28 de diciembre de 2014

Camisas viejas



Durante muchos años, en la estantería de libros de historia de la familia, estuvo este libro de Stanley G. Payne, Falange. Historia del fascismo español. Un libro que yo sabía histórico (se publicó en París en 1965 en una editorial del exilio cuando el autor tenía sólo 31 años, aunque la edición en casa pertenecía a una colección de libros de historia editada en 1985, donde compartía autoría con gente como Claudio Sánchez Albornoz, Hernán Cortés, Alfred J. Toynbee o Leon Trotsky), y que imaginaba revisionista dadas las peculiaridades de la Falange como movimiento fascista de los años treinta. Con los años no he seguido la pista de este hispanista norteamericano, hasta que hace poco oí que había hablado o escrito en favor de Pío Moa. Sí, resulta ser uno de los historiadores que no ha denostado todas sus conclusiones, en una especie de competición en la que otros hispanistas como Henry Kamen o Hugh Thomas parecen coincidir en parte, pero no así Paul Preston y la gran mayoría de historiadores españoles, que es público y notorio que han denunciado no sólo sus trabajos, sino también sus formas. Wikipedia lo explica así al día de hoy. Payne publica en ABC y El Mundo.

Dionisio Ridruejo (vía)

Una polémica como esta podría enturbiar el juicio que este libro estupendo merece. Pienso en Stanley G. Payne viajando a España a finales de los cincuenta y entrevistándose con los camisas viejas de la Falange que aún vivían y además querían hablar del nacimiento, crecimiento y vampirización del fascismo ideológico en España, recogiendo las demás fuentes de interés y escribiendo esta tesis doctoral, y denoto un gran interés en el proceso. Las conclusiones de su libro no son precisamente favorables para el franquismo, en todos los sentidos debidos, pero sí una explicación de las razones de su triunfo no ya en la Guerra Civil contra la República, sino en el propio sindiós que eran las fuerzas políticas de la derecha, que, contrariamente a lo que suponemos, ni estaban monolíticamente unidas en lo político ni en lo social, ni se tenían un especial respeto que digamos. El franquismo diluyó todas esas facciones bajo la necesidad de la guerra contra el enemigo común (ya saben, el comunismo, el anticlericalismo, los nacionalismos disgregadores) y con la fuerza militar de un ejército que tuvo la suerte de que su ayuda exterior se inmiscuyó menos en la política de su facción que en el otro bando, y salió de ella en un vacío ideológico que sin dar lugar a un régimen monárquico ni nacionalsindicalista, ni mucho menos carlista, agotó a todos ellos en el esfuerzo bélico, prescindió de los mismos cuando fue necesario (por ejemplo, cuando el nazismo decayó en Europa), y aplicó una tabla rasa común de Iglesia Católica y unidad nacional sin más que sobrevivió cuarenta años bajo una represión militar aferrada a un hombre sin atributos.

Ramón Serrano Suñer (vía)

Aunque el libro no lo exprese así, la Falange en toda esta historia parece un tonto útil. Un partido surgido de varias personalidades que aunaron una ideología fuertemente nacionalista, que preconizaba la necesidad de un carácter autoritario del poder para asegurar la continuidad de la nación favoreciendo un sindicalismo nacional que impidiera a las fuerzas obreras caer en la lucha de clases, pero eliminando los privilegios de las clases económicas desarrolladas, incluyendo el poder económico, la monarquía, y la derecha de clase tradicional que se aprovechaba de las estructuras políticas y económicas. Y del mismo modo que la personalidad inexistente de Franco delimita en la Historia el alcance de las opciones nacionalistas y totalitarias en la postguerra europea, la figura de Jose Antonio Primo de Rivera, dibujado como un personaje contradictorio, define con su personalidad las características de estos movimientos imposibles. Él era hijo del dictador Miguel Primo de Rivera, por lo que no soportaba personalmente a los monárquicos ni a las fuerzas de la derecha que le dejaron caer y le despreciaron. A la vez, creía en un destino histórico nacional e intentó con denuedo acercarse a las fuerzas obreras a explicar su visión del sindicalismo (el libro recoge sus buenas relaciones con Indalecio Prieto, por ejemplo, que no obstante rechazó pactar con la Falange), puesto que sin ellas no podría realizarse dicha construcción. Mantenía además un círculo literario, era brillante en sus discursos, y, para la buena suerte del franquismo, murió en el momento adecuado para ser convertido en mártir de una nación y no de un partido que estaba en construcción en medio de una guerra (a cuyo desatamiento había contribuido, pero no menos que otros), que crecía como la espuma en afiliados que no sabían siquiera explicar su propia ideología. Algo que resulta si uno lo piensa razonable, dado lo demencial que por momentos era semejante pensamiento.

Onésimo Redondo (víafue fundador de las JONS. Murió en la Guerra Civil en una emboscada tras confundir (según Wikipedia) a militantes falangistas con anarquistas de la CNT por el parecido de sus banderas

Sin duda, la historia española de los años treinta del año pasado es apasionante, por cruda y terrible que en efecto fuera –o tal vez por eso, claro-. Este libro no es una historia de la república ni de la guerra civil en sí, pero sí un espejo de las mismas a través de los manejos que la Falange intentó y que sobre ella se realizaron. Tiene lo que creo un valor histórico indudable, al recoger personalmente los testimonios directos de varios de los participantes en los hechos en un momento en que aún era posible, y aplicando lo que parece debida objetividad a los intereses encontrados de reconocimiento histórico que tales personajes se atribuyen. A la vez es un libro ameno, con profusión de acontecimientos y puntos de vista, un repaso pormenorizado de facciones y posicionamientos que acabaron bajo la bandera falangista, y un continuado interés en los perfiles psicológicos de los personajes principales de la función: Jose Antonio, Franco, Serrano Suñer, Manuel Hedilla o Dionisio Ridruejo, etc... Creo que es un logro conseguir mantener la intensidad en sus tres partes principales (República, Guerra Civil, Franquismo) al hablar del movimiento falangista, y que el libro contiene en sí todo lo necesario para entender mejor cincuenta años de historia de la derecha española.

Stanley G. Payne (vía)






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