relato permitía a los humanos cooperar y confiar en otros a pesar de no conocerlos. Esas ficciones incluyen los países, las ideologías, el dinero, el crédito y los bancos, las empresas, y, por supuesto, las religiones; de hecho, Harari prefiere resumir como religiones a todas estas ficciones, como relatos necesarios para convencer a los humanos dado que estos están diseñados según algoritmos que producen emociones que en un pasado (de hambre, peste y guerra) sirvieron a la especie para sobrevivir. Pero, si los organismos son algoritmos, éstos son descifrables y programables, y es cuestión de tiempo y tecnología que se conozcan los mecanismos de las emociones, y que esto termine con la ensoñación actual de existencia de libertad (Harari la desprecia de facto al definirla como una combinación de fenómenos deterministas y aleatorios, acercándose a las teorías conductistas de B. F. Skinner que ya mencionara Shoshana Zuboff en su trabajo sobre el capitalismo de la vigilancia), con el humanismo como filosofía, y, por supuesto, con el liberalismo político y económico dominantes.

Garry Kasparov se enfrenta a Deep Blue (vía)


La parte central de Homo Deus resulta menos interesante, de nuevo debido a las simplificaciones de ecuaciones o los conflictos de pura ingenuidad que plantea entre juicios éticos y declaraciones fácticas para estudiar el modo en que las religiones (recordemos que son todas las ficciones e ideologías del mundo) están siendo dominadas o vampirizadas por la ciencia y el capitalismo, y cómo el humanismo ha triunfado -con sus variantes liberal y comunista- como nueva religión global desde el siglo XIX hasta ahora. Los ejemplos concretos un poco banales y los históricos procedentes del cambio de percepción del valor del hombre concreto son múltiples en esta sección, que va poco a poco describiendo las confusiones que la IA, su desarrollo y su potencial, añade a la contemporaneidad, incluyendo el debate relevante sobre si es necesaria la disposición de conciencia o inteligencia para que la IA se desarrolle por sí misma o no. Algoritmos que juegan al ajedrez, que imitan sin distinción a Bach, o detectan cánceres donde los médicos no lo hicieron… la tendencia demuestra que los algoritmos inorgánicos acabarán haciéndolo mejor que los orgánicos, los superarán, y crearán una enorme masa de humanos ociosos o inútiles, y una casta privilegiada de humanos mejorados.

Harari acaba pronosticando una religión nueva: el dataísmo, la religión de los datos, capaz de interpretar incluso la Historia humana, su variedad, conexiones y libertad de movimiento en términos de procesadores de datos. Se interroga por el futuro de esta religión nueva dada su orientación exclusiva a decisiones, que no siempre es lo más esperable o necesitado en la vida humana -y quién sabe si la especie reaccionará de algún modo inesperado-. Son probablemente las últimas ideas casi brillantes de un libro interesante y especulativo, en cuya simplicidad de exposición se encuentra su gran valor de venta (que es un trabajo complejo también a conseguir), pero que causa perplejidad por ello mismo al especialista y al pensador. Harari además apunta alto, pues desdeña la filosofía (que explica por otro lado buena parte de las aproximaciones al pensamiento que realiza) e incluso a autores cientificistas que se proclaman liberales como Pinker o Dawkins (imagino que lo haría también con Zuboff). El libro ya anuncia pronto que en realidad no proporciona respuestas, porque aún no existen, y su inventario de tecnologías que cambiarán el mundo tiene cierta inconexión probablemente característica del propio mundo y a pesar de su esfuerzo homologador. ¿Veremos si le asiste la razón y en qué? ¿Seremos libres y conscientes cuando suceda?

Yuval Noah Harari, según la foto de su web

 

 

 

22 de diciembre de 2020

Sapiens

 

Recomendado por todas partes, finalmente he empezado a leer a Yuval Noah Harari por el principio de su éxito: Sapiens. De animales a dioses. Breve Historia de la Humanidad. Es un ensayo terminado en 2013 y que ha vendido, dicen, quince millones de ejemplares en el mundo, lo que le ha dado fama universal y le ha permitido entrar en el mundo de los grandes conferenciantes y pensadores del futuro. Ha escrito al menos otro ensayo más de gran éxito: Homo Deus. Breve historia del mañana. Una situación excepcional como ésta, de un autor además procedente de una tradición diferente (escribe originalmente en hebreo y vive y trabaja en Israel), tiene sin duda más de una capa de análisis interesante.

Sapiens se presenta como un libro de Historia de Homo Sapiens, única especie superviviente del género Homo, que queda estructurada en tres momentos decisivos, según el autor:

-la llamada Revolución Cognitiva, ocurrida alrededor de hace 70.000 años por factores aún desconocidos pero que el autor relaciona decisivamente con la capacidad de nuestra especie para crear o imaginar entes no reales (o no biológicos, si se prefiere) que permitieron una coordinación social de intereses a pequeña escala. Esto hizo que Homo Sapiens saliera de África y se expandiera por todo el mundo, que extinguiera a las otras especies Homo y a toda la megafauna terrestre, aunque conservando una economía de cazadores-recolectores casi mayoritariamente nómada

-la Revolución Agrícola, iniciada hace 12.000 años parece que de manera inevitable (ya que sucedió en lugares distintos y separados por hechos casuales que se afianzaban a sí mismos) y que, además del asentamiento y la aparición de la vivienda, supuso el inicio de los monocultivos, la ganadería y la creación de élites: las entidades imaginadas (iniciadas en la anterior Revolución) son ya más poderosas y permiten una cooperación organizada entre muchas más personas. Así, se crean los imperios, las religiones y el dinero, tres poderosísimas herramientas de cooperación entre extraños, que aumentarán la capacidad de cooperación. Harari cree que la Revolución Agrícola no fue un buen negocio: Homo Sapiens mejoró en seguridad y también en previsiones de futuro, pero aparecieron peores condiciones laborales, incluida la esclavitud, la dieta empeoró, la ganadería trajo consigo el contagio de enfermedades de los animales, y la especie empezó a dividirse por entes de nuevo imaginarios (o que no responden realmente a la biología): clases sociales, raza, origen, religión, género.

 Tablilla de arcilla de Uruk, con un texto administrativo sobre cantidades de cebada y firmado por tal vez el primer nombre registrado en la historia. Harari subraya la peculiaridad de que se tratara de un registro contable y no un poema épico, una orden legal, o una oración. Sapiens está lleno de este tipo de percepciones desmitificadoras.

-la Revolución Científica, que apenas tiene 500 años, a la que Harari pone como punto claro de inicio el descubrimiento de América por Colón: la humanidad descubre y admite su ignorancia, lo cual desencadena que los poderes imperiales fijen sus ojos en la ciencia y sus resultados tecnológicos para ampliar su poder. Dado que las empresas a organizar son arriesgadas y caras, el crédito (otro de los entes no reales en que Homo Sapiens pone su confianza futura) evoluciona con mejores prestaciones, y empieza a nacer un gran capital financiador. La conjunción de imperio (poder político), ciencia/tecnología, y capitalismo/financiación ha evolucionado, pero en sus fundamentos principales sigue hoy en boga.

Bueno. Hasta aquí un resumen del contenido, que obviamente toca muchos más puntos y que no es tan lineal y magro como lo que he expuesto. Al contrario, a pesar de esta línea histórica que más o menos sigue Harari, no tiene reparos en usar de continuo la relación connotativa, por ejemplo, al explicar la capacidad de Homo Sapiens de crear entes imaginarios desde la Revolución Cognitiva, hablando de sociedades anónimas o derechos humanos, o comparando crudamente el Código de Hammurabi con la Declaración de Independencia de los EE.UU. Sus entes imaginados incluyen las ideologías, el culto a la nación, el estado, el derecho, el capitalismo, el humanismo liberal o socialista, etc. Considera en gran parte que, definidas las religiones, varias de estas propuestas pueden definirse como parte de ellas en cuanto a su realidad de facto, y a la creencia en las mismas de Homo Sapiens. El libro incluye para mí ideas brillantes como algunas de las ya resumidas, a partir de una cantidad de hechos históricos que en gran parte todos conocemos. Recuerda a un autor que más tarde he leído que Harari admira: Jared Diamond. Supera con creces, en mi memoria, al Bill Bryson de Una breve historia de casi todo, que recuerdo más divertido, pero de menor calado o coherencia, y ni siquiera tan adictivo.

Portada del primer volumen de una edición gráfica de Sapiens que se ha comenzado a editar en varios volúmenes

Harari es consciente (es explícito en ello) de la importancia que para Homo Sapiens tiene la creación de relatos con el objetivo de creer en sus (nuestras) ficciones organizadoras, y sin duda ahí ha puesto su mayor esfuerzo en el libro: en la agilidad y sencillez de exposición, en el uso de los mismos conceptos en las diferentes fases históricas, y en las referencias que funcionan como anclas al pasado y al futuro en cada momento. El tono es ágil, las palabras sencillas, los ejemplos muchos (en ocasiones simplones, debo decirlo, con modismos o humorismos algo bobalicones), y el aire de desmitificación analítica y generalizada es muy fresco. A la par, en ocasiones y por esto mismo da la sensación de realizar asunciones muy generalistas, comparaciones algo gruesas, o de meterse en terrenos algo inabarcables en su contexto (como sus capítulos dedicados al género o a la felicidad). Para un libro de este estilo y ambición la bibliografía parece escasa, aunque también explica que en su web (deja un link) puede encontrarse completa. No me cabe duda de que esta aproximación, que parece ejecutada por una persona de gran cultura que domina una de las varias disciplinas que toca, es parte de su éxito popular, pero origen también de crítica académica. Cierto es que Sapiens ayuda ciertamente a afianzar ideas o pensar en paradigmas históricos distintos o inesperados. Pero en algunas partes he tenido la sensación de asomarme a cierta falta de rigor en favor de un relato siempre explicativo, aunque Harari admita más de una vez que hay muchas cosas de nosotros mismos que aún no sabemos.

Entre los apuntes extra de interés de la eclosión de Harari en el pensamiento traccionador occidental está el valor, a pesar de su ateísmo científico, que asigna al budismo como pensamiento práctico que busca alejar el dolor y que conecta con el hecho de que, a pesar del éxito biológico aparente de Homo Sapiens como especie dominante, son sus acciones en relación a la naturaleza, a los animales y plantas con los que se ha desarrollado, los que le han proporcionado ese dominio. Harari intenta incorporar la visión de estas otras especies, cuyo éxito reproductivo al ser adoptadas por Homo Sapiens es evidente, pero a costa de pagar un precio de dolor y explotación; a Harari le parece que la hoja de servicios de Homo Sapiens en la tierra es cuando menos cruel. Otro apunte de Harari es el fin previsible de la diversidad: Homo Sapiens camina hace milenios hacia una unidad global, destino último de su capacidad de cooperación como especie. Y termina abriendo camino a su siguiente libro: si ya desde la Revolución Agrícola hemos ejercido sobre la naturaleza una acción que no ha podido ser respondida por la selección natural (porque ésta es más lenta, al menos a nuestro nivel macrobiológico), si la ciencia vuelve a tener éxito en conseguir recursos que no agoten al planeta, si el cambio climático no actúa sobre nosotros con efectos laterales esperados o no (¿pandemias?), puede que las investigaciones actuales ayuden a diseñar un Homo Sapiens amortal, cuya aparición justifica el segundo título de Sapiens: de animales a dioses. Homo Sapiens ya no será Homo Sapiens, sino otra cosa por definir.

Yuval Noah Harari, según la foto de su web