8 de diciembre de 2013

Dinero


Este volumen, de contundentes título y contenido, recoge los 5 números de la revista Dinero (subtitulada Revista de poética financiera e intercambio espiritual), escrita por Miguel Brieva entre 2001 y 2005, más unas cuantas páginas extra. Aunque yo nunca conocí la revista como tal, había visto viñetas e historias ilustradas por Brieva en El Jueves o El País. Profundamente sardónico con la idiotización social, individual y familiar fomentada por el capitalismo neoliberal, y, en especial, con la sobreexplotación del planeta, el estilo de Brieva es muy reconocible: uso irónico de las formas publicitarias, cierto estilo visual retro con toques de los cincuenta y los sesenta en vestuario y ambientación, amargura profunda por la disipación de la cultura occidental, presentación directa de un mundo subconsciente que muestra las mentiras obscenas del mundo democrático en que vivimos… Brieva usa viñetas sin textos, chistes directos de periódico, pequeñas incursiones en la historieta, y textos.


El volumen acumula tal cantidad de material que puede volverse excesivo. Con un discurso apabullante, demoledor por veraz, y sin apenas salidas o soluciones (lo único podría ser que el sistema a pesar de todo produce autores lúcidos como Brieva), el inabarcable pesimismo negro que muestra la obra es en ocasiones, sobre todo cuando el gag en concreto no funciona, desconsolador, y, con frecuencia, cruel. Algunas de sus páginas son muy brillantes, en general las dedicadas al chiste visual, en que Brieva es muy eficaz al caricaturizar las contradicciones del capitalismo y la democracia. Sin embargo, los textos resultan discursivos y previsibles, a pesar de alimentarse del mismo material y aliento autoral.


Dinero es un volumen de más de 400 páginas (cada una de las revistas originales no era por tanto pequeña), y me lleva a pensar en la eficacia con que funciona una obra (o con que se da un mensaje) en función de su formato, y su longitud. Tal vez como recopilación no sea la mejor idea, o tal vez como lector debería haber ido abandonando y retomando su lectura pausadamente, para una mejor experiencia.


Miguel Brieva (vía)

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