2 de septiembre de 2009

En la boca del lobo

¡Qué libro apasionante este! Crónicas desde Berlín (1930-1936) es el conjunto de crónicas que durante esos años envió desde Berlín para su publicación en el diario madrileño ‘Ahora’ el periodista catalán Eugenio Xammar.
Xammar fue coetáneo, amigo y colega de varios hombres de oro del periodismo español de los treinta: Chaves Nogales (su editor en ‘Ahora’ y que ha sido recientemente reeditado en España), Pla (con quien compartía algo que podemos llamar ‘catalanismo’), Maeztu, Camba, etc… Hombres de prosa abundante y fluída, de una lectura sencilla, directa y denotativa. Algo que Xammar, figura reverenciada por varios de ellos, y que cayó en el olvido como varios de sus colegas por no adscribirse con devación y sin análisis a ninguno de los bandos de la Guerra Civil, cumple con creces.

El conjunto de reseñas o columnas periodísticas no es género que precisamente me haya apasionado cuando lo he podido hojear. Incluso me parece aconsejable huir de los libros que usando este modelo publican Javier Marías o Arturo Pérez-Reverte, recopilando sus tantas veces falsarias e histriónicas columnas de suplemento dominical. Pero en este libro de Eugenio Xammar se conjuran varios hechos que hacen de su lectura una experiencia apabullante:

- Xammar está en y escribe desde la verdadera boca del lobo de la Historia del siglo XX. Y lo hace sin saber lo que viene después, sin tener la representación del nazismo y sus consecuencias en la cabeza. Mediante crónicas objetivas, Xammar asiste a la desintegración progresiva de un régimen democrático por una dictadura ascendida electoralmente al poder, y cuya ideología nacionalista racial y expansiva va infiltrando sin pausa el fantasma de la guerra en Europa

- las crónicas son un modelo de prosa objetiva sin artificio ni aparatosidad, a pesar del control sobre la prensa extranjera que ejerce el régimen, y de que Xammar entiende bien los mecanismos de censura del sistema. No por ello se deja la ironía en el camino, sutil y acertada, ni un estilo que en verdad traiciona los objetivos que él mismo da a su profesión: la ‘descripción de los hechos’ que aparentemente explicita. Más que un estilo descriptivo o neutral, se trata de dar el mensaje verdadero entre las líneas que reflejan calma y reflexión, frente a la grandilocuencia exaltada nazi (o la marxista, que también comparece)

- Xammar escribe para España, para la España de la República que tenía fresca la experiencia de la absurda dictadura de Miguel Primo de Rivera. Sus crónicas terminan obviamente en julio de 1936, unos días antes del golpe franquista. Pero la ironía de analizar Alemania como dictadura desde la perspectiva ‘demócrata liberal’ de España es una impresión fuerte de la Historia para el lector.

- las abstrusas maniobras políticas para acaparar el poder internamente en Alemania (noche de los cuchillos largos, legislación contra judíos, eugenesia, incendio del Reichstag, control de prensa, anulación ‘legalista’ de la Constitución de Weimar, y la constante labor del Ministerio de Propaganda reforzando los anunciados y esperados discursos del Führer) se alternan con la entrada brutal de la Alemania de entreguerras en la política internacional (abandono de la Sociedad de Naciones, denuncia del Pacto de Locarno y petición de igualdad de los derechos militares decididos en Versalles, para acabara en la primavera del 36 con la militarización de Renania, dando lugar a un relato histórico arrollador, del que sólo se pueden esperar más páginas, lamentando que éstas tuvieran que acabar en 1936, cuando desde el futuro sabemos que empezaba lo más crudo del invierno. Xammar era el hombre adecuado en el momento justo, pero la Historia (en general, y el franquismo en particular) nos escamoteó que pudiera seguir siéndolo, y que nos contara la mayor de las guerras desde su epicentro.



15 de agosto de 2009

El profesor en la trinchera

¡¡No es justo!!

Supongo que por egoísmo, o por saber que no voy a ser padre, o porque, otros temas, simplemente, me han gustado más o parecido más interesantes, nunca he puesto demasiado interés en las cuestiones educativas. Aunque como ciudadano sea consciente de las situaciones que pasan profesores, alumnos y padres dentro de nuestra sociedad cambiante a la que los gobiernos han regalado también muy cambiantes leyes educativas.

¿Por qué me duelen los ojos?

Sin embargo, el hecho de que un amigo muy querido sea profesor de adolescentes en un centro escolar en un entorno algo difícil me ha llevado a conocer algunas situaciones tan estrambóticas (alumnos que utilizan Fotolog para acosar a otros alumnos, alumnos que insultan a sus profesores por Facebook, hijos de traficantes que hacen trapicheos en la escuela, amenazas públicas de palizas que hacen intervenir a la Ertzaintza, etc…) que cuando supe de la publicación de este libro de título tan denotativo como aparentemente real, no pude sino agenciármelo.

Un gran poder supone una gran responsabilidad

El profesor en la trinchera, obra de José Sánchez Tortosa, utiliza buscadamente referentes de la cultura audiovisual actual para exponer sus tesis y describir la situación en la aulas. Es decir, referentes que entenderían los que son el objeto central de la situación, los alumnos: Matrix, Los Simpson, Spiderman… Claro que el autor es profesor de Filosofía y muestra los clásicos de donde proceden estas obras y su aplicación en la educación, con preferencia por la caverna platónica y su cariz gnoseológico: el aprendizaje es recuerdo y el alumno es un esclavo que sólo ve sombras del mundo real y al que hay que liberar porque para él es más fácil seguir siendo un esclavo tranquilo y hacer caso de su naturaleza más primaria (ver sombras, o comportarse como un energúmeno, si se prefiere). Vencer esa resistencia es lo que convierte a la educación en una ‘guerra’.

Multiplícate por cero

El libro describe cómo anda esta ‘guerra’ en la actualidad: muy malamente, porque los alumnos tienen acorralados a los profesores y secuestrado el juicio de los padres, sin que las autoridades educativas sean capaces de romper este cerco (e incluso a veces parece que lo alimenten). Una situación que posiblemente es dada al derrotismo, y que el autor presenta con todas sus dificultades y fracasos, no por ello perdiendo ni el humor ni la lucidez ante las complejidades que un proceso como la educación objetivamente supone.

Aunque el libro no tiene un destinatario único claro, parece improbable que los alumnos puedan serlo. A los profesores posiblemente les guste el enfoque, pues seguramente les retroalimente su visión propia tratada con justicia exquisita. Para los padres, no obstante, debiera ser un libro muy útil. Para los legos en la materia como yo… he disfrutado con la aplicación sencilla de modelos filosóficas a una situación social directa, y con el hecho de haber sido capaz de ‘recordar’ (aprender, claro) los viejos mitos platónicos. Que los mitos modernos desciendan de ellos no es sorpresa, y que un filósofo utilice su saber en empresa literaria práctica y educativa no es novedad. Pero no por ello esta obra pierde interés o su ejecución es banal.

12 de agosto de 2009

Placeres de lenguaje nuevo

He leído Drown (traducido al castellano como Los Boys) después de admirar el gran éxito que ha sido La maravillosa vida breve de Oscar Wao, ambos libros obra de Junot Díaz; Drown es un libro de relatos que adelanta varios de los espacios que conforman Wao, novela que se publicara diez años después que Drown.

Wao es una saga familiar que sucede entre Nueva Jersey y la República Dominicana. Cuenta cómo la desgracia (el fukú, una maldición omnívora que destroza a la República Dominicana, a sus habitantes y a sus descendientes) se ceba con una familia. Wao novela es una gloria en muchos aspectos, que apetece analizar:
Lengua
Aunque me informan de que su traducción es admirable, me parece que en verdad esta novela traducida tiene que ser otra obra. Lo más destacado de Wao es posiblemente que por muchos premios de la literatura norteamericana que reciba, no es un texto escrito en inglés, sino en un spanglish desatado. O al menos me resulta desatado porque la mezcla de lenguajes adquiere un humor e ironías imagino que poco alcanzables para quien no domine los dos idiomas de partida. En cierto modo, esta nueva realidad es inquietante, porque me hace preguntarme si acaso este nuevo idioma está abocado a producirnos risas de reconocimiento en la mixtura cultural, o si es una impresión por la potencia casi pionera de Wao. Casi parece difícil imaginar una obra distinta escrita en esta misma lengua.

Ambiente
Wao se desarrolla en los dos espacios vitales del autor, la República Dominicana y los Estados Unidos, más concretamente Nueva Jersey, donde la familia emigró huyendo de la maldición. Junot Díaz juega admirablemente con los tópicos dominicanos (sus machos seductores, la nigromancia/santería y las maldiciones eternas, o los crímenes de la mafia trujillista –Rafael Leónidas Trujillo acaso sea el patriarca sudamericano que por carácter, por lo surreal de su familia y por la acumulación de barbaridades y derechos de pernada variopintos, más literatura ha inspirado-). Díaz dibuja los avatares de sus personajes en una sociedad llevada por el fatalismo a una infancia eterna y controlada. Pero, es importante decirlo, esto no tiene tono de drama, sino de comedia negra que roza el costumbrismo y a veces el realismo mágico. Más cerca de Fellini que de Coetzee, para entendernos.

Personaje
A ese humor contribuye al diseño de su magnífico protagonista, Oscar Wao. Este ilustre pagafantas, este incalificable friqui devorador de cómics y futuro Tolkien caribeño en potencia, que no se jama un rosco en una sociedad donde se es macho o no se es, invade de ternura patética y de valor inmenso las páginas de la novela. Él permite el uso de referentes de la subcultura pop en la narración, en un aparente desenfado que va más allá del homenaje, agilizando el acercamiento al personaje (y el intento de éste de acercarse a la realidad) por parte también de un público que ya acepta estas referencias en este formato, ya que conoce tanto a Lee o Kirby como a Proust y Vargas Llosa, fácilmente confundibles en esta novela que es fronteriza también entre las vanidosamente autoproclamadas culturas alta y underground.
Drown / Los Boys no deja de ser un anticipo sabroso. Es un libro de relatos ambientados bien en la República Dominicana, bien en Nueva Jersey, y que en cada parte tienen cierta hilazón. En la República Dominicana seguimos diferentes vicisitudes de dos hermanos (uno de ellos se llama Yunior, como el narrador de Wao), cuyo padre ausente está en Nueva Jersey. Sin embargo, en los relatos ambientados en Estados Unidos el protagonista parece ser un camello postadolescente (¿el mismo Yunior?) en un entorno yanqui degradado. El relato final (el más logrado para mi gusto) se reserva para el padre de ambos hermanos, que se marchó al norte para trabajar y hacer dinero y llevarse a la familia de la isla y que acabo siendo bígamo. Aunque en la lectura me pesó mucho la sombra de Wao (demasiado inmensa como para colmar expectaivas), se adivina una mayor ternura en el retrato infantil, no desprovista de las crueldades de los niños pero sin el determinismo de una maldición oscura sobre ellos y su futuro. Los episodios adultos encierran alguna joya muy divertida (con posible homenaje a Cortázar), pero también una poética del desencanto tomado con la filosofía del fracasado.


24 de julio de 2009

Manual de literatura para caníbales




La trama de este libro de título estupendo es metafórica: una familia, los Belinchón, se convierten en saga de escritores frustrados durante doscientos años. Desde el primer movimiento literario que se autorreconoce como tal, el romanticismo, los Belinchón colocan siempre ‘en la vanguardia de las letras’ a un miembro de la familia, invariablemente un mindundi de ínfulas literarias que siempre se encuentra retrasado respecto a las nuevas tendencias artísticas, y siempre está, diletante y procrastrinador, a la espera de escribir la obra maestra definitiva en un estilo ya pasado de moda. Por supuesto, cada Belinchón acaba codeándose con las grandes figuras de la literatura hispánica: Espronceda, Galdós, Darío, Valle, Lorca, García Márquez, etc…


¿He entendido bien el propósito del autor con este libro? ¿Ha querido acercarnos (dígase sin pomposidad alguna) a la historia de la literatura reciente en español, o más bien quiere hacer un ajuste de cuentas? ¿Es sólo un divertimento profesional, un intento de significarse ante los ilustres con un aldabonazo, o un clásico continuar del lado canalla (envidioso, a veces rastrero) de los literatos españoles hacia sus congéneres?

¿No lo será todo?

Del humor escrito de Reig me disgusta parte del tono, que por momentos resulta desagradablemente cercana a lo que yo entiendo como ‘humor ABC’. Esa corriente que puede ir desde el ilustre Camba al actual Mingote pasando por ramas podridamente Ussía. Esas frases y expresiones que recuerdan con poca elegancia que, aunque hable de Belinchones de hace siglo y medio, el autor escribe desde un hoy cañí parecen mecanos burdos, casi indignos, de acercarse al lector.

Pero el caso es que con las páginas se adquiere familiaridad.


Y entonces, casi como el propio Reig, me pregunto si el lector no se convierte necesariamente en lo que acabo de comentar (¿acaso no he llamado podrido a alguien?) Miserias de escritores, cotilleos de famosos, una cierta excusa culta con referencias a personajes más nombrados que leídos, parecen sucederse en busca de carnaza de las letras para los lectores caníbales, futuros autores que se comerán a los actuales en coherencia con el título del libro. Una lástima, porque no faltan las páginas lúcidas de ensayo sobre la literatura como arte, como oficio, o, sobre todo, como actitud, y porque determinados perfiles parecen a veces sinceros reconocimientos sin atisbo de cinismo.

Al final de cada capítulo, Reig incluye un irónico apartado de ejercicios y lecturas obligadas y recomendadas para el lector. Un sitio estupendo donde comprobar la cantidad de literatura de aparente interés que uno se ha dejado por el camino, o de lo mal que escogió los libros por los que empezar con un autor consagrado del parnaso literario en castellano.

De lectura imprescindible para camilófobos…

15 de julio de 2009

El escritor y los políticos


Hasta la cocina

La carrera de Javier Cercas como escritor tiene un punto de inflexión obvio: el éxito literario inmenso de Soldados de Salamina, su libro editado en 2001. Parecía una novela en la que su principal protagonista, el personaje real ‘Javier Cercas’ contaba cuánto le costó y cómo pudo narrar el episodio real de la fuga y superviviencia de Rafael Sánchez Mazas (bilbaino, escritor, número tres de la Falange, padre de Rafael Sánchez Ferlosio), a quien un soldado republicano que lo buscaba por el bosque, tras escaparse de un fusilamiento colectivo, encuentra y salva la vida. La mezcla de experiencia personal, ficción de ensayo y de un tema de actualidad continuada en la España actual como la memoria histórica fue novedosa en aquel entonces, ha sido muy imitada hasta hoy, pero posiblemente nunca resultó tan brillante y emotiva, y el exitazo literario fue apabullante. Hubo premios, película…


¿Fotos de Sánchez Mazas? Sólo en foros de política excesiva
Aparentemente, Anatomía de un instante parte de premisas similares, de nuevo el escritor obsesionado con un hecho histórico de las Españas (aquí el 23F, allí un suceso de la Guerra Civil), confiesa haber querido escribir algo al respecto (una novela en este caso, un artículo en Salamina), y tras no quedar satisfecho, aborda un ensayo histórico con estructura novelística y ambiciones históricas. Lo hace en un momento de superación, ahora en 2009, cuando la época en que sucedió el 23F es más bien objeto de nostalgias para varias generaciones, para dar una versión desmitificadora (la transición se basó en que varios de sus protagonistas traicionaron a sus hasta entonces compañeros e ideas) pero reivindicativa (esas traiciones fueron necesarias para consolidar un sistema frágil en un momento muy débil) de la transición.


El instante
El instante que Cercas disecciona es la Guardia Civil entrando en el Congreso: gritos, Gutiérrez Mellado zarandeado, balas, todos los diputados se echan al suelo excepto tres… La estructura del relato avanza por las simetrías de los personajes centrales del instante, Suárez –traidor del movimiento-, Carrillo –traidor del comunismo- y Gutiérrez Mellado –traidor del ejército-, entre sí y con los tres golpistas principales, Armada, Milans del Bosch y Tejero, en el contexto histórico concreto y el de las diferentes asonadas españolas. Hay dos líneas de investigación central, una mantenida a lo largo de todo el libro y aún sin resolver, referida a la participación o no del CESID como organismo en el golpe, y otra referida al Rey, sus aciertos, errores y coyunturas en la resolución de la intriga. El conjunto se cierra en un bonito círculo novelístico completo, el que dan los años pasados y la reflexión organizadora a pesar de tratarse de hechos oscuros cuyos detalles nunca se conocerán totalmente.


Cercas se obsesionó con la grabación televisiva


Tal vez el gran acierto del Cercas que juega a historiador sea la objetividad en un hecho deudor del enfrentamiento histórico de las dos Españas. Creo que este acierto viene de su profesión: escribir novelas, y tal vez esté, sorprendentemente, vedado a los historiadores. ¿Por qué? Por su necesidad de comprender –más que describir- razones y psicologías de todos los protagonistas de un relato que escriba, y por dar más importancia a esta necesidad objetiva de la novela que a su (presumible) ideología. Así, Cercas humaniza la posición de todos los protagonistas, sus intereses grandes y pequeños, para recuperar un espíritu hoy manipulado: que el 23F no triunfara no se debió a los desvelos de partidos, sindicatos, organizaciones, o prensa, que nadie de los que vivimos aquel día somos capaces de recordar aunque parezca que nuestra clase política actual sí, sino más bien a un conjunto de casualidades que dieron al traste con una acción cutre y caótica. Ver escribir sobre política e historia recientes españolas y mostrar dudas, mostrar no lo que los personajes piensan, sino lo que parece que pudieron creer y pensar, y buscar sus motivaciones, no es pan habitual. Las reflexiones añadidas sobre la ética en la política (y al revés), que remiten a Max Weber y a su excelente El político y el científico, que recomiendo mucho incluso (o sobre todo) si no se es político ni científico, son de calado para una sociedad acostumbrada a gritar la necesidad de la pureza política sin tener en cuenta sus consecuencias ni, encima, aplicarla como tal.

Que la disfruten...

17 de junio de 2009

Tiempo de enciclopedias



Ya que todos los usuarios mortales de Internet tiramos de Wikipedia cuando se trata de contrastar o documentar lo que queremos escribir, hablar de la enciclopedia histórica de referencia me tienta especialmente a NO buscar esa wikientrada, tal vez por el gusto de imaginar paralelismos que seguramente no existan.

"ENCYCLOPÉDIE: Esta palabra significa concatenación de áreas de saber, y se compone de la preposición griega en y los sustantivos círculo y saber. El objetivo de una Encylopédie es reunir todo el saber disperso en la superficie de la tierra, para describir el sistema general a las personas con quienes vivimos, y transmitirlo a aquellas que vendrán después de nosotros para que el trabajo de los siglos pasados no sea inútil para los siglos futuros, y que nuestros descendientes, haciéndose más ilustrados, puedan ser más virtuosos y más felices, de manera que no muramos sin haber merecido ser parte de la raza humana."
(Entrada "Enciclopedia" en la Encyclopédie de Diderot, D'Alembert y de Jaucourt)


Toda revolución que se precie parte de un trabajo intelectual. Como sucesos históricos, las revoluciones tienen causas más profundas que los acontecimientos inmediatos que las preceden, y no cabe pensar que una revolución en realidad no ha sido anunciada, prevista, pensada. Encyclopédie (El triunfo de la razón en tiempos irracionales), escrito por Philipp Blom en 2004 y editado por Anagrama en castellano en 2007, habla del gran esfuerzo intelectual previo a la Revolución Francesa, la llamada Enciclopedia o Diccionario Razonado de las Ciencias, las Artes y los Oficios. Fue escrita y defendida por personas que no hicieron la Revolución (y que seguramente nunca la quisieron, y que además fueron perseguidos por ella), y su esfuerzo se enfrentó a todo poder presente en la época. Y, sin embargo, sobrevivieron a la cárcel, a la censura, a la infamia y a la persecución. Encyclopédie lo cuenta y es un libro estupendo porque convierte en relato de interés novelesco la vida de un gran acontecimiento: su origen, concepción, el soporte económico y el crédito sobre los libros a publicar que lo sustentó, su ejecución a la luz pública y/o en la clandestinidad, y todos los hechos que la rodearon en la Francia del dieciocho. Blom bucea en los hombres y mujeres (pocas, pero esenciales) que llevaron a cabo y apoyaron el proyecto, sabiendo que la influencia mezclada de sus vidas y necesidades, su potencia intelectual y sus grandezas idealistas fueron el cultivo que usando herramientas como la inteligencia, el raciocinio, la indispensable alegría de vivir, la perseverancia sin remedio, y, por qué no, la necesidad de dinero de los autores, dio lugar a una obra de ambiciones y resultados desmesurados.





Los enciclopedistas vaticinaban la Revolución en una característica que los unía a casi todos: eran ateos (con gozo, diría yo) en un momento en que serlo era peligroso. Su ateísmo está en la obra, pero tenían que disfrazarlo por la oposición de la Iglesia (por supuesto) al proyecto. ¿Y a dónde lleva esta falta de creencias? Pues nada menos que a

- la propagación de conocimiento científico que suponía un progreso técnico (ahora todos los artesanos sabían lo que se hacía en otros sitios en su oficio) cuya consecuencia final era la mejora de condiciones de vida y trabajo, y las posibilidades de desarrollo personal y económico de las clases medias.
- la descripción de artes y oficios de manera exhaustiva, con textos y gráficos detalladísimos, posiblemente más idealizadamente pulcros que naturalistas, pero en cualquier caso realistas en la descripción, y de una ejecución perfeccionista y exigente en gran grado. Esto, que parece una tontería, es subrayado por Blom como profundamente significativo: esta gran enciclopedia, este proyecto que daba fama mundial a Francia y sus elites, no tenía interés en centrarse en los grandes hechos históricos, en figuras divinas como reyes y emperadores, o en los personajes religiosos fundamentales.
- una ambición antropocéntrica desmedida, queriendo abarcar la ciencia y la verdad de un modo racional y humano, lo que es contrario a la visión dominante en la cosmogonia cristiana de aquel tiempo: un hombre común domeñado por pasiones y pecados, y nunca uncido por la divinidad real o aristocrática ni por el conocimiento verdadero
- un primer caso de superviencia de un proyecto cultural por causas puramente económicas, ya que incluso aunque gobierno y clero prohibieron la publicación de más de la mitad de los volúmenes, estos generaban tales ventas e ingresos económicos en Francia y en el extranjero, que el cierre de la producción hubiese supuesto una debacle económica. Los enciclopedistas podían tener cierto amor a la empresa en que participaban, pero los editores y libreros que sostenían el proyecto tenían también motivos crematísticos muy mundanos. La rica burguesía impuso sus intereses a las clases más altas, usando para ello a los intelectuales. Todo un resumen en sí de la misma Revolución.

Denis Diderot, sin peluca y envejecido
Los grandes conceptos que desarrollaron estos hombres sucedieron a la par de las ambiciones literarias frustradas y los problemas de pareja de Denis Diderot, la ambición científica y el orgullo traidor de Jean D’Alembert, las incontinencias urinarias de Jean Jacques Rousseau, o la distante superioridad arrogante de Voltaire; todas ellas parecen pasiones vulgares en una empresa grande, pero no hay obra humana que por definición no sea hija de las miserias de sus autores. Relatar estas vidas biografiadas junto al paso histórico del cambio de épocas en lo social y lo político, y el regusto de leer viejos artículos científicos y sociales que debían contar una verdad racional en un ambiente hostil, con su interpretación en el tiempo histórico y al día de hoy, es el logro placentero y cercano de un libro para disfrutar y aprender.

“MÉTIER: éste es el nombre que se da a aquellas ocupaciones que requieren el uso de las manos y que se limitan a cierto número de operaciones mecánicas, todas las cuales tienen el mismo objetivo, y que el trabajador repite continuamente. Ignoro por qué se piensa que esta palabra tiene un sentido peyorativo; debemos a los oficios todos los objetos que nos son necesarios en la vida. Quienes se tomen el trabajo de visitar los talleres encontrarán en toda spartes utilizad y buen sentido. En la Antigüedad, a los que inventaron oficios se les hizo dioses; pero los siglos posteriores han arrojado al barro a quienes perfeccionaron estos logros. Dejo a quienes tienen sentido de la justicia la tarea de determinar si es la razón, o son los prejuicios, lo que nos lleva a pensar tan poco en personas tan esenciales para nosotros. El poeta, el filósofo, el orador, el ministro, el soldado, el héroe… estarían todos desnudos y hambriento sin el artesano al que todos desprecian.”
(Entrada "Oficio" en la Encyclopédie de Diderot, D'Alembert y de Jaucourt)


3 de junio de 2009

La soledad después de Berlín


¿Recuerdan lo que en su día comenté de David Leavitt? Vale, no lo recuerdan… bueno, tal vez… ¡¡ni siquiera lo leyeron!!

(((dejen que me recupere del fiasco)))

Bien. Allí comentaba cositas de literatura (de subgénero) gay y como David Leavitt era prácticamente pionero en una presentación normalizada (pero bien escrita, con interés literario general) de la cuestión. Bueno, pues aquí está uno de los posibles precursores, especialmente en la novela que nos ocupa, Un hombre soltero. El autor es Christopher Isherwood, un hombre conocido y mitificado por ser el autor original de los relatos que dieron lugar a Cabaret, el musical, y, posteriormente, Cabaret, la película, y que se encuentran recogidos principalmente en la novela Adiós a Berlín.



Póster de Cabaret en Polonia, via Cinemaposter

Los escritores británicos homosexuales son legión (a ver, sin pensar mucho, se ha dicho o sabido de Byron, Bacon, Marlowe…). No sólo cuentan con el santo oficial de la causa (Oscar Wilde) sino que incluso se especula que el gran maestro de su literatura (Shakespeare) lo fue, y ello no sin fundamento. Pero haber estado fuera del armario en el siglo XX, tras la muerte de Wilde en 1900, no era cosa fácil (Forster, Woolf, Lawrence, Coward…). Isherwood lo estaba, pero no en su país, sino que escogió para ello el Berlín de la República de Weimar, un espacio legendario de libertades que sublimaban el fracaso de Versalles hasta ser revisionadas hacia la perversión racial por la llegada del nazismo. Y de allí se marchó para convertirse a partir de 1939 en un forastero aún mayor en California, experiencia de la que surge Un hombre soltero.



Edición inglesa del libro, via Fantastic Fiction

Un hombre soltero es la cálida historia de George, un inglés cincuentón profesor de literatura en California, que en una jornada muy amplia divide su vida cotidiana en cuatro episodios punteados de continuo por el recuerdo de Jim, su pareja, con el que vivía y que acaba de morir en un accidente. Su estructura es un repaso por algunos de los episodios del armario llevados con humor y dosis de cierta desesperanza crepuscular. George se despierta, y en su casa todo le recuerda a Jim, aunque su terreno apartado indique lo alejado que se encuentra en realidad de sus vecinos, que le miran por encima del hombro. En la universidad, disfruta de sus clases, de la conversación y las caras de sus alumnos, más o menos bellos, y sus libros. La tarde la pasa con su ‘amiga de toda la vida’, siempre enamorada en secreto y que todo le confiesa. Pero a la noche, al querer olvidar e ir a un bar, se encuentra con su alumno favorito, que le propone ir a nadar de noche y…
California e Isherwood recuerdan a David Hockney, y su Peter getting out of Nick's pool, obtenido via la Walker Art Gallery y los museos de Liverpool
Este libro tiene más de cuarenta años pero mantiene un punto de vista muy actual en lo personal pero que en lo sociopolítico resulta muy pre-Stonewall, para entendernos. El marica maduro está convencido y hasta feliz de serlo, se protege de la problemática social que eso le supondría con la discreción debida a un tiempo hipócrita, pero lo suyo no es un secreto para amigos y vecinos (y, posiblemente, alumnos), y su actitud y pensamiento, que uno atreve a intuir que son los del propio autor en su madurez, son cálidos, solidarios, positivos, germinales de visibilidad aún no posible sin sufrimiento personal extremo.
Todo ello respecto a la cuestión homo, claro, porque en lo literario Isherwood usa costumbrismo y reflexión personal enfrentando a un hombre solo (‘single’ en el buscadamente equívoco título en inglés de la novela) a una sociedad en la que no tiene asideros: británico en California, viejo entre jóvenes alumnos, homosexual entre heterosexuales alfa. Claro que todo ello lo consigue sin forzar drama alguno, y con capacidad de observación sobre la madurez intelectual enfrentada a las pasiones tardías que es muy disfrutable.
Mira por donde Hockney precisamente retrató a Isherwood y pareja (via Art in the Picture)
Esta edición se completa con una entrevista al autor realizada en 1973, en la que critica el desdibujo sexual del personaje de Michael York en Cabaret, y da su personal visión de la feliz vida homosexual que pudo llevar, algo que en su tiempo requirió voluntad, honestidad, mucha alegría vital, y, posiblemente, una pureza ingenua que uno aprecia en sus personajes, bien sea Sally Bowles o este George, por baqueteados que estén.

Christopher no tenía las dudas de Michael... (via Get Back)
Se la recomiendo mucho a todos, y, tras anunciarles que la película (dirige Tom Ford, interpretan Colin Firth, Julianne Moore y Matthew Goode) está a puntito de llegar, les dejo con un apunte del autor, un profesor de literatura, sobre su relación con los libros. Este blog, dedicado a una relación emocional con los libros, no podía obviarla:

Los libros no han hecho a George más noble, mejor ni más sabio. Es solo que le gusta escuchar sus voces, unas u otras, según su estado de ánimo. Se aprovecha de ellos de manera impía –aunque en público habla de ellos con el mayor respeto- para inducir el sueño, para ahuyentar de su mente las agujas del reloj, para aliviar la roedura de su espasmo pilórico, para superar con sus chismes la melancolía, para liberar los reflejos condicionados de su colon.