19 de marzo de 2016

Un paseo por el lado salvaje


Tiene la edición de este libro una pequeña etiqueta con un precio en libras, y una fecha, 09/08/11, que podría corresponder a agosto o septiembre del 2011, y que me explica que aunque no lo recuerde, lo traje de un viaje por Inglaterra. La película de Spike Jonze, que vi en su estreno, es de 2009 y  fue el acicate para comprar el libro, que, vergüenza de quien no lee casi nada de literatura destinada a niños, no conocía. Años ha estado en la estantería, aunque cinco minutos cueste leerlo. Su impacto dura mucho más, desde luego.


Where the Wild Things Are consta de 18 láminas y apenas 25 frases. Cuenta cómo Max, vestido con su pijama de lobo, después de una noche de travesuras en la que su madre le castiga sin cenar, imagina su huida a una isla poblada de monstruos, donde consigue ser el rey de todos ellos, para finalmente volver a su casa, donde la cena, todavía caliente, le espera en su habitación.


El cálido resumen de la furia infantil que hace Sendak es no sólo concreto y directo, sino emotivo. El niño Max, irónico ante la amenaza de no cenar, construye una jungla y un océano, y alcanza la libertad que las reglas del mundo real no le permiten. En esa libertad consigue dominar a las criaturas que pueblan la isla, unos monstruos que estaban basados en los propios familiares de Sendak. Aunque amenacen con comerse a Max, son monstruos inofensivos, que gruñen pero que prefieren retozar y bailar, y su enorme tamaño, garras y rugidos se desmienten ante sus caras bondadosas y un aspecto sedoso y adorable y achuchable y… ay, todo parece tan bonito...


La ira liberadora de Max también resulta formal. Los pequeños dibujos de las primeras páginas crecen en tamaño a la par que la jungla transforma las paredes. Sendak rompe las viñetas para ir llenando primero la página impar, y luego incluso hasta empujar al texto y hacerlo desaparecer, llenando las dos páginas cuando la fiesta alcanza su cénit, y no creo que ese desplazamiento de la literatura formal sea casual. Después, Max vuelve al redil. Morriña y hambre parecen ser los motivos. Sendak ofrece en mi opinión una lectura redentora de la imaginación desatada como paliativo de una vida normalizada, a cuyos valores no obstante siempre gustamos de retornar. Su novedad, si se puede en campo tan trabajado, tal vez sea lo feroz del deseo de la ruptura y de la vida imaginada. Pero el paseo por el lado salvaje, ay, no es sólo cosa de niños. Seguramente ese atractivo hace de él un libro en el que es tan fácil reconocerse no importa qué edad se tenga.

Maurice Sendak (vía)

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