24 de julio de 2009

Manual de literatura para caníbales




La trama de este libro de título estupendo es metafórica: una familia, los Belinchón, se convierten en saga de escritores frustrados durante doscientos años. Desde el primer movimiento literario que se autorreconoce como tal, el romanticismo, los Belinchón colocan siempre ‘en la vanguardia de las letras’ a un miembro de la familia, invariablemente un mindundi de ínfulas literarias que siempre se encuentra retrasado respecto a las nuevas tendencias artísticas, y siempre está, diletante y procrastrinador, a la espera de escribir la obra maestra definitiva en un estilo ya pasado de moda. Por supuesto, cada Belinchón acaba codeándose con las grandes figuras de la literatura hispánica: Espronceda, Galdós, Darío, Valle, Lorca, García Márquez, etc…


¿He entendido bien el propósito del autor con este libro? ¿Ha querido acercarnos (dígase sin pomposidad alguna) a la historia de la literatura reciente en español, o más bien quiere hacer un ajuste de cuentas? ¿Es sólo un divertimento profesional, un intento de significarse ante los ilustres con un aldabonazo, o un clásico continuar del lado canalla (envidioso, a veces rastrero) de los literatos españoles hacia sus congéneres?

¿No lo será todo?

Del humor escrito de Reig me disgusta parte del tono, que por momentos resulta desagradablemente cercana a lo que yo entiendo como ‘humor ABC’. Esa corriente que puede ir desde el ilustre Camba al actual Mingote pasando por ramas podridamente Ussía. Esas frases y expresiones que recuerdan con poca elegancia que, aunque hable de Belinchones de hace siglo y medio, el autor escribe desde un hoy cañí parecen mecanos burdos, casi indignos, de acercarse al lector.

Pero el caso es que con las páginas se adquiere familiaridad.


Y entonces, casi como el propio Reig, me pregunto si el lector no se convierte necesariamente en lo que acabo de comentar (¿acaso no he llamado podrido a alguien?) Miserias de escritores, cotilleos de famosos, una cierta excusa culta con referencias a personajes más nombrados que leídos, parecen sucederse en busca de carnaza de las letras para los lectores caníbales, futuros autores que se comerán a los actuales en coherencia con el título del libro. Una lástima, porque no faltan las páginas lúcidas de ensayo sobre la literatura como arte, como oficio, o, sobre todo, como actitud, y porque determinados perfiles parecen a veces sinceros reconocimientos sin atisbo de cinismo.

Al final de cada capítulo, Reig incluye un irónico apartado de ejercicios y lecturas obligadas y recomendadas para el lector. Un sitio estupendo donde comprobar la cantidad de literatura de aparente interés que uno se ha dejado por el camino, o de lo mal que escogió los libros por los que empezar con un autor consagrado del parnaso literario en castellano.

De lectura imprescindible para camilófobos…

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