18 de agosto de 2014

El micromecenazgo y sus joyas


Hace más de dos años, cuando reseñé en este mismo blog la Tesis Doctoral de Roberto Bartual, me lamentaba por la falta de editorial que quisiera publicar el trabajo en forma física de libro. Finalmente, esa publicación ha tenido lugar, aunque sólo el primer capítulo de la misma, ha sido mediante financiación por crowdfunding en Verkami, en un volumen de tamaño álbum europeo bajo el título de Narraciones gráficas. Del códice medieval al cómic, editado por Ediciones Factor Crítico, y con una buena cantidad de imágenes que ilustran las teorías que sobre la historia y la definición de la narración gráfica propone el autor. El texto cuenta además con un excelente prólogo del autor Antonio Altarriba.

Little Nemo – The Walking Bed

No puedo añadir mucho a lo que ya escribí en su día, salvo dos cosas: el placer de la lectura mejora la experiencia de conocimiento adquirido que supone el texto con las ilustraciones estupendas que lo acompañan (frente a leerlo en un lector electrónico pobremente preparado para ello, como fue hace dos años), y la alegría que supone que existan estas nuevas formas de financiación de la edición, en la que básicamente los que queremos disponer del libro hemos pagado su edición, sin generar ejemplares que se desperdicien, pero posibilitando que un texto científico y pedagógico alcance de manera natural a un público general. La esperanza va por pasos (o viñetas): esperemos que el éxito de esta opción de micromecenazgo ayude a que en breve veamos publicados los siguientes capítulos.

Si alguien está interesado en el volumen, aún se pueden adquirir ejemplares dirigiéndose al email narracionesgraficas_datil@hotmail.com

Roberto Bartual







8 de agosto de 2014

Un fuego fatuo


La divulgación científica que practica Mary Roach es bizarra: estudia problemas naturales que habitualmente no son objeto de la ciencia, y, aplicando el método científico, o estudiando a quien lo hace, obtiene y publica sus resultados. Su aproximación es más seria que su tono, claramente desenfadado y desmitificador. De ese modo se ha hecho con un público con libros que hablan de cadáveres (Fiambres. La fascinante vida de los cadáveres), o de las tripas (Glup. Aventuras en el canal alimentario). También tiene un libro sobre sexo (Entrepiernas. La extraordinaria cópula de ciencia y sexo), presumiblemente de mayor éxito, y el que nos ocupa en esta entrada, En busca del alma perdida. La ciencia ante el más allá, en que el objeto de estudio es el alma, sus manifestaciones, conexiones y/o reencarnaciones tras la muerte del cuerpo, y, específicamente, los estudios científicos –o no tanto- realizados sobre todo ello.

No es del todo cierto que este no sea un tema tratado por la ciencia, porque científicos incluso de renombre han estudiado temas esotéricos con toda su capacidad. Es comprensible: a principios por ejemplo del siglo XX, se veía asombroso que pudieran verse los huesos de una mano, y, sin una explicación científica claramente comunicada y reconocida, ¿por qué no iba a ser creíble un fenómeno por ejemplo parapsicológico? Mary Roach estudia las manifestaciones más conocidas de la vida después de la vida: reencarnación, médiums, psicofonías, apariciones, los estudios con enfermos clínicamente muertos. También hechos relacionados, como los experimentos que intentan determinar el peso del alma. En todos los casos busca científicos que aún continúan con estudios de este tipo, o historiadores del tema, pregunta con buscada inocencia, se deja cuando es posible someterse ella misma a experimentos… El texto es un anecdotario divertidísimo, que usa la propia torpeza social de la autora como mecanismo de humor, y que gusta de subrayar las obvias paradojas del tema bajo estudio.

Sean Penn en 21 gramos. Roach estudia el trabajo de los científicos que pretendieron demostrar que éste era el peso del alma. El éxito fue más publicitario que científico.

No obstante, puede por todo ello parecer algo superficial por momentos. Es un libro disfrutable que a veces me parece un tanto desperdicio de talento. Así como la aproximación y el tono están muy conseguidos, el tema bajo estudio se desmonta, en su parte científica, tan fácilmente, que no encuentro tensión verdadera en cada capítulo, que siempre se afronta con más minuciosidad histórica y hasta cierto punto humana o emocional que intelectual; al final, puede resultar algo repetitivo. Pero, no obstante, como lector, y siendo el tema de estudio aparentemente tan importante en el resultado, mi interés por sus otros libros persiste. Habrá que leer.

Gracias mil por el préstamo al Lector Constante. ¡Usted es formidable!

Mary Roach, por Ed Rachles (vía)

27 de julio de 2014

De entre los rusos


Eduard Limónov, joven aspirante a poeta alternativo en los setenta soviéticos, escritor promesa, chapero ocasional y mayordomo de lujo en Nueva York, novelista de éxito underground en París, soldado proserbio en Yugoslavia, y político encarcelado y opositor a Putin en Rusia, es un personaje REAL.

Y aunque Limónov merezca, sólo con echar un ojo a esa vida, un libro, este volumen escrito por Emmanuel Carrère tiene otro clarísimo protagonista: el autor. Limónov es tan biografía como libro de autoficción, en el que el autor que lo escribe comparar su trayectoria con la del autor retratado, y ese contraste es uno de los ejes que articula la narración. Carrère admira al hombre de acción que ha vivido y que ha escrito habiendo vivido, admira al hombre arriesgado y en ocasiones asceta, casi siempre pobre, y cuyo código de honor se aleja de convencionalismos o burguesías, y lamenta su incapacidad vital para emularlo.

El joven Limónov (vía)

Otro importante eje del libro es el diálogo subterráneo entre Occidente y Oriente (bueno, entre Occidente y Rusia, aunque Limónov pasara casi toda su infancia y adolescencia en Ucrania). Carrère es probablemente uno de esos occidentales, francés en este caso, que por tener antecedentes rusos puede comprender más un país de alma excesiva que tan difícil de entender (nos) resulta. Limónov viaja de la Unión Soviética a los Estados Unidos cuando sólo los disidentes lo hacían, encuentra el éxito literario reducido en el París de los ochenta, y regresa a Rusia en el caos del final soviético.

Un eje final, tal vez menos obvio, es el que describe los diferentes encierros vitales en que Limónov nunca acaba de encontrar acomodo real: su ghetto cultural de Járkov y de Moscú se perpetúa entre el círculo de norteamericanos snobs que considera estupendo conocer a un ruso, siempre escritor o artista, en Nueva York, y prosigue entre los guardaespaldas jóvenes militantes de su partido en Rusia, quienes le protegen de las palizas y amenazas anónimas.  Estos encierros llegan a su cumbre cuando se convierte en prisionero político bajo Putin. Un hombre aparentemente libre como Limónov alcanza su verdad profunda en la prisión de Engels tras ser detenido por terrorismo en Asia Central, donde visitaba una especie de comuna del partido en que por primera vez conseguía alcanzar cierta comunión con la naturaleza. En la cárcel Limónov toma consciencia de que puede ser el único hombre del planeta capaz de darse cuenta de que los baños son iguales a los de un hotel de Nueva York, ambos diseñados por Philippe Starck. Carrère afirma que el poder relacional de esta imagen, metafórica en varios frentes, sin olvidar que el diseñador en cuestión es francés, enciende el anhelo de escribir este libro, y obviamente lo inspira.

La obra propia del Limónov escritor es casi por entero autobiográfica, aunque no académica ni por supuesto convencional. Sus libros son la primera fuente de información de Carrère, que además conoció fugazmente a Limónov en París y volvió a verle en Rusia, nada menos que en un homenaje a Anna Politkóvskaya, antes de intentar entrevistarle con miras a aumentar su información, sin que sus encuentros fueran fructíferos para ello.

Carrère encuentra un afortunado tono narrativo, que nunca abandona su escritura inspirada, siempre interesante y lúcida, y que brilla en su mezcla de ensayo, biografía y confesión, alrededor del proceso creativo y su relación con la vida. Sus páginas sumergen al lector en una odisea personal envuelta en la historia de los últimos cuarenta años, especialmente la rusa, que le permite además dibujar escenarios de la ética moderna –sobre el éxito o sobre la violencia- a través de un personaje controvertido e impredecible, cuya genialidad biográfica es asombrosa y atractiva como pocas.


Emmanuel Carrère (vía)

18 de julio de 2014

Gráficamente, perros


Los cómics del autor noruego Jason son fácilmente reconocibles por sus protagonistas, perros antropomorfos, pero tienen otros puntos en común… Por ejemplo, estos dos títulos dignos de Federico Moccia o Albert Espinosa, hijos en este caso de una traducción peculiar: No me dejes nunca se titula Hemingway en su versión original. ¿Por qué haces esto? sin embargo responde a un cómic de título original Te quiero enseñar algo. Son cómics publicados en 2006 y 2007 y quiero pensar que ahora serían títulos distintos… Ambos tebeos son ejemplos de línea clara con vocación de historia negra, alrededor de personajes de cierta desesperación existencial.

¿Por qué haces esto? es un álbum brillante; cuenta la historia de un hombre perseguido por un asesino al ser testigo involuntario de un crimen. El protagonista está intentando superar una separación que le tiene paralizado, pero los hechos le obligan a movilizarse. Su tristeza profunda y el dolor causado por la propia acción, reflejados también en un excelente uso del encuadre y el contraste, proyectan su destino. Las referencias hablan de Bergman y Hitchcock, y no las veo desencaminadas, especialmente en el segundo caso (obsérvese más arriba la portada, para empezar).


No me dejes nunca viaja al París de los años 20 y convierte a Hemingway, Pound, Joyce y Scott Fitzgerald en autores de cómics. Nada cambia respecto a la mítica que tenemos de ellos (su pobreza, la influencia de Gertrude Stein, Pamplona y la fiesta, el alcoholismo de Zelda Fitzgerald), pero sí fantasea con que todos ellos cometan un atraco con consecuencias terribles, para salir de sus penurias económicas. El atraco dura nada menos que la mitad del libro y se narra desde varios puntos de vista, recordando por ello (y por el tema, y por el uso del tiempo y el ritmo, además de los perros antropomorfos en que Jason convierte a sus protagonistas), a Reservoir Dogs. El cómic es un pequeño alarde narrativo de acción y pierde la fuerza de los personajes del anterior, aunque la visión del autor sobre los artistas del cómic en general (su reconocimiento, sus anhelos, sus desesperaciones) es múltiple y sabrosa.

En mi opinión, ambos libros sufren y se benefician de la opción estética de convertir a sus personajes en perros, algo no del todo común a pesar (o tal vez porque) de Maus y su peso en la novela gráfica moderna –aunque obviamente haya todo tipo de precedentes-. Se beneficia por el atractivo choque visual que supone en historias de cierta profundidad humana, pero sufre por la escasa diferenciación visual de personajes, que en el caso de No me dejes nunca, con varios personajes masculinos con cara de perro y enmascarados, apenas se realiza por el color, más bien apagado, de las ropas. El ejercicio de estilo es en cualquier caso estimulante, y Jason es un autor de profundidad psicológica que combina con pulso situaciones y personajes.

John Arne Saeteroy, alias Jason (vía)



8 de julio de 2014

El diablo en el cuerpo



Azazel es una novela ambientada en el siglo V en Egipto y Asia Menor, protagonizada por Hipa, un cristiano médico y monje, que, inspirado por un demonio que le acompaña en su vida interior (el Azazel del título), escribe la historia de su vida. Hipa asiste en Alejandría a la lucha entre los paganos y la primera iglesia organizada cristiana que termina con el asesinato de Hipatia, y es testigo de las escisiones eclesiales por herejías heredadas del arrianismo, en un momento en que los concilios comenzaban a reflejar cuestiones de poder simbolizándolas en preguntas teológicas hoy ridículas y superadas. Hipa es además un monje díscolo, que cae en la tentación de las mujeres, y se siente atormentado por ello. Este es el punto que Azazel le impulsa de continuo a desarrollar en sus escritos por encima de los demás.


Youssef Ziedan es un autor árabe de reconocido prestigio en Egipto donde el libro ha sido popular, pero también denunciado por los cristianos coptos, molestos por el retrato de los cristianos en un libro publicado en un país donde son una minoría presionada por el islamismo. Aunque Hipa es copto y es un personaje de valores positivos, claramente diferenciado de la agresiva iglesia de Alejandría, su conflicto moderno de pasión sexual y fe religiosa… ¿puede ser una ofensa, o un problema? Obviamente, no existen musulmanes en la novela, pero sí una referencia sutil a la lectura de que los conflictos cristianos posiblemente ayudaron a la aparición del Islam entre las tribus árabes en aquel entonces sin conexión alguna.

Aunque con técnicas literarias modernas (el diario encontrado con las confesiones de Hipa, los diálogos imaginarios, la estructura de flashback), Ziedan pone en la pluma de Hipa un lenguaje que intenta captar la psicología de los personajes de la época, y los textos religiosos y la presencia de Dios, Jesús y la Virgen son el centro de las conversaciones, las metáforas, los pensamientos, y la lógica de actuación. Zeidan lo consigue con una simplicidad muy diáfana, sin dejar que los modismos enciclopédicos de la novela histórica media le superen, y centrando en la confundida cabeza de Hipa los avatares de una época convulsa.
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Tal vez leído desde aquí y no desde el propio Egipto, el libro sea algo ingenuo en los conflictos de corazón para estar escrito hoy (tampoco es necesario exigirle que sea La Regenta), y a veces tiene subrayados innecesarios (alrededor sobre todo del patriarca de Alejandría), pero el acercamiento a la época tiene un planteamiento liviano en apariencia y cercano en tono que supone un logro de narrativa eficaz incluso para las cuestiones teológicas de fondo, y de lectura agradable a pesar de sus momentos violentos.

 Youssef Ziedan (vía)

(Reseña previamente publicada en la Revista Cultural Factor Crítico)





29 de junio de 2014

Optimismo


It is fashionable these days to decry ‘food miles’. The longer food has spent travelling to your plate, the more oil has been burnt and the more peace has been shattered along the way. But why single out food? Should we not protest against T-shirt miles, too, and laptop miles? After all, fruit and vegetables account for more than 20 per cent of all exports from poor countries, whereas most laptops come from rich countries, so singling out food imports for special discrimination means singling out poor countries for sanctions. Two economists recently concluded, after studying the issue, that the entire concept of food miles is ‘a profoundly flawed sustainability indicator’. Getting food from the farmer to the shop causes just 4 per cent of all its lifetime emissions.
(vía)

No es fácil sustraerse al tono de optimismo en la capacidad humana de innovar y salir adelante que tiene este libro de Matt Ridley, titulado The Rational Optimist, y expresamente pensado para combatir a catastrofistas y pesimistas profesionales sobre el futuro de la humanidad y del planeta. El libro usa una numerosa cantidad de datos, una bibliografía extensa, y una argumentación atenta a visiones alternativas e inteligentes de la información para desmantelar los puntos de vista de una mayoría de ensayistas, historiadores y científicos deseosos de ver un negro futuro para todo(s).
Consider the opening Words of Agenda 21, the 600-page dirge signed by world leaders at a United Nations Conference in Rio de Janeiro in 1992: ‘Humanity stands at a defining moment in history. We are confronted with a perpetuation of disparities within and between nations, a worsening of poverty, hunger, ill health and illiteracy, and the continued deterioration of the ecosystems on which we depend for our well-being’. The following decade saw the sharpest decrease in poverty, hunger, ill health and illiteracy in human history.
Porcentaje de incremento de la población mundial (vía)

La esperanza de Ridley está puesta en la innovación conseguida por los humanos gracias al intercambio de ideas y a la especialización. Basándose fundamentalmente en las ideas de Adam Smith, defiende la existencia de una inteligencia colectiva obtenida gracias a la división del trabajo, y analiza la historia de la humanidad, especialmente la de sus revoluciones económicas, aplicando el método del intercambio de ideas como una reproducción sexual de las mismas capaz de aportar cada vez soluciones más adecuadas y adaptadas a su entorno.
The Phoenician diaspora teaches another important lesson, first advanced by David Hume: political fragmentation is often the friend, not the enemy, of economic advance, because of the stop which it gives both to power and authority. There was no need to Tyre, Sidon, Carthage and Gadir to unite as a single political entity for them all to prosper. At most they were a federation.
Tasa de homicidios en Europa

Los datos que Ridley expone son apabullantes y aparentemente incontestables. Su argumentación en temas tan sometidos a polémica como los transgénicos, el cultivo de biocombustibles, el cambio climático, la bondad ecológica y social de las ciudades, es desbordante. Pero a veces parece que el entusiasmo le puede, y un lector acostumbrado a otras visiones (que somos casi todos), puede pensar que peca de ingenuidad, o, más peligrosamente, de un neoliberalismo encubierto y tramposo, aunque opino que no es el caso por mucho que la defensa del intercambio y la división del trabajo parezca ser asimilada por la del mercado en su peor acepción. Él lo niega, pero en los casos en que aparece en el libro su argumentario es menos entusiasta… A veces parece defender su método sólo cuando el discurso encaja en sus ideas, y se olvida si ha de subrayar la innovación que pueda mejorar por ejemplo las partes dudosas de tecnologías como las energías renovables o el cultivo de biocombustibles. Además, Ridley usa muchos datos relativos, que son ciertos, pero no los únicos con valor, y puede caer en cierta inmisericordia al aceptar un progreso a largo plazo que sin embargo puede ser cruel con el hombre concreto en el corto.

No obstante, sus hipótesis sobre las civilizaciones imperiales (Roma entre ellas) y las élites burocráticas –militares, sacerdotes, escribanos, funcionarios parásitos…- como esquilmadoras del beneficio incontestable para la sociedad en su conjunto del intercambio de bienes e ideas, o su escepticismo ante las continuas desgracias medioambientales que ya debían haber destrozado el planeta hace décadas según los agoreros profesionales (superpoblación, lluvia ácida, agujero de ozono), le hace tratar temas universales con un análisis profundo y detallado, sin dejar prácticamente tema histórico o político de relevancia económica sin tocar.
I am happy to cheer, with Deirdre McCloskey: ‘Hurrah for late twentieth-century enrichment and democratization. Hurrah for birth control and the civil rights movement. Arise ye wretched of the earth.’ Interdependence through the market made these things possibl. Politically, as Brink Lindsey has diagnosed, the coincidence of wealth with toleration has led to the bizarre paradox of a conservative movement that embraces economic change but hates its social consequences and a liberal movement that loves the social consequences but hates the economic source from which they come. ‘One side denounced capitalism but gobbled up its fruits; the other cursed the fruits while defending the system that bore them’.
La confianza de Ridley en las estrategias abajo-arriba para crear riqueza es definitiva. Cree que estas estrategias han fallado en la Historia cuando no han existido las condiciones adecuadas que aseguraran la confianza o la transparencia básicas para el intercambio. Cree que los catastrofistas usan de continuo la premisa ‘si todo sigue igual…’ cuando en realidad nada lo hace. En este caso, afirma, en efecto pereceríamos como especie. Pero, en mi opinión, Ridley es reacio a ver un posible valor constructivo de lo que él llama pesimismo como herramienta de advertencia, detección o subrayado de problemas. Esto también depende del interés de las formulaciones, de sus objetivos, y de su visión. En definitiva, también de la forma y no sólo del fondo…

Fallecidos en los EE.UU. por enfermedades relacionadas con el agua

Note that the greatest impact of an increasing-return wave comes long after the technology is first invented. It comes when the technology has been democratized. Guttenberg’s printing press took decades to generate Reformation. Today’s container ships go not much faster than a nineteenth-century steamship and today’s internet sends each pulse little quicker than a nineteenth-century telegraph- but everybody is using them, not just the rich. […] The story of the twentieth century was the story of giving everybody access to the privileges of the rich, both by making people richer and by making services cheaper.
En definitiva, un  libro excitante y pedagógico, escrito con un preciso sentido literario del ritmo, que propone un punto de vista optimista para el futuro, que incluye multitud de pensamientos destacables, y al que encuentro paralelismos y diferencias interesantísimas con el Colapso de Jared Diamond. Las colaboraciones periodísticas de Matt Ridley pueden seguirse en su propio blog.

Matt Ridley fotografiado por John Watson (vía)





21 de junio de 2014

Podemos. Ser. Héroes.


Como en varias de sus novelas anteriores, Mario Vargas Llosa cuenta en El héroe discreto dos historias diferentes con paralelismos o conexiones más o menos casuales. El héroe del título es un modesto empresario transportista de Piura, con mujer, dos hijos y amante, a quien unos extorsionadores piden dinero a cambio de seguridad, a lo que él se niega, poniendo el asunto en manos de la policía, donde el sargento Lituma trabajará en el caso. Por su lado, en Lima, otro personaje de una novela anterior de Mario Vargas Llosa, don Rigoberto, recién jubiliado y que planea un viaje cultural a Europa con su mujer, se enfrenta a dos problemas: por un lado, los hijos del dueño de la empresa de seguros para la que trabaja le acosan por haber sido testigo de la boda de dicho hombre con su empleada de hogar cuarenta años más joven; por otro, su propio hijo adolescente tiene conversaciones frecuentes con un hombre misterioso al que nadie conoce pero que conoce a todos, y que se le aparece en lugares insospechados con intereses ambiguos.

Piura (vía)

Además de las dos historias paralelas y convergentes, Vargas Llosa usa como siempre de manera magistral su técnica de cruce de diálogos en cada una de ellas, tejiendo escenas que suceden en diferentes tiempos y lugares, con gran agilidad y haciendo avanzar acción y relaciones entre personajes.

El héroe discreto parece en muchos sentidos una novela de recuperación. Mario Vargas Llosa recupera un par de personajes de sus novelas anteriores, vuelve también al Perú, tanto a la alta sociedad limeña como a una ciudad poblada por cholos, y escribe con gran profusión de disfrutable vocabulario peruano. La maestría narrativa está ahí, pero el edificio tiene menos fuerzas que en ocasiones anteriores. ¿Por qué? Tal vez en lo estrictamente dramático las dos tramas son en exceso previsibles, y, en el caso de la limeña, incluso está mal cerrada. Tal vez la posible profundidad humana de las mismas queda un tanto desdibujada por dichas resoluciones, pues la resistencia honorable y reconocible del acoso es un asunto que como tema moral depende también del carácter del acosador, cuya concreción aquí no es relevante más allá de lo privado o personal, y que no alcanza tampoco un plano abstracto (como sería el estilo de Michael Haneke en Funny Games o Caché, por poner un ejemplo). De este modo, y sorprendentemente en la novelística de Vargas Llosa, pareciera que todo se reduce a mostrar los peligros algo maniqueos y superficiales que los esperables hombres de bien tienen por parte de seres simplemente envidiosos, vagos y celosos, a causa de construir riqueza y país.

Desprovista por ello de la hondura psicológica de los personajes que en general eleva las novelas de Vargas Llosa a obras maestras, El héroe discreto es un título placentero de leer por la técnica fluida de un autor experimentado, pero poco trabajada, sin el equilibrio entre divertimento y profundidad literaria que normalmente atesora su autor.

Mario Vargas Llosa (vía)