18 de junio de 2016

Quiero ser santa


Una idea tan gozosa como excepcional da aliento al cómic de Roberto Bartual y Julián Almazán: convertir en superhéroes del catolicismo a tres niños con superpoderes a los que se les aparece la virgen en Morata de Tajuña, el pueblo del sur de la provincia de Madrid. Certificados poderes y aparición por el padre Pilón, jesuita parapsicólogo y exorcista, y látigo de impostores de milagros y apariciones, los tres infantes reciben el esencial encargo de recuperar el brazo incorrupto de Santa Teresa robado por los nazis a Franco.


Este aparente delirio, donde una niña de origen musulmán sufre de bilocación o un niño es capaz de materializar la hostia en su lengua, es un reflejo satírico de mitos religiosos no mucho más extravagantes. Los autores mezclan historietas cortas (capítulos de una supuesta serie de superhéroes con una historia general en progreso) con noticias, textos y cartas metahistóricas que otorgan una visión pop ecléctica, libérrima y divertidísima a la historia, que puede pescar en Enid Blyton, Adolf Hitler o Eva Perón sin resentirse, retorciendo hechos al explicarlos como parte de una leyenda de conspiraciones paralelas a la historia oficial. La atenta mirada del personaje sagaz e intenso (y caracterizado con mayor profundidad), que es el padre Pilón, unifica la función, y su papel de director proporciona un improbable asidero de identificación al alucinado lector.

El padre Pilón

El dibujo opta por una expresividad colorista e infantil, que contrasta con la supuesta gravedad de la misión encomendada a los niños. El trazo es buscadamente plano y el tono pastel es alegre, con una presentación frontal de personajes infantiles en la que a veces no he podido evitar pensar en un South Park lisérgico. El libro está aparentemente inacabado: anuncia nuevas aventuras, que sin duda llevarán al padre Pilón y sus Ángeles a quién sabe qué azares…


Julián Almazán y Roberto Bartual

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