14 de abril de 2021

Relatos totales

Como me ha pasado con Sapiens, de Yuval Noah Harari, o Imitación y experiencia, de Javier Gomá, en Historia del pensamiento social, este texto clásico de la Sociología escrito y múltiples veces revisado y reeditado durante 50 años por su autor, Salvador Giner, me he visto de nuevo atrapado por una historia de la humanidad con un relato en continuidad, que en este caso se centra en la evolución del pensamiento social, el camino a la Sociología como ciencia, y las filosofías políticas que fueron conformando tanto las características del poder político como las de la sociedad que dicho poder gobernaba. Las tres son eurocéntricas y comparten, desde su propia estructura, el relato de un progreso, de un camino hacia un futuro que, en el caso de Giner, se especifica muy bien en su capítulo sobre San Agustín:

'A esta visión agustiniana cósmica y general, coherente, de la historia de la raza humana a través del tiempo le cupo una enorme influencia en la cultura occidental posterior. Todas las teorías del progreso (de la Ilustración, en el siglo XVIII, a las hegeliana y marxistas posteriores) han asumido que la historia posee una dirección y sentido, y que en ella acaece un despliegue creciente de la conciencia humana y de su libertad. El contenido de cada teoría puede ser diverso (el marxismo, forjado en el siglo XIX, por ejemplo, no es cristiano), pero el enfoque agustiniano es detectable en todas ellas, por lo menos en el providencialismo, sea o no religioso. La concepción agustiniana de la historia ha sido revestida por cada pensador providencialista con rasgos distintos, pero constituye el fundamento de cuantos han sostenido que la historia de nuestra especie posee un sentido y estructura, un lugar de origen y otro de destino que son cognoscibles con la información que poseemos'

El recorrido de Salvador Giner por el pensamiento social se estructura en seis grandes libros: La era clásica; Cristianismo y Edad Media; Renacimiento, Reforma e Ilustración; el Liberalismo; el Socialismo; y Ciencia y pensamiento social en el mundo contemporáneo. Su repaso es ambicioso y completista, dudo que se haya olvidado de pensador o escuela relevante en sus 800 páginas, y funciona como magnífico libro de cabecera en cuanto a introducción a las ideas sociales y políticas, y a los que fueron sus autores. Y este magnífico como calificativo no procede sólo del conocimiento adquirible (enciclopédico), o de la capacidad de resumir y administrar la información y el análisis relevantes (un ejercicio de evaluación, síntesis y concreción ímprobo), sino, sobre todo y para mi gusto, del tono, del carácter objetivo, amplio de miras y neutral de ese análisis, de la habilidad para explicar con precisión la conexión entre cada idea o escuela de pensamiento con su tiempo, los motivos de su aparición, y sus influencias en su tiempo y posteriores, fueran éstas buenas o malas para la humanidad. Esta ecuanimidad, combinada con una sintaxis y una semántica ricas, pero de vocación denotativa, apoya el carácter pedagógico del texto y lo eleva a lectura adictiva y apasionante, en mi caso durante un mes. Antes lo habría terminado si no fuera por los avatares extraños de la vida en tiempos convulsos.

Agustín, Immanuel, Alexis, Karl

No es fácil, ni probablemente justo, intuir el pensamiento propio de Giner bajo el texto; hay pensadores por los que se le nota cierta debilidad, pero parece proceder más del reconocimiento de su clarividencia en un momento dado, de su renovación del análisis social, o de su compromiso con su tiempo. De las extensas páginas dedicadas tanto al liberalismo como al socialismo le deduzco partidario del esquema de democracia liberal con estado de derecho, y más cerca de los reformismos prácticos y reales que de los mecanismos revolucionarios. A Giner, aunque editó la última revisión de su obra en 2017, no le da tiempo a analizar con perspectiva las derivas actuales de los sistemas democráticos, y ya no lo veremos, porque falleció en 2019.

Nicolás, Thomas, Friedrich, Antonio

Además del aprendizaje, conocimiento y visión adquiridos, confieso el disfrute que me producen todos aquellos pasajes en que Giner desmonta tópicos o permite vislumbrar paradigmas nuevos. Dejo varios más abajo, que no pude reprimir tuitear durante la lectura. También confieso como lego en politología el descubrimiento de autores de nuestro tiempo (o casi: Isaiah Berlin, John Rawls) a los que leer o conocer más a fondo, aunque sus obras fundacionales tengan algunos años; y, por supuesto, el de autores clásicos con los que ponerse las pilas, aunque de algunos ya supiera que tenía esos deberes (Montaigne, Tocqueville) y otros hayan sido una sorpresa (Kropotkin). Ay, el tiempo tan escaso…

Jean-Jacques, John Stuart, Georg

LOS TÓPICOS DE MAQUIAVELO, HOBBES Y MARX

'Como Maquiavelo antes que él, el gran pecado de Hobbes consistió en declarar la verdad. No sorprende que merced a la aspereza y absoluta franqueza de sus expresiones, ambos fundadores de la teoría política moderna hayan sido los pensadores más tergiversados en toda su historia. Hay un escándalo en torno a Maquiavelo como hay un escándalo en torno a Hobbes. Por ello, cada vez que se usa el vocablo maquiavélico o el vocablo hobbesiano se hace injusticia a uno y a otro. En realidad hay un trío de incomprendidos puesto que marxista es un adjetivo que se refiere invariablemente a posiciones con las que Marx poco o nada tuvo que ver'

 

KANT Y LA EDUCACIÓN UNIVERSAL PARA LA PAZ DE LOS PUEBLOS

'La seguridad con la que Kant ve el futuro establecimiento de la paz en el mundo difiere de la manera con que diplomáticos y juristas habían enfocado hasta entonces. En su "Proyecto para llegar a la paz perpetua en Europa', el abate de Saint-Pierre había ya sugerido la fundación de una organización internacional de estados. Esto es lo que sugiere Kant, pero yendo más allá. Kant no ve la paz perpetua como un acto multilateral de voluntad entre gobiernos, sino como un evento histórico fruto de la paulatina generalización de la educación entre los hombres. Kant se da cuenta de que el mismo acuerdo internacional puede parecer utópico, y no digamos ya la paz espontánea, sin educación. Además, se opone a la actitud desdeñosa de Rousseau y de Federico II de Prusia contra el escrito de Saint-Pierre’

 

JOHN STUART MILL Y LA INTELECTUALIDAD PÚBLICA

'John Stuart Mill abogó por las manifestaciones pacíficas en la vía pública, en las que tomó parte. Esta actividad, así como sus discursos al aire libre en Hyde Park, son algo nuevo en la historia de la filosofía social. Aparece con él el intelectual que no se contenta con publicar sus ideas sino que considera su deber pasar a la acción pública y cívica, junto a otros ciudadanos que piensan como él, y todo ello sin aspiración alguna a ocupar cargos públicos. La actividad del intelectual como agente moral cívico no se inaugura enteramente con Mill, pero su vigor y militancia le han deparado un lugar muy destacado en la historia de la participación de los pensadores, científicos y artistas en la vida pública'

 

TOCQUEVILLE Y EL PAPEL DEL ASOCIACIONISMO EN LA DEMOCRACIA

‘Alexis de Tocqueville en su estudio de la sociedad norteamericana descubrió cómo el pluralismo asociativo era el soporte del político y cómo el desmoronamiento del primero significaría el fin inevitable del segundo. Al mismo tiempo, le interesaba investigar los procesos por los cuales se mantiene el pluralismo en una sociedad democrática sometida a las tendencias niveladoras y homogeneizadoras. Tales procesos son el federalismo y la descentralización. Ambos son esquemas políticos, los cuales, por sí solos, no pueden producir los efectos deseados por Tocqueville. Para que exista un verdadero pluralismo social tienen que medrar toda clase de asociaciones espontáneas, con propósitos diversos -comerciales, recreativos, industriales, científicos- y con un alto grado de autonomía y sin injerencia estatal. Merced a ello se creará en una sociedad civil fuerte una densa capa intermedia entre el estado y el individuo, que protegerá a éste, pues el estado no podrá manipular al individuo sin tenérselas que haber antes con las asociaciones de que sea miembro. En una sociedad aristocrática, el individuo está protegido por sus propios privilegios o por su propio señor (en caso de no ser víctima de sus desafueros), pero en una sociedad democrática no hay otra garantía que la del pluralismo social, el cual, a su vez, implica y presupone el político'

 

ENGELS Y EL USO DE ESTRATEGIAS BÉLICAS EN LA REVOLUCIÓN

'Friedrich Engels se alza contra los “quijotes y sanchopanzas” de las revoluciones, que creen que éstas pueden triunfar de un golpe, sin tener en cuenta los inmensos recursos de la reacción. Esto, naturalmente, no es desaconsejar la revolución, sino introducir en ella la estrategia, arte marcial del que Engels era gran admirador. Sus descripciones y análisis de los grandes conflictos armados del siglo XIX son de los más sobresalientes de la época. Dentro de este espíritu, Engels recomienda a las fuerzas proletarias la lectura atenta de la obra clásica sobre la estrategia del general prusiano Karl von Clausewitz (1780-1831), autor del célebre tratado <Sobre la guerra>’

 

¿ES EL FASCISMO UN SOCIALISMO?

'Lo que todos los fascismos tienen en común con el alemán y el italiano es el nacionalismo fanatizado y cierta forma de “socialismo” de estado [...] En Alemania, el nazismo incluía la alianza del estado con los grandes monopolios y con la gran burguesía. Parte de ella financió el partido de Hitler durante su subida al poder. El socialismo fascista, pues, no es genuino, por cuanto supone sólo una regimentación del pueblo a través de la máquina burocrática de un estado que todo lo abarca y no rompe con la propiedad privada. (...) El fascismo engloba la corrupción del socialismo, desprovisto de su fenómeno fundamental de antagonismo de clase, que está presente hasta en el mismo reformismo, y que degenera en un sistema de alianzas con la gran finanza y con los monopolios y oligopolios, amén de la creación de empresas orientadas hacia la autarquía económica de la nación fascistizada. La autarquía a toda costa es la doctrina económica del fascismo'

 

LAS LIMITACIONES DE LA TEORÍA MARXISTA DE LA ECONOMÍA

'La aportación marxista fue menguada en el campo de la teoría general de la planificación socialista. En su lucha contra la sociedad burguesa, los primeros autores marxistas no se preocuparon por elaborarla, de modo que la revolución bolchevique les cogió por sorpresa: el partido soviético se vio forzado a improvisar pragmáticamente, con lo cual creó un estrato gerencial tecnocrático. Hubo aportaciones de varios autores (Enrico Barones, Oskar Lange, Charles Bettelheim) que intentarían paliar algo el problema con mayor éxito, momentáneo, de seguidores académicos que de realizaciones palpables. En todo caso, el contraste entre la riqueza de la actividad crítica anticapitalista con las limitaciones, por no decir pobreza, de la teoría marxista de la economía socialista, fue, a todas luces, notable.'

 

LUKÁCS Y LA CONCIENCIA REVOLUCIONARIA DEL PROLETARIADO

'Georg Lukács estudia la cuestión, crucial para los marxistas, de la conciencia proletaria. Para él, el proletario no sólo posee conciencia de los objetos sino que por su condición explotada posee una conciencia práctica que pide su transformación. Por lo tanto, es en el proletariado donde la unión de teoría y práctica se realiza y sólo en él pueden realizarse, puesto que únicamente la clase obrera es a la vez sujeto y objeto de la historia en condiciones de capitalismo industrial. Estas ideas, a primera vista nada explosivas para el progreso del movimiento comunista, le valieron a Lukács una inmediata repulsa. La acusación de propugnar la espontaneidad proletaria inspirada por un romanticismo aburguesado cayó pronto sobre él. Para la naciente ortodoxia soviética era el partido, y no la clase obrera, el depositario único de la conciencia revolucionaria del proletariado: éste por sí solo era incapaz de elaborar estrategias eficaces. Cualquier desviación de esta noción oficial debía extirparse. Los ataques oficiales contra Lukács no poseían a la sazón el poder exterminador que alcanzarían años más tarde, durante el triunfo pleno del estalinismo'

 

GRAMSCI Y LAS DIFERENCIAS ENTRE MARXISMO ORIENTAL Y OCCIDENTAL

'Un aspecto que atraería la atención del marxismo occidental tras la Segunda Guerra Mundial hacia Antonio Gramsci fue su noción de que la estrategia revolucionaria occidental debía diferir de la del este europeo. Ello es así porque la relación entre estado y sociedad civil difiere también entre ambas latitudes. “En el este el estado lo era todo, y la sociedad civil era primitiva y gelatinosa; en el oeste se producía una relación apropiada entre estado y sociedad civil, y cuando temblaba el estado una sólida estructura de sociedad civil aparecía inmediatamente”. En consecuencia, lo adecuado para Europa occidental era una “guerra de posiciones”, ganando poco a poco terreno en la sociedad civil y hasta en la política, mientras que en la oriental, como en Rusia con los bolcheviques, era la “guerra de movimiento”, es decir, el asalto frontal a las instituciones opresoras. Gramsci pedía “paciencia y tenacidad infinita” a los comunistas occidentales, así como la creación de un “bloque histórico” o alianza de fuerzas progresivas varias, en lucha contra las clases burguesas y sus aliados. Gramsci no cayó en el reformismo en el sentido de que nunca imaginó que la “guerra de posiciones” por la que abogaba excluiría el enfrentamiento final revolucionario, pero ciertamente su doctrina al respecto, cuando se conocieron sus escritos carcelarios, fue interpretada por muchos comunistas occidentales como una legitimación de su propia política reformista'

 

Salvador Giner, por Amadalvarez (vía)


 

 

31 de marzo de 2021

Desmontando a Murnau


Era pertinente ver Tabú, la película de Friedrich W. Murnau, antes de comentar Noche y océano, la novel de Raquel Taranilla que ganó el Biblioteca Breve del año pasado, y en la que Murnau tiene un papel relevante. Bueno, en realidad su cabeza, que es la que lo desencadena todo. La protagonista es Bea, una profesora solitaria de Sociología que vive de alquiler en un caserón destartalado de Barcelona, que decide escribir su relato al conocer que alguien ha robado la cabeza de Murnau de su tumba. Bea sabe quién es el autor de la profanación: un antiguo compañero de alquiler, Quirós, que le impuso su casera, y que vivía obsesionado con realizar un documental sobre Murnau y el rodaje de Tabú en la Polinesia. La noticia, por cierto, es un hecho real.

Friedrich Wilhelm Murnau, director de películas como Nosferatu, El último, Fausto, Amanecer, o Tabú

Murnau como figura y Tabú como película permiten a Taranilla construir un libro no sé si decir polifacético o incluso multidisciplinar, de mil intereses culturales y riquísimo en referencias, que viaja de la apropiación cultural al análisis crítico, parando en la descripción a veces comprensiva a veces irónica de varias miserias humanas. Bea se ve obligada a convivir con Quirós y poco a poco se sumerge en sus obsesiones y en sus toneladas de documentación. Mientras, va definiendo su propio personaje insatisfecho con su trabajo (el desprecio hacia la actividad universitaria es profundo), su vida, su época, y hasta con su propia intelectualidad. Sabemos desde el principio que Quirós ha robado la cabeza del genio (del que el propio Quirós carece), y hay un interés en saber cómo y por qué, pero, más allá de lo remarcable y osado de la acción, y más allá incluso del enjambre de anécdotas y lecturas alrededor de Murnau (sin ser estas menores, dado su carácter y figura), son las opciones estilísticas y dramáticas que la autora escoge y ejecuta las que hacen de Noche y océano un libro tan interesante, tan brillante por momentos, y tan divertido como inteligente.


Tabú, película de 1931, que empezó a dirigir conjuntamente con Robert Flaherty, director del documental pionero Nanuk, el esquimal.

¿Ejemplos? La cinefilia de Taranilla, su sentido digamos cinéfilo del humor, tan reconocible por cualquiera que lo haya practicado en los límites artísticos en que la autora los ejecuta y que incluyen matices desde el desencanto cínico al detalle enciclopédico. Otro ejemplo, literariamente más curioso, es el uso de los pies de página, que son parte de la ficción del libro, y que contraponen un humor algo más absurdo y desatado que el texto general, y hasta constituyen por momentos una línea literaria distinta a la principal, que resulta natural y que informa de manera indirecta sobre el carácter de la protagonista. He leído luego, no sé dónde, que la autora admira a David Foster Wallace (¿quién no?), y ciertamente por momentos pensé en Hablemos de langostas, algunos de cuyos capítulos alcanzaban el barroquismo retorciendo este recurso. Me gusta mucho también la obsesión de la protagonista con su edad, presente a lo largo de la novela y usado como contrapunto de su ánimo, más bien estático y de cierto espíritu estoico, al describir la vida de muchos de los personajes reales referenciados en el libro a sus 32 años, los que Bea tiene al narrar esta historia.

Todo esto y varios apuntes más contribuyen a un ejercicio en ocasiones arrollador de cultura y memoria usados con una ligereza evasiva, como si la protagonista, agotada de que su pasión por la cultura le haya rendido una vida gastada, superara su malestar mediante un espejo satírico, más que crítico, del arte, sus practicantes, y sus hermeneutas. En cualquier caso, es una obra que habla un lenguaje que me resulta muy cercano, y que por ello probablemente me ha enamorado.

Raquel Taranilla (vía), fotografiada por Abel García Roure.

 

16 de marzo de 2021

Conocer a Federico

Si entre los delirios de Friedrich Nietzsche estuvo el superar su estado de humanidad y alcanzar una posteridad, no hay duda de que ha sido así. Pocos filósofos han dejado varias ideas que sean reconocidas con planteamientos relativamente entendibles, que en su caso además adquirían un tono profético o visionario. Dios ha muerto, la popularización de la idea del eterno retorno, y el concepto del Superhombre sobrevuelan el siglo XX, y sus interpretaciones han sido múltiples. La diferencia entre lo apolíneo y lo dionisíaco es menos generalista, pero conocida e inevitable en el mundo del pensamiento. En una competición entre filósofos, Nietzsche estaría bastante arriba en influencia y recuerdo. Aunque es cierto que es relativamente reciente, y otras generaciones dirán.

Friedrich Nietzsche

Aun conociendo (parcialmente, por supuesto) su filosofía, no he leído nunca a Nietzsche; cuando vi esta biografía, que se presenta más bien como una iniciación a los libros de Nietzsche, me resultó atractivo porque además partía del seguimiento de una correspondencia inmensa donde el filósofo analizaba su vida, obra y repercusión en una pulsión escritora aparentemente sin fin. El título, Vidas de Nietzsche es sin duda adecuado para alguien que tuvo etapas vitales muy diferenciadas, al menos tres muy distinguibles en su madurez: su actividad como cátedro y profesor en la Universidad de Basilea durante su juventud, su vida de escritor libre y nómada tras renunciar a ese puesto (en la que va publicando su obra y ganando más reputación que dinero), y su incapacidad final tras caer en la demencia durante la década final de su vida, que termina en 1900 con 56 años.

Miguel Morey transmite una considerable pasión por su biografiado, en un texto descriptivo pero ágil, que se detiene en el pensamiento de las obras de Nietzsche pero también en su contexto, las dificultades o no de su publicación, y su impacto notable, tanto en el autor como en la sociedad intelectual a la que se dirigía. Fue protagonista de polémicas culturales, como su cambio de posición respecto a Wagner por los posicionamientos religiosos de madurez de éste, y un viajero continuado entre varias plazas centroeuropeas (Basilea, Génova, Turín, Bayreuth, Sils María…) en busca continua de reposo para sus dolores, de concentración para su pensamiento, y de alojamiento barato o gratuito. No es posible resumir lo que desgrana Morey sobre Nietzsche, porque desentrañar su vida y pensamiento es a fin de cuentas a lo que se dedica Vidas de Nietzsche. Pero sí que hay apuntes sobre el filósofo que me quiero llevar, y por ello prefiero dejarlos escritos. Por ejemplo, su distinción entre su formación científica como filólogo y su vocación poética como filósofo (consecuencia de la dicotomía entre lo apolíneo y lo dionisíaco), y cómo desarrolló su exigencia profesional como escritor en el campo de la filosofía, tema sobre el que reflexionó con lucidez:

También es especialmente interesante su acercamiento a las disciplinas científicas que hoy llamaríamos puras, en las que apoya partes de su múltiple ideario, con conclusiones muchas veces erróneas que la ciencia desmentiría más adelante; hace pensar en cómo habrían sido determinados planteamientos si esa atención a la ciencia se hubiera producido caso de nacer Nietzsche en época más reciente, o de haber reconocido más lúcidamente la esencia del método científico, que parece el problema de muchos pensadores del cambio de siglo fascinados por los avances del progreso y decididos a teorizarlos.

También es de interés ineludible el entorno de cultura pangermánica y antisemita en que vive Nietzsche. Él era apátrida, no era antisemita, ni creía en el estado. Fue en ese sentido un adalid de libertad individual frente al poder estatal o frente a las masas adocenadoras, pero el continuo establecido entre los filósofos y la cultura de Grecia -que eran su especialidad académica- y la casi única cultura alemana como objeto de estudio contemporáneo es señal de los tiempos leída entre líneas para un hombre que, sin embargo, estableció barreras claras ante la construcción del nacionalismo germánico: seguramente le sería muy dolorosa la lectura que el nazismo hizo de su obra.

Finalmente, ¿qué queda del propósito de Morey, servir de introducción a obras de Nietzsche? Pues el libro se antoja útil, aunque los títulos que me apetecen no son los más conocidos. Morey le dedica especiales atención y cariño a Así habló Zaratustra, analizado prolijamente, mayor exponente del filósofo como profeta y libro que sigue leyéndose y vendiéndose bien. El estilo aforístico de Nietzsche, por su lado, me produce cierto alejamiento, aunque los extractos muestran su gran fuerza parabólica, sin duda demostración de su inclinación por lo dionisíaco. Sucede también que determinados pensamientos radicales y controvertidos hoy son socialmente aceptados (pienso en El Anticristo, o en El nihilismo europeo) y por ello pierden cierta capacidad de asombro que debió ejercer con ellos muy destacadamente cuando escribía y publicaba el más impetuoso de los pensadores. Quizás, curiosamente, sea más interesante leer a los intérpretes de su obra, nótese por ejemplo aquí. Veremos…

Miguel Morey (vía)


17 de febrero de 2021

Casas en Madrid


La cabeza a pájaros es una biografía novelada de la familia de su autora, Marta Fernández Muro, actriz de varias películas clave allá por la transición, que ha devenido en avezada narradora. Depositaria de la memoria de varias mujeres de su familia, la autora comienza su relato desde su edad actual, al trasladarse a vivir cerca del piso en que creció, y rememorar cómo su bisabuelo llegó a la ciudad y supo trabajar bien y hacer dinero con una tienda de perfumería que dio de comer y disfrutar a varias generaciones de la familia. La épica de la familia Romero no se aleja de la de cualquier familiar bien instalada en el siglo XX español, pero no se trata de los hechos en sí, convencionales en general, como del tono, estructura y subtexto del libro.

La Carrera de San Jerónimo, entre 1916 y 1923 (vía)

Es facilón, pero me resulta inevitable pensar que el tono tierno, con toques de ingenuidad, para hablar de la combinación de personajes estrictos y tarambana de la familia, encaja bien con la imagen que recuerdo de las interpretaciones características de Marta Fernández Muro, cuya carrera interpretativa reciente no conozco. Más allá de este prejuicio, sobre la novela revolotea una gozosa mirada ligera, en la que Fernández Muro, niña en los últimos capítulos, parece incluso estar físicamente mirando entre sus tíos, abuelos y bisabuelos cuando aún no ha nacido. Es un acercamiento muy adecuado, porque evita el ajuste de cuentas típico de determinada literatura del yo, y porque, ternura mediante, permite al lector asombrarse con los hechos y detalles a la par que la narradora, y empatizar así con los personajes.

Calle de San Agustín, en 1945 (vía)

El presente se apunta brevemente en el inicio y final de la novela, y se puntea en algunos momentos, pero la trama central del libro sigue la línea desde sus bisabuelos hasta Marta a través sobre todo de su abuela y su madre, con su abuelo y su padre casi como personajes invitados. Hay una retahíla enorme de tíos, tías, primos y primas, y la demora en las peripecias de cada tí@ abuel@ detiene también el tiempo en una época agotada. Como saga familiar de un grupo realmente numeroso, las desapariciones y muertes van acompasando el relato y haciendo fronteras entre los cambios de vida y época. El servicio de esta familia bien sirve a lo largo del tiempo como contrapunto de realidad a unas protagonistas un tanto encerradas en sus familias y casas. Evita la autora hablar de lo que podría ser su faceta más reconocible por el público, su trabajo de actriz, y cierra el relato familiar en su primera juventud, cuando ya puede salir de su casa.

Y es que las casas, los dos pisos de Madrid en que vive la familia más la casa en El Escorial, son los grandes escenarios de la novela, y Marta Fernández Muro las describe con detalle e incluso mimo. La casa es zona de seguridad y a la vez el escenario de un encierro. Tal es así que una mudanza entre los pisos de la Carrera de San Jerónimo y San Agustín es una cuidadísima pieza de aventura descrita con finura psicológica admirable. También los escasos episodios en el exterior (la madre en Biarritz durante la Guerra Civil, o las vacaciones en un Benidorm primitivo) son contrapuntos de una vida un tanto ensimismada. Aunque entre tantos personajes caben muchos perfiles, la línea principal de mujeres españolas, creyentes y familiares, cuidadoras, pero también alegres, firmes, pero también resignadas, que lleva de la bisabuela a la niña, se asienta en el hogar que crean, que es acogedor y ningunea a quien lo abandona (que en general desaparece del hilo narrativo). No existen interpretaciones subrayadas en el libro a estas lecturas, pero pueden buscarse con facilidad en el país, en su historia, y sus mujeres. He leído en algún sitio que la novela es galdosiana, y puedo entenderlo, porque añade además a estos elementos la vida regalada de varios personajes que actúan un tanto como los rentistas, o incluso los funcionarios, de Galdós.

En cualquier caso, lo sorprendente podría ser el aire galdosiano desprovisto de la trascendencia con que igual le leemos ahora. El donaire con que la autora supera la Guerra Civil y el contexto de postguerra son un buen ejemplo. La cabeza a pájaros se lee con una sonrisa dibujada de reconocimiento tanto en las peripecias concretas como en una literatura que, aun con todo el sabor de un talento atento al detalle físico y psicológico, sabe esquivar tanto la gravedad como la frivolidad.

Marta Fernández Muro (vía)


2 de febrero de 2021

El faquir


Fakirraren ahotsa (La voz del faquir) es el connotativo título que Harkaitz Cano escogió para la biografía novelada de Imanol Larzabal. Cambiando algunos nombres (el del propio Imanol, en la novela apellidado Lurgain) y ficcionando o dramatizando determinadas situaciones, Cano reconstruye un personaje de la transición vasca y reflexiona sobre la capacidad social de la música, y, especialmente, sobre el peso de las decisiones libres ante los fanatismos. Imanol pertenece al no tan pequeño club de vascos perseguidos y encarcelados por el franquismo que luego fueron perseguidos por ETA. En su caso sucedió, a pesar de haber sido militante de la banda a finales de los años sesenta, por posicionarse en contra del asesinato de Yoyes en 1986. Sólo un año antes Imanol había cantado en Martutene y en los altavoces de su equipo de música se fugaron Sarrionaindia y Pikabea. Yoyes es otro de los personajes cuyo nombre se modifica en el libro: de Dolores González Cataraín a Lourdes Arakistain.

 Imanol Larzabal, foto de Bidegileak en Wikipedia


En un inicio, aparentemente, nada en
Fakirraren ahotsa se antoja novedoso, pero todo está muy bien ejecutado y resulta por momentos conmovedor, gracias por un lado por el recuerdo del personaje, pero visto más de cerca resulta ser también a pesar del mismo, un hombre bastante desastre en su vida personal: manirroto (o demasiado generoso, si se prefiere), semialcohólico, incapaz de realizar el mínimo trámite, a los que tenía aversión, jamás abrió una cuenta corriente o se dio de alta en la Seguridad Social. Vivió la mítica del 68 en la comunidad artística española y latinoamericana de París, donde vivía exiliado, y donde su vocación de cantante encajaba en el movimiento de cantautores reivindicativos del momento. Amigo de Paco Ibáñez, Imanol siempre fue amable con todo aquel que le pidiera una actuación; cantó en iglesias, cárceles y mítines políticos de diferente signo. Y aunque en parte estas actitudes derivan de su idealismo crecido en los mágicos sesenta, parte de este carácter también entronca con una forma tópica de adanismo reconocible en un modo de ser (hombre) vasco. Para cuando Imanol, en un acto tan libre como ingenuo, se enfrenta a la izquierda abertzale, tiene 40 años, no tiene casa ni ahorros, sus conciertos desaparecen y sus discos dejan de venderse; empieza a ver su nombre dentro de dianas pintadas en las paredes de su pueblo, donde se le acercan los conocidos en los bares y le preguntan recurrentemente si sigue vivo, y sus amigos le acusan de estar siendo manipulado. Al rescatar su historia, Cano convierte a Imanol en el centro de un juego de traiciones; separado de su propia tradición cultural, recibe la solidaridad de un público y una audiencia que no son las suyas y con las que no conecta. Finalmente, se exilia de nuevo, pero, enfermo, muere en Orihuela sin llegar a los sesenta años.

Yoyes (vía)

La opción narrativa escogida por Cano me recuerda a las biografías de Jean Echenoz, aunque parta de una investigación tipo Ciudadano Kane. El tono es también ligero como en los acercamientos del novelista francés a Tesla o Ravel, pero aparenta mayor densidad emotiva, probablemente porque los hechos le son más cercanos a Cano que los de sus biografiados a Echenoz, y porque en cierto modo el hombre concreto en lucha contra un poder casi omnímodo lo exige. El libro lógicamente no se soportaría con una visión fanática: Imanol milita en ETA de manera convencida pero blanda, y se horroriza del uso de armas y literalmente aborrece los actos de los que fueran sus amigos de primera juventud. Y la versión del personaje no es sólo ésta: el libro tiene momentos muy conseguidos sobre el carácter creativo, sentimental e incluso transformador de la música y lo que significa para sus creadores e intérpretes, y dedica muchas páginas a los que fueron compañeros de giras y grabaciones, con un anecdotario rico que alcanza un capítulo cumbre en un bizarro viaje a la RDA.

Pero hay en Fakirraren ahotsa un capítulo que es un verdadero tesoro, un capítulo central especialmente destacable, apenas diez páginas en las que Cano describe el asesinato de Yoyes/Lourdes en la plaza de Ordizia en un juego de espejos con párrafos simétricos. La narración se acerca a la genialidad: en apenas unos párrafos y jugando formalmente con su organización, el autor da la vuelta al personaje de Imanol, a su cotidianeidad y relaciones, se sitúa a la mitad de su vida profesional, pero también en la mitad de lo que cronológicamente, es también la propia historia de ETA: para muchos fue el desenmascaramiento de su crueldad y punto de inflexión en su derivada (un año más tarde llegó el atentado de Hipercor). Me dieron ganas de aplaudir en el banco en releí el capítulo, pensando incluso si no se trataría de un error de imprenta. Todo ello, es importante decirlo, sin grandilocuencia y con las notas debidas del drama descrito, ya que Yoyes fue asesinada delante de su hijo de tres años.

¿He dicho error de imprenta? Sí, pero obviamente no lo es. El problema es mío, que llevo veinte años sin leer en euskera, aunque en mi juventud fuera lector de autores canónicos con Anjel Lertxundi, Bernardo Atxaga, o Ramon Saizarbitoria. Fakirraren ahotsa está lleno de diálogos en hika y de expresiones literarias que me obligaban a releer con frecuencia. Creo que la prueba ha sido superada y que seguiré con más lecturas en euskera, lo cual abre universos y neuronas (lo sé porque ya estuve ahí, pero la vida me arrastró fuera).

Inevitablemente, queda hablar del relato, al que esta novela contribuye. El autor asume y narra con naturalidad casi costumbrista la entrada de Imanol y sus amigos en ETA a finales de los sesenta, lo-que-se-hacía-en-los-sesenta-contra-Franco. Una lectura correcta en lo político cincuenta años después hablaría de blanqueo formal, pero eso en mi opinión es no entender la época ni al personaje protagonista, que después vive en silencio el ostracismo al que su propio mundo le somete tras la muerte de Yoyes, en una experiencia personal y solitaria que Imanol no es capaz de compartir emocionalmente incluso con los apoyos que entonces le surgen. La de Imanol es una tragedia no extraña en el País Vasco, perfectamente reconocible en los detalles locales, pero no alejada de una lectura general sobre el fin de los idealismos, la caída de la inocencia frente a la productividad y el consumismo (que aplican a la música, pero también al terror) y la incapacidad de madurez que con frecuencia afecta al genio.



19 de enero de 2021

Multitudes


Cuando en 2019 una pareja de amigos me regaló este libro de Ed Yong, Yo contengo multitudes, ninguno imaginábamos lo que estaríamos hablando de microbiología a estas alturas. Las multitudes a las que alude Yong en su título (publicado en 2016) no son las de Walt Whitman, al que homenajea el verso extraído de Song to Myself: I am large, I contain multitudes, sino los microbios que nos habitan, y tal y como Yong nos va a explicar, nos curan, nos permiten vivir, y hasta nos identifican.

Yo contengo multitudes es una historia de la relación entre la Humanidad y los microbios basada en el conocimiento que poco a poco hemos alcanzado sobre nuestro microbioma. Es un campo científico en que sus especialistas reconocen que queda un campo amplio por conocer; es por ello apasionante, pero también es interesante por las posibilidades médicas que abre, y, algo que Yong menciona y explica pero no profundiza, filosóficas en cuanto ontología, definición de la identidad y del ser. El subtítulo recoge esta frase, una vez visto el título poético: Los microbios que nos habitan y una visión más amplia de la vida.

Colonia de Clostridium difficile (foto de CDC/Dr. Holdeman - Centers for Disease Control and Prevention's Public Health Image Library, número #3647). Afecta sobre todo a personas que han tomado antibióticos.

En su estudio Yong empieza por definir el tiempo que los microbios, especialmente las bacterias, llevan en la Tierra. Habla también de cómo dominaron el mundo (dudando que hayan dejado de hacerlo) y cómo influyeron en la creación de organismos pluricelulares y en la aparición de los animales. De cómo empezamos a ser conscientes de su existencia (son preciosos los pasajes dedicados al fabricante de los primeros microscopios, Anton von Leeuwenhoek), a cómo pasamos a combatirlos cuando supimos que entre ellos estaban los patógenos fuentes de varias enfermedades, y cómo finalmente somos conscientes de su importancia en nuestra salud, cómo hemos descubierto muchísimas más variedades gracias al análisis genético, y cómo intentamos avanzar en su conocimiento para mejorar nuestra salud.

Yong describe varios descubrimientos verdaderamente excitantes; entre ellos me impresiona especialmente la transferencia genética horizontal (TGH), practicada durante millones de años por las bacterias, y que asegura su pervivencia y selección natural, pero que tiene investigadores que defienden que sucede también entre animales (humanos incluidos): parte de nuestro genoma está constituido por genes de las bacterias que nos habitan, aunque, cuenta Yong, suelan eliminarse esos fragmentos de los resultados de los análisis genéticos, negando un tanto una intromisión inquietante en nuestra individualidad (e identidad, incluso) que supera el más confortable concepto tradicional de simbiosis. Pero tampoco está mal el trasplante de microbiota fetal (TMF) como técnica utilizada recientemente para repoblar el microbioma intestinal de pacientes con afecciones graves a través de la toma de excrementos de personas sanas (los animales suelen comer los excrementos de sus congéneres, y así mejoran sus propios microbiomas). Por terminar con un tercer caso impactante, es muy atractiva la explicación de la relación entre el correcto desarrollo del microbioma de un niño y su modo de nacimiento (por cesárea el niño no adquiere los microbios de la vagina de su madre), su lactancia (la natural fomenta el crecimiento de cepas que responden específicamente a los nutrientes), y su alimentación, factores que parecen clave en el desarrollo y desempeño del microbioma del individuo.

Janthinobacterium lividum (fotografía de Ninjatacoshell), bacteria protectora de las ranas y salamandras de Norteamérica

Yong insiste mucho en una idea que le he leído a él y a otros microbiólogos durante la pandemia del Covid-19, sobre la equivocación de considerar a los microbios como enemigos contra los que luchar en una guerra en la que conseguir vencerlos. Más allá de nuestra necesidad de los microbios para subsistir, y del hecho de que las especies únicamente patógenas sean un número escaso del total, la visión es equivocada y responde a un momento científico determinado ya superado. Lo cierto es que el microbioma es complejo (y variable: cada uno podemos tener cepas diferentes y en cantidades distintas, y varía entre nuestras diferentes partes del cuerpo) y que, según las condiciones, la misma bacteria que nos es beneficiosa puede perjudicarnos. No es que debamos cuidarlas, es que también condicionan cómo debemos alimentarnos para mantenernos sanos. Su comportamiento, por tanto, se desvía de conceptos éticos fáciles que no les atañen. Y también pone el autor una pata de su libro en el mundo natural y la influencia de las bacterias en el desarrollo o decadencia de especies terrestres y marinas.

Con todo este material, Yong entrega un libro muy ameno, cercano, de fácil lectura, de clarísimo efecto divulgativo, que combina historia y biología con habilidad, que se mueve entre ejemplos de especies, geográficos e individuales otorgando agilidad al texto, sin obviar un humor blanco y al que es difícil reprochar nada.  No obstante, durante varios pasajes tuve la sensación de que me perdía mucho conocimiento del que atesora Yong precisamente por la estrategia divulgativa, como si me atacara una nostalgia por los libros académicos, clasificatorios, de mayores definiciones, que tuve que estudiar durante mi formación científica. El libro contiene una bibliografía abundante, una buena cantidad de notas, y un índice temático que me ha ayudado a repasar el TMF y el TGH antes de escribir. Y en su estructura y devenir adivino no una pizca de ese interés subyacente sino su extensa formación científica en Yong: historia de microbiología, estado del arte actual, técnicas y métodos, potencial futuro. Son cuatro apartados que tienen capítulos más o menos definidos, aunque en todos añada las capas de escritura mencionadas. En fin, puede que en realidad sólo se me haya activado alguna recóndita bacteria que buscaba un alimento distinto que por ahora no ha encontrado. A Yong, un tipo aparentemente muy interesante, al menos he empezado a seguirle.

 

3 de enero de 2021

Saramago en el principio


Manual de pintura y caligrafía fue el primer libro de Saramago publicado, en 1977, tras sus varias décadas de silencio literario en que trabajaba como periodista. Con los estertores de la dictadura salazarista, Saramago encontró motivación y escribió esta novela, algo obvia, de reflexión sobre la obra artística y el sentido de dedicar la vida al arte.

Cuenta este manual la historia de un pintor sin nombre que realiza cuadros para las clases lisboetas media y alta, que decide empezar a escribir sus impresiones al sentir nuevamente la mediocridad de su talento cuando acepta el encargo de pintar a un empresario. El pintor, además del cuadro oficial encargado por el empresario, comienza secretamente un segundo lienzo, el que realmente le gustaría pintar, pero que sabe que no podría entregar como resultado de un encargo. Sus reflexiones pesimistas sobre su capacidad de enfrentarse a su trabajo, considerado por él mismo como fraudulento, se entrelazan con un interés incipiente del pintor por la escritura como medio distinto de expresión, pero también válido. Además de sus confesiones personales, escribe también pequeños capítulos en que describe episodios de un viaje a Italia, como potencial ensayo de libro a publicar. El salto entre pintura y escritura da sentido al título. El carácter de manual no es literal, pero sí metafórico y anticipador: décadas después se lee como un texto que introduce varias de las obsesiones que Saramago utilizará en el conjunto de sus novelas parabólicas más apreciadas, aunque también de otras de sus obras: los capítulos del viaje italiano son claro preludio del Viaje a Portugal; la ausencia de nombres alude al anonimato ciudadano en la gran ciudad (y a probablemente a la normalización de la dictadura) de Todos los nombres. (e indirectamente a la herencia pessoana de El año de la muerte de Ricardo Reis); el juego que aquí es subrayado y hasta ingenuo con las palabras y sus significados remite a la excusa central de la Historia del cerco de Lisboa. Incluso hay un apunte que indica el sentido de El Evangelio según Jesucristo, además de un momento político que comparte inspiración con Levantado del suelo.

Frente a todas ellas, Manual de pintura y caligrafía no me parece una obra demasiado conseguida, aunque tenga este interés interpretativo sobre el conjunto de la obra de Saramago, incluyendo ya su carga de pesimismo vital. La situación planteada es tan obvia que resulta egocéntrica, y los episodios amorosos dan un poco de vergüenza ajena. Pero es cierto que Saramago supo depurar estas debilidades temáticas y estilísticas, y encontrar mejores temas centrales de sus libros que él mismo y su camino para convertirse en escritor. Sólo 5 años separan la publicación de Manual de pintura y caligrafía de Memorial del Convento. Por el medio estaban Levantado del suelo y Viaje a Portugal. El escritor es el mismo, y, a la vez, ya es otro.