8 de agosto de 2014

Un fuego fatuo


La divulgación científica que practica Mary Roach es bizarra: estudia problemas naturales que habitualmente no son objeto de la ciencia, y, aplicando el método científico, o estudiando a quien lo hace, obtiene y publica sus resultados. Su aproximación es más seria que su tono, claramente desenfadado y desmitificador. De ese modo se ha hecho con un público con libros que hablan de cadáveres (Fiambres. La fascinante vida de los cadáveres), o de las tripas (Glup. Aventuras en el canal alimentario). También tiene un libro sobre sexo (Entrepiernas. La extraordinaria cópula de ciencia y sexo), presumiblemente de mayor éxito, y el que nos ocupa en esta entrada, En busca del alma perdida. La ciencia ante el más allá, en que el objeto de estudio es el alma, sus manifestaciones, conexiones y/o reencarnaciones tras la muerte del cuerpo, y, específicamente, los estudios científicos –o no tanto- realizados sobre todo ello.

No es del todo cierto que este no sea un tema tratado por la ciencia, porque científicos incluso de renombre han estudiado temas esotéricos con toda su capacidad. Es comprensible: a principios por ejemplo del siglo XX, se veía asombroso que pudieran verse los huesos de una mano, y, sin una explicación científica claramente comunicada y reconocida, ¿por qué no iba a ser creíble un fenómeno por ejemplo parapsicológico? Mary Roach estudia las manifestaciones más conocidas de la vida después de la vida: reencarnación, médiums, psicofonías, apariciones, los estudios con enfermos clínicamente muertos. También hechos relacionados, como los experimentos que intentan determinar el peso del alma. En todos los casos busca científicos que aún continúan con estudios de este tipo, o historiadores del tema, pregunta con buscada inocencia, se deja cuando es posible someterse ella misma a experimentos… El texto es un anecdotario divertidísimo, que usa la propia torpeza social de la autora como mecanismo de humor, y que gusta de subrayar las obvias paradojas del tema bajo estudio.

Sean Penn en 21 gramos. Roach estudia el trabajo de los científicos que pretendieron demostrar que éste era el peso del alma. El éxito fue más publicitario que científico.

No obstante, puede por todo ello parecer algo superficial por momentos. Es un libro disfrutable que a veces me parece un tanto desperdicio de talento. Así como la aproximación y el tono están muy conseguidos, el tema bajo estudio se desmonta, en su parte científica, tan fácilmente, que no encuentro tensión verdadera en cada capítulo, que siempre se afronta con más minuciosidad histórica y hasta cierto punto humana o emocional que intelectual; al final, puede resultar algo repetitivo. Pero, no obstante, como lector, y siendo el tema de estudio aparentemente tan importante en el resultado, mi interés por sus otros libros persiste. Habrá que leer.

Gracias mil por el préstamo al Lector Constante. ¡Usted es formidable!

Mary Roach, por Ed Rachles (vía)

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