19 de agosto de 2013

Un internado irlandés


Son estupendos los tres relatos recogidos en este pequeño tomo de Rodolfo Walsh, escritor argentino de origen irlandés, que desapareció durante la represión de la dictadura de la Junta Militar.

Aunque independientes, los personajes de cada relato son los mismos: una serie de niños huérfanos de origen irlandés internados en una institución benéfica. El personaje central es El gato, apodo de uno de los chavales, que en un episodio, recién llegado al colegio, debe huir de sus nuevos compañeros, quienes desean someterle a la habitual ceremonia de iniciación. Su resistencia y habilidad para escapar no le libran finalmente de la paliza, pero le asegura un prestigio posterior, aunque sólo sirva para en un segundo relato ser utilizado por un guardián para hacerle pelear con un muchacho más débil, al que siempre vence, haciendo así que el tío del muchacho apaleado venga a recogerle y luche con el celador. En un tercer relato, en un día de fiesta, los niños reciben la visita de las Damas Benefactoras de la institución.

Enmarcable claramente en las novelas de colegio e iniciación escolar (me recordaba, un poco por el tópico de novela colegial sudamericana, a Mario Vargas Llosa y Los cachorros), Los irlandeses muestra experiencias yuxtaponibles y no necesariamente lineales en el conjunto de los relatos, y tiene vocación de retrato universal que no pudo completarse con más relatos que Walsh tenía pensado escribir. La prosa es muy elegante, con una cierta buscada gravedad, y un énfasis metafórico fácilmente encajable a un sistema social cerrado con un pueblo dominado por poderes fácticos. El microcosmos peculiar se completa con todos estos apellidos irlandeses perdidos en una estimulante prosa argentina, envolvente y subyugadora, que además consigue identificar al lector con los muchachos protagonistas. Y ello a pesar de cierta distancia intelectualizada que da la elaboración del tono.

En definitiva, una pequeña pieza ejecutada con maestría por un autor que desconocía, y que se acaba en 93 escasas páginas.

Rodolfo Walsh (vía)



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