2 de agosto de 2023

Retablo de sodomitas novohispanos

 


La Sodomía en la Nueva España, de Luis Felipe Fabre, es un resumen en forma de auto sacramental, con dos anexos, del ajusticiamiento de 14 hombres homosexuales por la Santa Inquisición en 1658 en el actual México. El auto sacramental, bajo el título fabuloso de Retablo de sodomitas novohispanos, narra el juicio a que Juan de la Vega, apodado “Cotita”, y 14 compañeros sodomitas más, uno de los cuales se libra del fuego por ser menor, usando para ello los personajes habituales de un auto: hablan la Carne, la Fortuna, la Santa Doctrina, la Justicia… La blasfemia está servida al ser la quema de los reos una forma de Eucaristía. Pero el tono de Fabre es doblemente irónico, pues escribiendo aparentemente desde el punto de vista de los inquisidores, la dignidad de los ajusticiados por crímenes tan vacuos queda siempre por encima de los valores eternos declamados con la formalidad de la ortodoxia en el lenguaje del Siglo de Oro. Fabre explica al final del libro la documentación empleada, y es entonces cuando la labor se antoja más grande, por la magnitud del resumen, lo certero del tono y ritmo -se lee de un tirón y con cierta devoción interna por la osadía del propio libro-, las citas, y las referencias de lo nefando. Sin olvidar la negación ontológica del sodomita (y de varios más, de paso): “Nada es lo que nada engendra”. El conjunto consigue una comunicación superlativa de la estupidez histórica de la homofobia, y demuestra que existe una forma artística de combinar la justicia histórica (tan a menudo exclusivamente presentista) con las formas culturales del momento retratado. Este retablo le deja a uno patidifuso.



31 de julio de 2023

Xavier, amo de casa

 


Qué buen libro es Amo de casa, de Xavier Guillén. El principal valor es aunar lo poético de cada poema, con una buena elección de metáforas y emociones familiares, con el relato narrativo de fondo más bien prosaico de la vida de un hombre hasta completar su divorcio. Poemas que hablan progresivamente de un abuelo, de una madre que fue gemela de una tía, de conocer a una chica, y que lo hacen sin subrayar que esto va a ser el relato de un amor acabado en desgarro. Odile se convierte en una musa efímera y temporal, una vez que la contemporaneidad vence al poeta, que no la entiende pero percibe sus signos, y así queda desarmado, en soledad, y con un hijo cuya gestión de horarios realiza con diligencia. Es especialmente destacable la visión irónica de determinados iconos de la postmodernidad, como la naturaleza (devenida en ‘temática’), o la excursión para observar estrellas (‘todas con la misma ropa de montaña comprada cada una en su polígono’), aunque pueda ser algo arrogante, como en En la Feria Medieval. Pero entre el buen sentido general de todo el poemario, el excelente mirar a la especie y sus miserias, lo conseguido del avance temporal en las elipsis (los poemas que no existen), y el tono de asombro melancólico, sin duda es un gran libro.


 

 

 

 

 

 

22 de julio de 2023

Maricas del Poble (Nou)



Que el fin del mundo nos encuentre bailando es el largo y algo discursivo título de este sin embargo muy estimulante cómic de Sebas Martín, un trabajo sobre una pareja de hombres que se conocen a finales de 1935 y que termina en julio de1936. Ambos trabajan para una empresa de una familia acaudalada de Barcelona, Tomaset en las oficinas y Basilio como mozo de carga, aunque aspira a ser boxeador. Tomaset es joven e inexperto, alrededor de 20 años, pero cultivado y educado, aunque su familia no tiene dinero; Basilio ronda los 35, vive solo en un cuchitril, y dice de sí mismo que es un tarugo. La historia oscila entre el Poble Nou y el Paralelo, donde Basilio arrastra con frecuencia a Tomaset para disfrutar de los locales de la noche barceloní más atrevida y canalla.


Subiendo al tranvía (o al arcoíris, claro)


Proponer historias de amor homosexual antes de Stonewall y de la visibilización política del movimiento LGTBI es llenar un hueco de narraciones ocultas por el tiempo y por el distinto punto de vista de la construcción de la historia social y cultural. Para bien el cómic no recoge modos presentistas, sino que se muestra con las dosis adecuadas de realismo en cuanto a persecución y violencia policial, o incomprensión cuando no franco rechazo familiar. Tal vez los personajes, especialmente Tomaset (pues Basilio ya viene experimentado) aceptan psicológicamente de modo muy sencillo su orientación sexual, sin apenas represiones internas ni subterfugios sociales (aunque tal vez aquí el que peque de presentismo sea yo mismo). Un logro destacado de la historia es el retrato más social que geográfico de los barrios de Barcelona donde tiene lugar la acción. La mítica del Paralelo barcelonés es probablemente conocida, y Sebas Martín se afana en mencionar y presentar locales que dada la bibliografía que ha usado (recogida en las páginas finales) se basan en descripciones reales. Esos lugares de diversión donde Tomaset se confunde de continuo con el transformismo y donde se vive un microcosmos de libertad contrastan con el Poble Nou, donde vive y trabaja. El piso de su familia es especialmente relevante en la historia pues funciona también como reflejo del deterioro de la situación política antes del golpe de Estado, con la abuela ultracatólica y pertinaz moralista insultante de toda la familia, y el cuñado sindicalista e hipócrita. Aunque es escaso el dibujo de la fisonomía del barrio, que el Poble Nou fuera llamado el Manchester español, como indica el primer rótulo del libro, parece un pequeño guiño a Queer as Folk.


En casa de Tomaset


Que el fin del mundo nos pille bailando es un cómic amigable y escrito en positivo de manera general, con unas negatividades digamos controladas ante la inevitable noche de 40 años que se avecinaba y que el autor lógicamente conoce mejor que sus protagonistas. El dibujo es blanco y negro y realista, centrado en los personajes casi por completo, con hombres robustos casi crumbianos, pero naturales. Su sensualidad homo está muy bien conseguida, así como la naturalidad sexual en sí, y la interrelaciona bien con el momento exacerbado de definición vital por clases económicas y culturales, discurso que nunca se olvida en el libro. El retrato de modos olvidados de vida "dialoga" con el drama intenso de El violeta, ambientada treinta y cinco años después, pero dibujada también en este siglo; pero Martín se decide por la alegría a pesar de todo desde el título, desde la bonhomía humilde de sus personajes, y desde un tono narrativo elegante y disfrutable. Más obras así, por favor.

(Y un aplauso, claro está, a la labor editorial de la Editorial La Cúpula para la recuperación y creación de historias LGTBI)



13 de julio de 2023

María sobre Eva

 

María Deraismes es una feminista francesa del siglo XIX, luchadora especialmente por el sufragio universal y la igualdad de derechos en el matrimonio, fundadora de una obediencia masónica llamada "El derecho humano", y la persona de la que este volumen, Eva en la Humanidad, recoge varios discursos que pronunció desde 1870 hasta su muerte en 1894. 1870 no es una fecha casual: su compromiso con los derechos de la mujer se hizo especialmente público y notorio cuando el fracaso de la Comuna de París le pareció decepcionante una vez más para las mujeres, cuyos derechos nunca avanzaban a pesar de las promesas, las revoluciones liberales y el continuado movimiento social del siglo.


El principal problema de este libro es literario: los discursos con frecuencia repiten argumentos, y no están editados para su lectura, sino que, supongo, respetan la literalidad de los discursos, que no es especialmente cuidadosa. La lectura por ello resulta algo cansada, dado que además no existe una variación relevante de temas entre los diferentes discursos. Deraismes es una mujer erudita, que conoce los clásicos, la novela y el teatro, y usa con frecuencia en los discursos referencias literarias abundantes, para defender su tesis principal: el desprecio de la historia y las artes hacia el papel de la mujer en el mundo es reflejo de la dominación política, educativa, familiar y social del hombre sobre la mujer.

En su argumentación Deraismes encuentra hallazgos de validez elevada en la actualidad: describe el mansplaining masivo de la época, se fijan el hecho de que los historiadores o escritores son hombres, con lo que la contribución de las mujeres al bien común o a la representación de las mismas en las artes solo tienen punto de vista masculino, lo cual deriva en amantes devotas, seres de luz delicada, o varias villanas psicóticas con muy pocas excepciones -Lisístrata- verdaderamente independientes y políticas. Sin embargo, en otras cuestiones parece incluso por detrás de su antecesora Mary Wollstonecraft. Deraismes no sueña con discutir la existencia de Dios y tiene en un pedestal social a la familia natural, sin un ápice de de construcción de estas estructuras de poder cuya existencia no entiende como tal y en las que modificaría el sufragio universal sin más. En su época esto era mucho, pero debería ser obvio que llevaría a más cambios. Los argumentos de Deraismes son hijos de su tiempo, y aunque comentarlo así desde 2023 pueda ser presentismo (ya se meterán con nuestra época en unas décadas, en las que los valores serán otros), están repletos de un lenguaje cientificista sin datos ni referencias ni comprobaciones por el medio. No me refiero a la credibilidad sobre la discriminación de la mujer, sino a apuntalar continuamente visiones del mundo con expresiones tipo 'ha quedado demostrado...', 'está claro que solo así...' para afirmar casi cualquier cosa. Es patente que el uso refinado, no digamos ya preciso, del lenguaje científico no es su fuerte, como por otro lado sucedía con muchísimos pensadores de una época fascinada por los progresos tecnológicos que vivía.

Deraismes comparte con Wollstonecraft y con Concepción Arenal la obsesión por el acceso a la educación. Su discurso en favor del sufragio universal le da mayor compromiso que a las otras dos autoras. Sin embargo, le falta carácter social, sobre el que Wollstonecraft reflexionó introduciendo incluso algunas visiones de clase, y que Arenal practicó de modo directo y personal. Deraismes es más elitista culturalmente (si bien su reflexión es menos epistémica que la de Wollstonecraft, más cercana al pensamiento filosófico), pero representa un evidente paso hacia la significación pública. Sí comparten Wollstonecraft y Deraismes en sus dos volúmenes una imperiosa necesidad de edición. Deraismes con seguridad no buscaba esta publicación que hoy nos ocupa, tal vez no le habría gustado el formato. No obstante, la impresión es que su actitud es un eslabón muy relevante para el feminismo y el sufragismo que se estaba fraguando y que en pocas décadas estallaría, y que es así precisamente por ser élite, una mujer admitida en los discursos masculinos e incluso fundadora de una logia mixta.

María Deraismes


 

2 de julio de 2023

Ganarse las alas

 


Alas, este libro de Mijaíl Kuzmín es tan luminoso como anuncia su portada, aunque menos explícito de lo que pudiera sospecharse. Afamado por ser ejemplo pionero de literatura rusa claramente homosexual, publicado en 1905, llegué a él gracias a Wagnerismo, de Alex Ross, que lo menciona como una de las obras de arte de contenido homosexual con inspiración en la obra de Wagner (ciertamente hay una escena en que los personajes discuten una representación de Tannhäuser que acaban de ver, y se trata de una seducción soterrada hacia el protagonista basada en la 'potencia' wagneriana). Después me fasciné un poquito con la figura y vida del autor, miembro de la élite artística rusa y soviética, que tuvo una bonita lista de amigos amantes, incluido un ministro del primer gobierno bolchevique.

Pero si en Alas hay un aire que prevalece de la literatura rusa que conozco (poca, desgraciadamente) es el chejoviano. Porque esta alusión a la búsqueda del crecimiento de las alas de Vania (el protagonista), como metáfora sublime de una salida del armario, transcurre en la primavera de Petersburgo, en el verano del Volga, y en Italia, siempre con luz, con calor, con cuitas de amor entre malentendidos a los que añadir con naturalidad pasmosa la amistad masculina (la femenina no sucede pero entre líneas sería adivinable), con sus dramas (uno severo en forma de suicidio de dama no comprendida), y los volubles azares de la familia primero y el grupo después que rodean a Vania, un adolescente espigado y bello que va fluyendo entre escenas hasta consentir que la amante que le busca le consiga, bajo el patrocinio ambos de, cómo no, un profesor común de griego.

El estilo es ligero, evanescente, casi siempre dialogado en escenas que nunca parecen las decisivas. Técnica impresionista, dicen las reseñas con aparente precisión. Cumpliendo lo que decía Joyce de Chéjov:

En las obras de Chéjov, sin embargo, no hay planteamiento ni nudo ni desenlace, y no se va preparando ningún clímax; la acción es un continuo, pues la vida fluye hacia dentro y hacia fuera del escenario sin que nada se resuelva: tenemos la sensación de que todos los personajes han vivido antes de la obra y seguirán viviendo de manera igualmente dramática después

Pero este estilo es una decisión bastante inteligente, ya que por un lado quita gravedad al "elefante en la habitación" y por otro produce un avance de la narración al dejar en elipsis todo aquello que pudiera verse como aparentemente descriptivo o un punto de vista más explicito del narrador. Así, entre escenas de familiares que discuten, pequeños vodeviles en palcos de un teatro, o amigos que visitan de continuo, se cuela una visita aparentemente formativa con el profesor de griego, o incluso una escena en un burdel de chicos, con sus disgustos en forma de despechos e impagos menores. Además, el lenguaje de subtexto es habitual. Así por ejemplo defiende un personaje estudiar la "verdadera gramática" de cada idioma en vez de leer simples "traducciones":

En lugar de una persona de carne y hueso, que se ríe o se enfada, a quien se puede amar, besar, odiar, en la que se ve la sangre fluir por las venas; en lugar de la belleza natural de un cuerpo desnudo, usted prefiere tener un muñeco sin alma, fabricado casi siempre por las manos de un artesano. Eso es lo que son las traducciones. Y el tiempo que se necesita para aprender la gramática no es mucho. Solo hay que leer, leer y leer. Leer consultando cada palabra en el diccionario es como andar a través de la espesura de un bosque. Y le ofrecería placeres desconocidos.

Hay más ejemplos, y probablemente varios que pasan desapercibidos porque los códigos de reconocimiento actuales han cambiado respecto a la Rusia de 1905.

En este link el traductor de la novela da algunas claves interesantes de la misma: su inserción entre las primeras novelas de contenido homosexual de varias literaturas, sucedidas todas a caballo del cambio de siglo, la opción naturalista pero simbolista del autor, sin drama ni metáforas opresivas (pensemos que una de las primeras novelas de contenido homosexual escrita en su idioma que menciona es Muerte de Venecia, escrita en alemán por Thomas Mann), y el juego de inserción en el entorno y el paisaje que Kuzmín resuelve con facilidad, gracias muy probablemente a ser él también un hombre de mundo, en un círculo de relaciones libre para relacionarse sin represión. El caso es que parece inevitable sentir simpatía por esta pieza leve y breve, pero cuya construcción implacable es evidente al terminarse, que refleja un autor de alma liberada y consciente de la forja del vínculo amoroso (con la figura hoy peculiar del mentor, y, sobre todo, con el tono luminoso y sensual), que se termina en un santiamén, y que en su negación por definición de "ser una novela de tesis" consigue posiblemente más eficacia en el reconocimiento. Eso es el poder del arte, desde luego.

Mijaíl Kuzmín (vía)

 

19 de junio de 2023

Libre albedrío y todo lo demás

 


Compórtate, este libro del neurobiólogo Robert Sapolsky, mejor libro de ciencia de 2017 según los mayores periódicos estadounidenses, se subtitula La biología que hay detrás de nuestros mejores y peores comportamientos, y aspira exactamente a describir TODA esa biología. Lo hace de manera prolija, redundante, con sentido del humor que personalmente comparto poco, y grandísimas dosis de conocimiento y análisis. Son casi mil páginas de lectura.

El principal atractivo del libro para mí es su estructura hacia atrás, un método regresivo en el que en lugar de narrar o descubrir cómo se gesta un comportamiento determinado desde un principio, el autor opta por describir que sucede en el cuerpo desde el momento anterior a un comportamiento determinado (irremediablemente con frecuencia el ejemplo es un acto violento, pero es válido para comportamientos de consecuencias menores), a los segundos o minutos antes, horas o días antes, días a meses, en la adolescencia, en la cuna, en el útero, siendo un óvulo, y... de siglos a milenios antes. Todo esto permite al autor repasar las diferentes estructuras orgánicas y biológicas que influyen en el comportamiento humano con cierta agilidad narrativa. Pasar de la neurobiología en sí, con la descripción de los órganos cerebrales, sus funciones y tamaño, a la función de los neurotransmisores, de las hormonas, del proceso de crecimiento, del entorno social, familiar y educativo, de la genética y la evolución, y, cuando la biología del individuo en sí se termina, de la cultura y el entorno. En ningún caso se trata de compartimentos estancos, sino que el autor con frecuencia remite a capítulos anteriores y posteriores en relación al objeto de estudio concreto en un capítulo determinado, y va tejiendo así la dificultad de las respuestas que busca dado el entrecruzamiento de los factores.

Compórtate está lleno de bibliografía de estudios sobre el comportamiento, y esto, que se reparte a lo largo de todo el libro, es uno de sus aspectos más disfrutables, porque son verdaderamente variados y peculiares. Algunos ejemplos:

- estudios que demuestran que la violencia de género aumenta cuando hay fútbol y el equipo del maltratador pierde

- que demuestran que aquellas áreas donde el aborto no es legal, las tasas de violencia aumentan (debido a que los niños no queridos lo son por condiciones que dificultan una crianza saludable)

- que los niños expuestos a violencia (también en medios de comunicación y películas) muestran más agresividad sólo si es que ya tienen tendencia a ello, aunque otros factores lo puedan atenuar. Pero si en su entorno hay malnutrición, pobreza o falta de cariño paterno, esa agresividad se dispara si existe predisposición.

- que la testosterona se relaciona con mayor agresividad sólo si existe tendencia a ello y cuando esta agresividad es la forma supuesta de solucionar una situación. Sin embargo, no hay relación entre una testosterona alta y un individuo violento

- que sentimos más empatía cuando un miembro de nuestra raza o etnia es atacado, y bastante menos cuando es alguien de otra raza o etnia

- que los padres (hombres) aparcan las hormonas que favorecen la agresividad cuando sus parejas dan a luz, lo que ayuda a activar en sus cerebros que deben considerar adorables a sus recién nacidos.

- que…. Bueno, atención al texto sobre las personas transgénero, que queda literal tal y como lo recoge la traducción:

"Sorprendentemente, los estudios han examinado cerebros de individuos transgénero, concentrándose en regiones cerebrales que, por término medio, difieren en tamaño entre hombres y mujeres. Y sistemáticamente, a pesar de la dirección deseada del cambio de sexo y, de hecho, a pesar de si la persona ya había sufrido ese cambio de sexo, las regiones cerebrales dimórficas en los individuos transgénero parecían del sexo que siempre habían sentido ser, no de su sexo "real". En otras palabras, no es que los individuos transgénero piensen que son de un género diferente del que realmente son. Es más exacto decir que están atrapados en cuerpos de un sexo diferente del que realmente son.”

- que entre una "madre" artificial de felpa sin biberón y una "madre" artificial de alambre con un biberón lleno, un cachorro de mono prefiere acurrucarse contra la madre de felpa y pasar en ella las horas. Eso sí, va a comer a la madre de alambre.

- que es muy habitual que los estudios sobre gemelos y adoptados, que tienen que ver con la influencia de los genes o del ambiente en el comportamiento, estén sesgados, casi siempre a favor de exagerar la importancia de los genes. Por ejemplo, obviar el ambiente prenatal que depende fundamentalmente de la madre y resulta en compartir más rasgos con la madre biológica que con la de adopción resulta en enaltecer la importancia de los genes, cuando en realidad es también ambiente o entorno.

- que la fascinante genética del comportamiento y el estudio de la interacción gen-ambiente frente a la exclusividad de la genética molecular indica que los genes son casi irrelevantes para el desarrollo cognitivo si creces en la miseria, pero son muy importantes si lo haces en un entorno adinerado. O los genes no importan mucho en tu disposición al consumo de alcohol en sujetos religiosos, y lo es más en sujetos no religiosos... No podemos decir qué "hace" un gen, sino sólo qué hace en el ambiente en que ha sido estudiado.

- que existe una distinción entre culturas individualistas y colectivistas (que se hace curiosa para un europeo), que puede ejemplarizarse confrontando un modelo especialmente norteamericano con otro asiático. Por ejemplo, mediante la simpleza de tests para destacar uno u otro comportamiento, por ejemplo: un pez que se separa de los demás peces en un acuario, ¿es un líder o el pez con quien nadie quiere jugar? Al elegir dos categorías de tres definiciones como mono-oso-plátano o guante-bufanda-mano, los individualistas escogen más las relaciones de identidad mono-oso o guante-bufanda que las de utilidad mono-plátano o guante-mano. La relación de estos fenómenos con la ecología, el modelo de producción y la cultura son también fascinantes y está estudiada. La agricultura como colectivista (en el caso de Oriente, la necesidad del colectivo para el cultivo del arroz y sus necesidades), y el pastoreo como individualista. Y encima está estudiado genéticamente en relación a la prevalencia de un receptor de la dopamina cuya incidencia varía entre una recepción nula en países como China, Japón, Taiwán o Camboya, y elevadísimas entre los ancestros de los nativos americanos, que fueron capaces de pasar en estrecho de Bering y llegar al Cono Sur.

En fin, la lista es inabarcable, e incluye aún más aspectos de interés estudiados por neurocientíficos y sociobiólogos de manera continuada: la selección natural conseguida/perseguida mediante selección individual, selección por parentesco, selección por altruismo recíproco, y la selección nueva de grupo -ejemplo de que Sapolski extiende siempre su estudio a lo social o colectivo-; el estudio de la violencia en los cazadores recolectores y las confusiones extraídas de la comparación con las tribus aún en ese estado; la polémica sociobiológica sobre si los cambios genéticos son graduales o se producen en el marco de revoluciones genéticas... O, por terminar esta serie, la neurobiología de la conformidad y la obediencia a partir de los experimentos de Asch, Milgram y Zimbardo (este último es el famosísimo experimento de la cárcel de Stanford).

Entre las conclusiones más relevantes que el libro quiere dejar claras está que los factores biológicos, psicológicos y culturales están totalmente entrelazados a la hora de estudiar el comportamiento; que la genética no explica todo o nada sin el ambiente, y al revés, lógicamente, que es otra forma de explicarlo (además del binomio filosófico naturaleza-cultura, aquí puede entreverse también el principio de incertidumbre); y que, aunque el libre albedrío no existe para el autor -sería tremendo dedicar mil páginas y cientos de estudios que trabajan en cómo contrariar el libre albedrío para llegar a la conclusión contraria-, su definición es tan inmensamente compleja que nunca seremos capaces de sumar todos los factores participantes en una decisión individual determinada. Sapolski no obstante desprecia al conductismo de B. F. Skinner: nunca seremos capaces de aislar tanto cada experimento en sus variables, y el laboratorio no es el sitio único para ello, aunque solo sea porque los entornos son múltiples, su influencia decisiva, y nunca viviremos sólo y solos en laboratorios.

Como es esperable, el libro suele tener algunas referencias judiciales, que con frecuencia el autor destaca como poco científicas. Ampliar o atenuar condenas usando teorías neurocientíficas sobre el comportamiento suele ser limitado, y Sapolsky no confía en ello para la administración de justicia, aunque esté muy implantado. Probablemente es una obsesión del lector norteamericano, que es el principal destinatario de este libro. Como buena idea del volumen, están los resúmenes al final de cada capítulo, que son directos y apenas les falta un poco de desarrollo para ser una lectura autónoma suficiente. Como mala idea: el índice es reducido, y, sobre todo, no existe un índice de materias, que habría venido muy bien para pescar rápido en este océano de información.

Compórtate me da una impresión muy confiable de su autor, porque no es maximalista y se explica casi siempre con ecuanimidad. La estructura del libro es original e introduce al lector progresivamente en la aventura de las razones del comportamiento sin, aparentemente, dejarse nada, con una bibliografía inmensa, usando lenguaje científico de fondo, pero divulgativo algo insulso de presentación. Pero es también un volumen enorme y agotador en el que parece compendiarse TODO el conocimiento actual (el de 2017) del campo. La sensación es agridulce: supera mucho a otras lecturas directas o indirectas del tema (por ejemplo: Lo que el cerebro nos dice) y a la vez se termina exhausto.


Robert Sapolsky (foto de Linda A. Cicero / Stanford News Service)

5 de junio de 2023

Sin un cielo protector


Mimoun es la primera novela de Rafael Chirbes, y es mi segunda lectura del autor, tras París-Austerlitz, que es su obra póstuma y que podemos considerar última, aunque estuviera escribiéndola desde 1996 hasta 2015, de acuerdo a su nota final en esa novela. Ambos libros tienen un claro parecido, se diría que Chirbes hubiera buscado cerrar un círculo de manera consciente, con obras de otro estilo, tema y tipo de protagonista en el centro de su carrera, aquellas que le dieron fama y premios como Crematorio o En la orilla, sobre todo.

Mimoun se publicó en 1989 y también tiene tintes autobiográficos. Como su protagonista, Chirbes fue un profesor español durante una breve estancia en Marruecos. Manuel, que así se llama el protagonista, se instala en Mimoun, un pueblo junto a Fez, en cuya universidad imparte clases dos días a la semana, y quiere aprovechar el resto del tiempo para escribir. Pero, en realidad, Manuel es un personaje extrañado, definición probablemente aplicable a todos los demás, marroquíes, españoles y algún francés, que pasan por estas páginas. Ese extrañamiento empieza en el párrafo inicial, con la lluvia, inimaginablemente continua y persistente e inesperada en Marruecos, gracias a cuya sensitiva descripción Chirbes nos introduce directamente en un universo sensorial y moral diferente:

El viento se ensañaba con las ramas de los árboles, y las ramas de los árboles, al moverse, torturaban mi imaginación.

Inicialmente, Manuel se aloja con otro español, Francisco, en una casa alejada del pueblo en una colina junto a un morabito, pero que está maldita por la muerte terrible de un inquilino anterior. Francisco y Manuel no congenian. Manuel comienza a frecuentar bares y beber. Conoce algunos marroquíes con los que se emborracha y a veces se acuesta y se va de putas. Se va de la casa. Nunca escribe. Sigue lloviendo. Se ve más o menos secuestrado por uno de sus marroquíes, que se morrea y masturba con él pero que por las noches encierra a Manuel mientras se acuesta con su mujer. Un vecino de Francisco se suicida. Un policía obsesivo e irónico parece comenzar a perseguir a Manuel, que sigue viviendo entre la bebida, el sexo y el extrañamiento.

Mimoun está narrada en castellano en primera persona, pero mantiene en francés todos los diálogos de los personajes que usan este idioma y hablan con Manuel. Es un francés simple que se lee casi siempre sin problema, pero contribuye a mayor desapego del lector. Chirbes parece tener hacia su protagonista (sospechablemente hacia sí mismo) cierto anhelo destructivo. Por supuesto no se cae bien, entiende que no hace bien las cosas, pero el entorno -tal vez como excusa- parece superarle y se confunde con cierto misterio nada exótico: un paisaje destrozado, el alcohol que le obnubila, el sexo que parece practicar desinhibido, pero siempre carente de un mínimo afecto o ternura. La desolación permanente en que Manuel se encuentra es resultado de todo ello, y la fisicidad con que se transmite es inmensa: las frases cortas y lacerantes, los continuados adjetivos de carácter destructivo (embarradas, intransitables, enfermas, etc…) y unas relaciones ásperas, marcadas por la necesidad comprensible en los marroquíes, pues su extrañamiento de origen es hijo de la pobreza y el probable placer en el desconcierto del colono. La incomprensión mutua no acaba nunca. Aquí nadie hace nada lógico, nadie entiende nada, y todos actúan como si una fuerza telúrica superior les dirigiera azarosamente.

Sin duda en estos parámetros el libro está muy bien conseguido y cerrado, en su brevedad y contundencia. Se acerca en ello a París-Austerlitz (parece indudable que el personaje principal es el mismo hombre), aunque su novela de madurez se centra en una relación y su reflexión de dominio, amor y virus. Esto en Mimoun está más compartido, es coral.

Lo que desde luego no se atisba en Mimoun es ninguna visión cultural elitista de las historias de occidentales en Marruecos, sean Paul Bowles, Truman Capote, o los mismos Joe Orton y William S. Burroughs, en general recluidos en Tánger, espacio mítico y multicultural, donde idealizar y exotizar un espacio y población empobrecidos debía ser ‘colonialmente’ sencillo. En Mimoun, en Chirbes, eso no existe, a cambio de un realismo sucio algo tenebrista, impregnado de fluidos y olores y actos concretos, y trufado de tragedia y sueños inexplicables, si bien siempre se puede rascar un inevitable eurocentrismo en la incapacidad de penetrar en las psicologías locales. No es fácil tampoco entender a Manuel en su paso por Mimoun: la transición de su motivación inicial a la autodestrucción a la que se encamina es mínima, arrastrado por la asfixia del entorno, tan bien conseguida.

Rafael Chirbes (foto de Wikipedia)