8 de diciembre de 2014

Quieto parado


Hace casi cuatro años que tuve mi primera experiencia con Jean-Marie Gustave Le Clézio, el premio Nobel francés de 2008, y acabé algo desconcertado. La segunda oportunidad tras El pez dorado ha sido  La cuarentena, un libro que en varios aspectos funciona como un espejo de El pez dorado, que curiosamente me ha parecido mejor construido y más coherente… a cambio sin embargo de resultar más aburrido. Les cuento:

La cuarentena es la historia de una familia (un joven médico, su mujer, y el hermano adolescente del doctor) que viaja de Europa a la Isla Mauricio a finales del siglo XIX. Tras una escala en Adén, donde conocen a un Arthur Rimbaud ya postrado en la cama con su rodilla enferma, deben refugiarse en la isla de Plate, al norte de Mauricio, para pasar la cuarentena al haber subido pasajeros enfermos en Zanzíbar. La novela describe la rutina en los días en la isla, y se centra especialmente en Léon, el hermano pequeño. Los rastros de Léon son buscados por su sobrino nieto, llamado igual, que cien años más tarde viaja a Mauricio y Plate, ya que Léon desapareció tras los días de reclusión en el crudo islote de Plate.

Mauricio, lejos (vía)

Sin duda Le Clézio quería conseguir una inmersión profunda del lector en el tedio que supone la vida en un islote descarnado a la espera de una ayuda que nunca acaba de llegar, mientras se desatan conflictos entre blancos, que son señores fuera de la isla, y culis, y entre los propios blancos. Hay escasez de alimentos y agua, y la muerte y locura acechan a los protagonistas de una manera progresiva y naturalista. El reto es tener la valentía de plantearlo en su extensa longitud, con descripciones reiteradas pero coherentes –a fin de cuentas, al protagonista principal le pasa casi todos los días lo mismo en los mismos paisajes con los mismos personajes-, apenas punteando la acción con la historia paralela de la infancia de la futura suegra de Léon, las breves notas de botánica que escribe un pasajero del barco sobre las plantas de la isla, y con el prólogo sobre Rimbaud y el epílogo actual.

En El pez dorado, la protagonista viajaba inesperadamente por medio mundo, vivía ilegalmente en todo tipo de lugares opresivos, conseguía salir de la pobreza, pero decidía regresar a sus orígenes. En La cuarentena, personajes que viajan al principio a sus orígenes (pues Mauricio es su casa a pesar de que lo es porque sus antepasados la colonizaron) son encerrados en un paisaje abierto, sin posibilidad de evolución (aunque sucede, pues Léon tiene su propia trama de novela de formación sucedida en apenas unas pocas semanas de asilvestramiento) y el viaje sucede desde la supuesta civilización hacia la naturaleza. En ambas hay carga metafórica, en el movimiento de masas e individuos, y en la relación delos individuos con el sistema impenetrable de poder, aquí la sinarquía de la colonia. Ambos tienen también excusa literaria algo tópica, que aquí lleva a ese Arthur Rimbaud convertido en inspirador postmoderno de historias. La cuarentena sabe sin embargo mantener más carga misteriosa; en las esquinas del relato están esos animales propios de Mauricio y su archipiélago que luchan por su propio espacio, la hostilidad de la situación que une y desune a la vez a culís y señores, y la conexión de un adolescente con la tierra en forma de sorprendente inseminación. Son momentos de intensidad conseguidos también gracias a la progresión meticulosa de la narración descriptiva, que perduran en un recuerdo incluso visual

Pero advierto que es un hueso duro de roer…


Jean-Marie Gustave Le Clézio (vía)

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