8 de enero de 2015

Destripador


Aunque Colin Wilson es un miembro (que no conocía) de los Angry Young Men, reconozco que debo esforzarme en encontrar en Ritual in the Dark las características del movimiento que más o menos conocía. Leo en la Wikipedia que Colin Wilson fue un filósofo existencialista autodidacta y un escritor prolífico, y que Ritual in the Dark es la primera de sus novelas que claramente indaga en la psicología del asesino en serie.

El protagonista de Ritual in the Dark es George, un joven solitario no rico pero sí ocioso que durante una exposición sobre Nijinsky conoce en Londres a Austin, un homosexual de tendencias sádicas, indecentemente rico y bebedor, viajero y fascinante. Ambos entablan conversación y descubren en cada uno cierto espejo de sí mismos, especialmente en su mirada misántropa e individualista contrastada con la religión, especialmente la católica, y la comprensión de las debilidades humanas. La vida de George da un vuelco al empezar a relacionarse con los círculos de Austin, pero no necesariamente los perversos de los bajos fondos, prácticamente ocultos en la novela, sino algunas de sus amigas de infancia e incluso un enfermo sacerdote católico que le conoce hace años. Todo ello coincide con una especie de reedición en 1956 de los asesinatos del Destripador, pues un desalmado está asesinando prostitutas por Whitechapel mientras la policía le persigue.

Jack el Destripador según Eddie Campbell para From Hell

Creo que Colin Wilson retrata bien la sociedad de los años cincuenta británica, que aún anda despertándose del shock de la guerra, en la que aún la religión pesa en el pensamiento y en la vida juveniles antes de la explosión social que está a punto de llegar, pero en la que ya existe cierta libertad sexual, la posibilidad de discutir valores tradicionales, y algunas psicologías más liberadas que las retratadas por Ian McEwan en Chesil Beach. La sensación es extraña: los protagonistas se tratan en todo momento con una educación exquisita, tienen conversaciones cultas sobre los crímenes, el arte, la función de Dios, y las pasiones humanas, en un educado y correctísimo inglés académico, mientras la modernidad se cuela en forma de horror y asesinato, perversión, y apuntes de pederastia y homosexualidad.

Lo que debía ser un perfil arriesgado de personajes hace cincuenta y cuatro años ahora queda dibujado sólo en forma de valor histórico. George es un heterosexual que acepta en igualdad la tendencia de su amigo Austin, pero la novela hace al homosexual perverso y sospechoso, y fuente de todo el problema existencial a discutir. George no es un joven airado, ni es crítico hacia la vida de millonario disipado que Austin lleva; la relación entre ambos no es lejana a tantas otras que ha dado la literatura inglesa (Retorno a Brideshead sería un ejemplo canónico), tensión sexual no resuelta incluida, y puede que la mayor disonancia de la novela sea ver un carácter taciturno pero fuertemente asentado como el suyo dejarse llevar por una vida ajena, si bien esto se explica por su aburrimiento vital y el hecho de que ese arrastre viene sembrado de cultura y arte. La historia de thriller, por su lado, es correcta y clara, aunque para llegar a la resolución hay quizá demasiadas reiteraciones en los hechos.


Colin Wilson (vía)

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